Miércoles, 29 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

Philip RothQué ganas tienen los periodistas y medios de comunicación de forzar un acontecimiento, de entronizar a un escritor, o sacralizar a alguien con un premio.

No pasaron más de dos semanas después del anuncio –no confirmado (y siempre revocable)– de que el escritor estadounidense Philip Roth deja la escritura y enseguida decenas de medios reclaman en sus columnas, editoriales o reportajes que se le otorgue el premio Nobel, como si el simple hecho de dejar la escritura fuera un motivo para dárselo, como si este detalle ahora pudiera influenciar el jurado (entonces muy manejable).

Pero hay que hacer las preguntas correctas: ¿Realmente quiere Philip Roth ese premio? ¿Lo necesita para vivir, y para dar un sentido a su obra? ¿Gana algo ahora al llevarse ese premio? Realmente, no.

Los que quieren que se le entregue el premio son sus lectores (y no él),  sus seguidores más fervorosos, su agente literario, su editorial, los que ven en él alguna bandera, algún estilo o mensaje que deba ser reconocido con esa estatuilla ofrecida por el comité noruego, pero nada más.

Y no me malentiendan. El autor de “Goodbye Columbus”, “Me casé con un comunista”, “La Mancha humana”, o más recientemente “Nemesis”, se merece todos los honores y seguramente mucho más que un premio Nobel.

Pero, los invito a que reflexionen sobre lo que puede estar pensando un escritor que llega a los ochenta años, que ha publicado unas de las obras más atractivas de los últimos cincuenta años en Estados Unidos (junto con Tony Morrisson), y que decide dejar de escribir y leer. Sí, ése es un detalle importantísimo, la ruptura de Roth no sólo es con la escritura sino también con la lectura.

El ex–escritor ha decidido cortar con el mundo de la literatura, dejar a un lado los cuentos politizados de este universo, suspirar y sentir que –llegado a este punto–, el trabajo está hecho (y bien hecho). De la misma forma que Fernando Vallejo (que dijo recientemente estar cansado con las publicaciones actuales), Roth muestra la necesidad de marcar un retiro y una independencia moral e intelectual.

Llega un momento en el que uno debe saber decir “stop”: una palabra inglesa que se acomoda perfectamente a este artículo, ya que nuestro ex–escritor es norte americano. Y cuando lo hace una persona del calibre de Roth (envuelto en un engranaje editorial enorme), es todavía más respetable.

A mi parecer, ese hombre que ahora un gran número de personas quiere entronizar está deseando que lo dejen tranquilo, porque está por encima de todas esas pequeñeces. Al igual que Jean-Paul Sartre, el único escritor en la historia que se negó a recibir el Premio Nobel por cuestiones propiamente filosóficas y de independencia, Philip Roth no quiere que lo metan ahí donde no quiere estar.

 

José Luis Hernández

La Lupa literaria
José Luis Hernández

José Luis Hernández, Valledupar (1956). Abogado, docente y amante de la literatura. Ofrece en su columna “La Lupa Literaria” una perspectiva crítica sobre el mundo literario y editorial. Artículos que contemplan y discuten lo que aparece en la empresa especializada, pero aplicándole una buena dosis de reflexión y contextualización.

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