Lunes, 20 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Daniel Samper Pizano en Valledupar“Los muertos que vos matáis gozan de buena salud” frase que se volvió refrán, que se atribuye al escritor José Zorrilla en la obra clásica “Don Juan Tenorio”, y que otros dicen que proviene de la obra francesa “El mentiroso” escrita por Pierre Corneille  en 1643.

La vivimos constantemente con nuestra música vallenata. A diario expertos y neófitos le cavan cristiana sepultura y la entierran, pero otros la vemos “vivita y coleando”.

Los seres nacen, viven y mueren no en los tiempos del hombre, sino en los tiempos de Dios, que indudablemente son otros. A Fidel Castro lo han matado infinidad de veces y a Hugo Rafael Chávez Frías también lo mataron antes de tiempo, pero sólo hasta hace tres días, Dios quiso  llevárselo.

Lo mismo está ocurriendo con la música vallenata: para unos la muerte del vallenato es natural, para otros un vulgar y flagrante homicidio y la más reciente tesis, esgrimida por Daniel Samper Pizano, consiste en que la muerte obedece a un suicidio.

El 8 de enero de 2001 el diario El Tiempo publicó una columna escrita por Armando Benedetti Jimeno, de mucha mayor credibilidad que Armando Benedetti Villaneda,  que se titulaba “El vallenato ha muerto”  y en sus primeros renglones podía leerse: “Mal comienzo: primera columna del año en obituario. Nada raro en el país de la muerte. Lo lamento, yo más que nadie, pero es verdad: el vallenato ha muerto. Al menos no se empaña el espejo que se coloca sobre sus narices y el ritmo cardiaco es clínicamente imperceptible” y luego termina diciendo: “Sí, el vallenato ha muerto, aunque como Eduardo Lora, ese otro muerto de Landeros, vive en nuestros corazones.”

Doce años después, el “Cachaco” tal vez más adepto y cercano a nuestra cultura, lógicamente después de Alfonso López Michelsen, Daniel Samper Pizano, nos increpa nuevamente con un titular que dice: “El vallenato se está suicidando”  y hace una aseveración que con otras palabras muchas veces se la he escuchado a mi amigo Ciro Quiroz Otero “La música de acordeón transformó la zona donde nacieron sus canciones, pero el éxito comercial podría acabar con ella” y continúa nuestro insigne periodista manifestándonos algo que los nativos tenemos como una verdad de a puño: “Lamentablemente, el éxito de los viejos y gozosos merengues y paseos amenaza con destruir el género. El boom del vallenato desató un río turbio de música comercial vacua y previsible, madre de criaturas monstruosas como el rancherato, el baladato y el paseo llorón. Abundan las notas repetitivas fabricadas por contrato –aburridas salchichas musicales– y las letras, según Leandro Díaz, se despachan “con más de dos mil palabras, que al final no dicen nada”.

Gracias, Daniel, por recordarnos que nuestra música es la representación cultural de Colombia ante el mundo y gracias por pellizcarnos y advertirnos que la pócima que estamos tomando nos puede conducir al suicidio, yo también lo creo así, pero lo más importante de todo esto es que nos dices que nos estamos suicidando, es decir que todavía estamos vivos, lo cual nos da un respiro.

“Pueden hacer como chivos” quienes se han empeñado en distorsionar la esencia de nuestro folclor, porque de otro lado estamos un bloque mucho más fuerte y sólido que les contrarrestaremos cualquier intento de homicidio que se fragüe contra nuestra música; en El Paso todavía nacen nietos de Naferito, en Guacoche los de “Chente” Munive y en “El Valle” los de Ovidio Granados que no se dejan deslumbrar por los “balanatos”; eso en lo que tiene que ver los acordeones.

Lo mismo ocurre con las buenas composiciones vallenatas: están ahí todavía, se encuentran a borbotones en las calles de Valledupar y de Villanueva, solo que nuestros insulsos intérpretes no las quieren grabar, por vivir pensando en cómo se hacen ricos lo más rápido y fácilmente posible.

Me identifico plenamente con el artículo de Rodolfo Quintero Romero publicado esta semana, y en el cual se hace un recorrido por las diversas amenazas que históricamente ha tenido nuestra música, lo que yo denomino “las diversas nuevas olas” y cada vez que escucho un trabajo musical nuevo, trato de encontrarle algún tema que me guste, porque dicen por ahí: que  a uno no le gusta la música nueva, es señal de que se está poniendo viejo.

Colofón: Mi compadre Javier Fernández Maestre en sus notas sueltas me está invitando al Paso, donde se celebrará del 22 al 25 de Abril próximo, la versión XXV del Festival Pedazo de Acordeón, este año como merecido homenaje a mi gran amigo Luis Duran Escorcia, así que quien quiera ratificar que el verdadero vallenato no está enfermo, lo invito a que nos encontremos en mi Municipio, como antesala del Festival de la Leyenda Vallenata.

 

Jorge Nain Ruiz

@jorgenainruiz

Vallenateando
Jorge Nain Ruiz

Jorge Nain Ruíz. Abogado. Especializado en derecho Administrativo, enamorado del folclor Vallenato, cantautor del mismo. Esta columna busca acercarnos a una visión didáctica sobre la cultura, el folclore y especialmente la música vallenata. Ponemos un granito de arena para que la música más hermosa del mundo pueda ser analizada, estudiada y comprendida.

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