Sábado, 20 de ene de 2018
Valledupar, Colombia.

Foto: Edgar de la HozDurante todo el año, Fidelia Vásquez se la pasa regando los palos del Cañaguate en el Parque de la Leyenda Vallenata para que, entre los meses de enero y febrero, la premien cuando florecen.

No hay mayor alegría para esta mujer trabajadora y sencilla que ver “sus palitos” (así es cómo los llama) se conviertan en el gran atractivo de todos los visitantes gracias al color amarillo de sus flores.

Esa es su mayor recompensa y cada día ruega al tiempo para que las deje intactas, pero siempre llega el día en que las flores se caen y sólo permanece el recuerdo de esa bella época del año.

Al igual que ella, son muchas las personas que se entregan a esa tarea para que Valledupar pueda vestirse de amarillo y que los poetas y escritores puedan extasiarse con ese bello estado de la naturaleza.

Precisamente, el profesor José Atuesta Mindiola indica que “Las flores de Cañaguate abren sus envolturas con las brisas de enero, la belleza de su esplendor oculta los demás colores. El amarillo encendido es la esencia de la luz. Para los ciegos es el último color que se aleja de su retina. Para la pintura el amarillo es un color primario, al igual que el rojo y azul; es  cálido, da la impresión de avanzar hacia el espectador y transmite una sensación de cercanía. Detenerse a observar un Cañaguate florecido es levitar en la magia de la luz”.

Acerca del esplendor amarillo de las flores del Cañaguate, los expertos en física dicen que ese color es el resultado de un fenómeno luminoso, en el que la luz del sol –una mezcla de siete colores (los del arco iris: rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, índigo y violeta)–, tiene un papel preponderante.

Cada color de la luz solar tiene una longitud de onda específica y las estructuras moleculares de las sustancias presentes en las envolturas florales del Cañaguate absorben las ondas de seis colores menos la del color amarillo, que la rechazan o reflejan. Por eso toman esa coloración.

Los Cañaguates adornan la Capital Mundial del Vallenato y producen esa alegría inmensa, tal como lo dijo Fidelia Vásquez, después de regarlos. “Esta es agua bendita para que florezca a su debido tiempo y hagan feliz a la vista en medio de tantas cosas tristes de la vida”.

 

Dos canciones que dedicadas al Cañaguate

Entre las numerosas canciones que nombran a este árbol, dos canciones hacen mayor énfasis en su belleza natural. Se trata de ‘Arbolito de Cañaguate’ y ‘Ay hombre’ de la autoría de José Garibaldi Fuentes y Jorge Celedón, respectivamente, que, en su momento, ocuparon lugares de honor.

El primero fue el versátil compositor José Garibaldi Fuentes, nacido en Guamal, Magdalena, pero Barranqueño por adopción, quien tuvo a bien rendir homenaje al arbolito de Cañaguate en el que descubrió un nido donde dormían dos polluelos. La canción fue grabada en la década de los 60 por  Los Caporales del Magdalena (en la voz de Alfredo Gutiérrez).

 

Juan Rincón Vanegas

Cultivo de folclor vallenato
Juan Rincón Vanegas

Periodista, escritor y cronista, natural de Chimichagua, Cesar y ganador de distintos premios de periodismo con historias del folclor vallenato y sus distintos personajes. Actualmente se desempeña como Jefe de Prensa de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata.

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