Viernes, 18 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

El árbol de macondo y su fruto / Foto: Penúltimas NoticiasEn “Vivir para contarla” (Bogotá, Norma 2002), Gabriel García Márquez explica de dónde proviene la palabra Macondo en su obra literaria.

“El tren hizo una parada en una estación sin pueblo, y poco después pasó frente a la única finca bananera del camino, que tenía el nombre escrito en el portal: Macondo. Esta palabra me había llamado la atención desde los primeros viajes con mi abuelo, pero sólo de adulto descubrí que me gustaba su resonancia poética. Nunca se lo escuché a nadie ni me pregunté siquiera que significaba… Lo había usado ya en tres libros, como nombre de un pueblo imaginario, cuando me enteré en una enciclopedia casual, que es un árbol del trópico parecido a la ceiba, que no produce flores ni frutos, y cuya madera esponjosa sirve para hacer canoas y esculpir trastos de cocina. Más tarde, descubrí en la Enciclopedia Británica que en Tanganyika existe la etnia errante de los makondos y pensé que aquel podía ser el origen de la palabra. Pero nunca lo averigüé ni conocí el árbol, pues muchas veces pregunté por él en la zona bananera y nadie supo decírmelo. Tal vez no existió nunca”. (p. 28)

“El tren pasaba a las 11 por la finca Macondo, y diez minutos después se detenía en Aracataca. El día en que iba con mi padre a vender la casa pasó con una hora y media de retraso… Yo estaba en el retrete cuando empezó a acelerar y entró por la ventana rota un viento ardiente y seco, revuelto con el estrépito de los viejos vagones y el silbato despavorido de la locomotora. El corazón me daba tumbos en el pecho y una nausea glacial me heló las entrañas. Salí a toda prisa, empujado por un pavor semejante al que se siente con un temblor de tierra y encontré a mi madre imperturbable en su puesto, enumerando en voz alta los lugares que veía pasar por la ventana como ráfagas instantáneas de la vida que fue y que no volvería a ser nunca jamás…” (p. 29)

El pueblo imaginario

“Macondo” se convirtió en una palabra conocida internacionalmente cuando Gabriel García Márquez llamó así al pueblo en el que transcurren varias de sus obras, como La Hojarasca (1955) y Cien años de Soledad (1967).

Los rasgos de Macondo, modificados por la imaginación, provienen de pueblos como Aracataca, donde el autor pasó su infancia.

El árbol de Macondo

La primera mención al árbol “macondo”, según la Biblioteca Virtual, fue hecha por el viajero Alejandro de Humboldt, quien vio este árbol en las cercanías de Turbaco en 1801, cuando fue a visitar los volcanes de lodo con Luis de Rieux.

A continuación, transcribimos algunas citas del Diario de Humboldt, tomadas de la edición virtual: La madera corchosa [o esponjosa, como dice García Márquez] del Macunda. Junto a la madera corchosa del bombax y del Cavanillesia Macunda (con esa misma humedad), tenemos el quebracho de dureza de hierro, el Caesalpiniaea, Hura crepintans, Swietania, Caraña. Las características de la naturaleza tropical consisten, fundamentalmente, en que la energía interior de la vida vegetal (fuerza vital) se opone a todos los estímulos exteriores, hasta el punto de que cada órgano elabora y mezcla incesantemente, sin impedimentos, eternamente en actividad, sin que el calor se evapore; la humedad no se diluye; humedad y calor actúan sólo tensionalmente, como potencias estimulantes y desarrolladoras de fuerza; los órganos no aceptan nada que no puedan asimilar y transformar inmediatamente[i].

Linternas suspendidas

Hállanse situados los volcancitos á 6,000 metros al este de Turbaco, en un espeso bosque donde abunda el Tolú, la Gustavia de flores de ninfea y la Cavanillesia mocundo, cuyos frutos membranosos y trasparentes parecen linternas suspendidas de la extremidad de las ramas. Elévase gradualmente el terreno á 40 o 50 metros sobre Turbaco; pero el suelo, cubierto por todas partes de vegetación, impide que se conozca la naturaleza de las rocas superpuestas al calizo conchífero.

Deliciosa y pintoresca

Desde Mahates hasta Barranca Nueva todo es un bosque lleno de bellas mimosas, Cavanillesia, palma amarga, Pothos, troncos singularmente monstruosos de Bombax y Cavanillesia, una forma deliciosa y pintoresca de formas vegetales majestuosas. A mitad de camino, un nuevo pueblito infeliz. Chozas de caña de bambú habitadas por zambos. En ningún lugar del mundo americano hay tantos zambos como aquí, porque las mujeres indígenas, hastiadas de los fríos indios, buscan voluptuosamente a los negros, y porque aquí (venidos del Chocó) muchos negros han comprado su liberación de la búsqueda de oro.

El compañero de Humboldt, Aimé Bonpland, hizo la primera descripción y le dio el nombre científico de Cavanillesia platanifolia. Fue descrita en la obra que recogió las observaciones botánicas del viaje de Bompland y Humboldt[ii]. Al bautizarlo como Cavanillesia, le devolvían los viajeros el favor a Antonio José de Cavanilles, el científico que dirigía el Real Jardín Botánico de Madrid y que les había ayudado a conseguir el permiso del rey para venir a las colonias españolas en América.

Pocas menciones más

Hemos podido encontrar muy pocas referencias más: El Consejero Miguel María Lisboa, representante de Brasil en Nueva Granada, lo describió en Mahates en 1853: “Allí también abunda el exuberante e inútil macondo, árbol majestuoso cuyo tronco tiene de seis a ocho palmos de diámetro y cuya frondosa copa se eleva a la altura de los más elevados de los bosques americanos”

Pocos autores han advertido la relación entre el árbol de Humboldt y García Márquez. Germán de Granda pudo ser uno de los primeros en “Un afortunado fitónimo Bantú; Macondo”, publicado en Estudios lingüísticos hispánicos, afrohispánicos y criollos [Madrid: Editorial Gredos, 1978].

En el Lexicón de colombianismos (1983), Mario Alario de Filippo incluyó la palabra como “árbol corpulento de las bombáceas, semejante a la ceiba y conocido también como quipo. Alcanza de treinta a cuarenta metros de altura. Es voz de origen chimila” y como “pueblo imaginario donde se desarrolla la mayor parte de… Cien años de Soledad“.

Han aludido a esta pista Montserrat Ordóñez, que relacionó el árbol Macondo con el pueblo de García Márquez en una reseña del Boletín Cultural y Bibliográfico de 1984, Nicolás del Castillo Mathieu quien  mencionó en 1991[iii] que Humboldt lo había visto a comienzos del XIX, y Alfredo Camelo en su artículo “Humboldt, la ciencia en ancas de mula por las Américas” (Deslinde, No 31, Bogotá, 2002.)

No figura en los diccionarios generales ni en el de la Real Academia, ni en el de María Moliner. Aparece en el Nuevo Diccionario de Americanismos de Gunther Haensch y Reinhold Werner (Bogotá, 1993), con base en Alario: promedia la altura (le pone 35 metros), aunque elimina las referencias a García Márquez y a los chimilas.

En las páginas botánicas latinoamericanas es conocido también como bongo o cuipo. La descripción del parque Catío en Chocó menciona “cuipo”, “guipo” o “ceiba bonga” en los bosques de colinas bajas y altas. También aparece en el Parque Natural Paramillo, como “cuipo” o volador, seguramente por sus semillas aladas.  En el Perú es conocido como “pretino”. Pérez Arbeláez menciona como sus nombres quipo, cuipo, bongo y hamati.

Germán de Granda en 1971 señaló que Macondo podía estar relacionado con la palabra cubana congo “makondo”, que quería decir “plátano” y que existía también, con este sentido, en bantú. Nicolás del Castillo Mathieu señaló que el “macondo” de la costa colombiana no era el plátano, y sugirió que la palabra era indígena.

¿Por qué el árbol se llama Macondo?

Palabras parecidas a macondo existen en varios idiomas africanos, y algunas se referían a árboles, como el plátano (un árbol corpulento, ­platanus sp.- diferente al plátano que conocemos). Existen varias localidades y pueblos africanos con el nombre de Macondo: en Mozambique, un pueblo de origen Bantú es conocido como Macondo; también en Uganda y en el sur de África, (Botswana quizás), donde lo menciona David Livingston en su viaje de 1853. En Tanzania, existe una artesanía tradicional con diseños abstractos en madera llamada Makondo. En kikongo, mankondo quiere decir plátanos, y el Atlas Lingüístico del Caro y Cuervo dice que macondo se usa como “plátano topocho” (Musa balbisiana) en Córdoba. Existe también un pez ornamental llamado makondo: Chrom. loennbergi “Makondo”

Por lo tanto, lo más probable es que el nombre del árbol americano que encontró Humboldt lo hubiera dado algún esclavo africano, usando alguna de sus propias palabras, quizás usada para nombrar algún árbol parecido, con hojas similares: no es extraño que Bonpland al darle el nombre científico lo llamara “platanifolia”, de hojas como el plátano (Platanus sp.) A pesar de las menciones a su uso como “plátano”, no parece que evocara plantaciones de banano (Musa), aunque apareciera en el letrero que identificaba a una de ellas en los años treintas.

¿Cómo es el árbol?

Según las descripciones de los botánicos, es un árbol de la familia de las Bombacaceae, que puede crecer más de 20 metros de altura, propio del trópico americano. Se distingue por su largo tronco sin ramas, que solo surgen en la parte más alta, y por anillos en un tronco liso. Pierde las hojas en la época seca (entre noviembre y mayo) y produce entonces flores y frutos muy visibles: Los frutos son enormes, con cinco alas, entre rosados y cafés, capaces de volar llevados por el viento.

El ave nacional de Panamá, el Águila Arpía, la mayor ave de presa, anida en este árbol, en toda la región del Darién. Según el padre Enrique Pérez Arbeláez, en su Plantas Útiles de Colombia (Bogotá, 1947) señala que “la madera se emplea para canoas y otros artículos usadas en las casas de las poblaciones costeñas: bongos, artesas que sirven para lavar y recoger granos, frutas, harinas y demás”.

La Lista Roja del Instituto Humboldt menciona que crece entre los 0 y los 600 metros, afirma que existe en Antioquia, Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, Magdalena, Santander y Sucre, pero la considera una especie en riesgo de extinción. No menciona su existencia en el Chocó. (Eduardo Calderon, 2001. Listas Rojas Preliminares de Plantas Vasculares de Colombia, incluyendo orquídeas. Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt[iv].

¿Donde ver el macondo?

En Colombia hay por lo menos un jardín botánico que tiene un árbol de macondo: el de Turbaco, cerca de Cartagena. Es posible que el visitante esté mirando el mismo árbol que vio Humboldt.

 

Katherine Ríos

@Rioskat


[i] “Lugares de Colombia tomados de la parte primera: Sitios, Mesetas de Méjico y Montañas de la América Meridional”

[ii] Nova Genera et Species Plantarum quarto ed. Vol. 5: p. 306. 1821[1823]

[iii] Presencia y destino, El español de América hacia el siglo XXI (Bogotá, 1992)

[iv] http://www.humboldt.org.co/conservacion/Listas_Preliminares.htm

 

Acerca de este estudio: El presente artículo de Katherine Ríos fue publicado anteriormente con el título “Qué es macondo: lugar imaginario, árbol, pescado o tribu africana?” en la página “Penúltimas noticias”.

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