Miércoles, 29 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

El juego de la Fortuna: Foto: CinemaníaExisten películas con un claro mensaje que trascienden por su manera de narrar una historia. Esas películas quedan marcadas en la memoria de los amantes de cine para la eternidad. Pero existen también películas con una intención clara y honorable, que se pierden a la hora de relatar los hechos. Esas películas malviven en el pensamiento del espectador y desaparecen a las pocas semanas.

El juego de la fortuna pertenece a esa segunda ola de películas que quieren reconstruir con mucha ambición la vida de un hombre, dar los detalles de su heroísmo o genialidad, y que sólo alcanzan a generar una lejana sensación de entusiasmo.

Sí, es cierto que Brad Pitt es un buen actor. Es cierto también que interpreta muy bien el papel de Billy Bean, un entrenador condenado a dirigir un equipo de beisbol con un presupuesto miserable y que, gracias a un joven economista, logra montar un sistema revolucionario para ganar a los grandes equipos. Pero eso es todo.

Lo demás se resume a una acción lenta y oscura, muchas negociaciones y muchos cálculos en los pasillos de un estadio o de una empresa, pero nada que ver con el beisbol y la tensión de los vestuarios.

La película se centra esencialmente en las estrategias de compra de jugadores y los esfuerzos del entrenador para constituir un equipo medianamente eficaz. La trama se hace demasiado extensa para una historia tan previsible. Todos sabemos que, en algún momento, el equipo de Billy Bean logra deshacerse de la pesadilla que lo persigue y empieza a ganar a los demás, pero ¿cuánto tiempo dedicado a detalles inoportunos y conversaciones sin interés?

No se equivoquen. El juego de la fortuna no es una película mala. De hecho, es muy posible que a los fans de deporte y biografías extraordinarias ésta película les genere un buen sabor de boca. Pero eso es todo.

Más allá del mensaje de superación y la figura audaz de Billy Bean, nos queda una película desarticulada y soporífera, excesivamente larga y sobria, que no logra transmitir la tensión y la euforia de ciertos instantes.

Es una lástima pues, ya que muchos elementos podían hacernos pensar en una película inolvidable. El juego de la fortuna no es la mejor película del año ni tampoco una de las mejores. Es simplemente una curiosidad.

Cinescrúpulos
Alberto Campos

Alberto Campos, Valledupar (1976). Sociólogo y Abogado de la Universidad Popular del Cesar. En Cinescrúpulos expone su faceta de crítico y amante del Cine, pero con total independencia. Su fin es alabar las buenas películas y señalar las malas producciones.

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