Viernes, 17 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Escuela Ambiental del Cesar / Foto: José Luis RoperoVisitar la Escuela Ambiental del Cesar es encontrar las enseñanzas de la naturaleza relatadas en sencillas palabras que suscitan a convertir en realidad los sueños y las esperanzas del alma humana; a través de sus senderos, castizos asertos ofrecen enseñanzas universales, libres de cargas dogmáticas y abiertos a quien los quiera aplicar en su vida.

Somos lo que pensamos, demuestra la historia de grandes pioneros, como los hermanos Wright que de fabricar bicicletas pasaron al avión, o un Leonardo da Vinci  que desde hace 500 años sorprende a genios e inventores en todos los rincones del mundo.

No hay límite para la creación, ni frontera para el entendimiento, todos los obstáculos pueden ser vencidos sin importar sus dimensiones pues el Hombre es del tamaño de su mente.

Resulta difícil pensar en un logro sin esfuerzo. ¿Cuántas horas de dolor hubo tras el 9.58 de Usain Bolt? Los diamantes nacen de la presión, señala un pequeño letrero custodiado por ardillas e iguanas junto al SPA natural; claro, para llegar a la meta hay que vencer el miedo del camino y estar convencido de que al cruzarla está la recompensa, después de todo “al osado la fortuna le da la mano”.

Generalmente, las escuelas se comprenden como un lugar donde se enseña, pero en realidad ir a ella sólo toma sentido cuando se aprende. Con un método de naturaleza práctica, desde su llegada a la Escuela Ambiental del Cesar, se ve al niño ordeñando la vaca, alimentando las aves del corral o conociendo los beneficios del reciclaje. Así en la diversión, se construyen las bases de una vida mejor y más conciente, recuerda que la verdadera causa del sufrimiento es la ignorancia.

Vivir tranquilo es lo mínimo que usted se merece, ¿cómo no estarlo entre mangos y guanábanas, descansando a la sombra de una imponente Ceiba y con el guatapurí susurrando música de fondo? Sentir la paz de la naturaleza es una terapia contra el estrés acumulado en la frenética ciudad, sólo haciendo ése contraste es posible entender que ni el bien hace ruido, ni el ruido hace bien.

El profesor Olmar Quintero siempre trata a los visitantes con buen ánimo, en sus charlas acentúa la importancia de estar alegre y encontrar el lado bueno de las cosas: “Cuando el final de algo bien chévere llegue, ¡No llores porque acabó, sonríe porque ocurrió!”.

Niños y adultos, pobres y ricos, se divierten por igual en la Escuela Ambiental; laborando, compartiendo y jugando en equipo; olvidando por un momento la innecesaria vanidad y aprendiendo la lección principal que brinda este lugar, ser humilde, recuerda: Cuando el juego termina, rey y peón vuelven a la misma caja.

 

José Luis Ropero

@RoperodelaHoz

Enfoque directo
José Luis Ropero de la Hoz

Valledupar (1985). Profesor y comunicador por vocación, su columna “Enfoque directo” ofrece una mirada del acontecer cultural sin formalismos. Admirador de la naturaleza y el talento humano.

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