Viernes, 17 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

El horario de atención al público en los bancos de la ciudad debe adaptarse a los criterios coherentes de eficiencia y calidad de servicio. Ese estricto y milimétrico sometimiento a las agujas del reloj, que obliga a los vigilantes a cerrar las puertas a las 11:30 am y las 4:30 pm, les niega a muchos clientes el derecho a ser atendido por llegar después de  30 segundos.

El viernes pasado, 19 de julio, a las 11 horas y 31 minutos que salía de un banco, vi a tres adultos mayores beneficiarios de los auxilios del gobierno, que le rogaban al vigilante para que les hiciera el favor de dejarlos entrar a cobrar. La respuesta del no rotundo del vigilante en cumplimiento a las normas de su trabajo, llenó de tristeza a los tres adultos, que resignados dijeron casi en coro: “nos toca sentarnos aquí en el sardinel de la puerta a esperar las dos de la tarde, para que nos dejen entrar a cobrar”.

No hay derecho a este tratamiento con estos ciudadanos colombianos. El gerente del banco no sabe las dificultades de transportes o de otra índole que tuvieron estos señores. Hay que humanizar la calidad del servicio para todos los clientes y, en especial, para los discapacitados, mujeres embarazadas y adultos mayores. Pensamos que la gerencia del banco puede adoptar un horario especial en los días que le corresponde atender a los adultos mayores.

No obstante, es importante reconocer que algunos bancos en la ciudad han adoptado horarios adicionales de atención, inclusive hasta ciertas horas de sábado y domingo; aunque a veces las atenciones no son para todos los servicios, pero atienden lo básico: consignaciones, pagos y retiros. También es preciso reconocer la modernización de un banco de la ciudad: los clientes obtienen sus fichas de atención de un sistema digital y cómodamente sentados esperan el turno.

Otras de las ventajas de ampliar el horario de atención en los bancos, es que les permite a las personas que laboran en otras empresas, hacer sus diligencias  sin recurrir a los permisos, que incomodan a los jefes e interrumpen la funcionalidad efectiva del trabajo.

Los clientes debemos entender que cada empleado tiene la responsabilidad de desempeñar sus funciones; por ejemplo, un vigilante está para vigilar, para estar en vela cumpliendo sus funciones de protección y auxilio. Su turno no es para dormir. Su trabajo es estar despierto con sus sentidos alertas.

Por otra parte, se observa que en ciertas EPS les exigen a los usuarios un estricto cumplimento en el horario de las citas. Cuando la cita está programada a la dos de la tarde, debe estar 15 minutos antes para anunciarse, y si por cualquier circunstancia llega unos minutos después, pierde la cita. No vale ninguna disculpa. Antes se tenían el criterio humanista, y quedaba pendiente en el último turno. Pero cuando el médico llega tarde, hay que aceptarle todas las disculpas.

 

José Atuesta Mindiola


El tinajero
José Atuesta Mindiola

José Atuesta Mindiola (Mariangola, Cesar). Poeta y profesor de biología. Ganó en el año 2003 el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y es autor de libros como “Dulce arena del musengue” (1991), “Estación de los cuerpos” (1996), “Décimas Vallenatas” (2006), “La décima es como el río” (2008) y “Sonetos Vallenatos” (2011).

Su columna “El Tinajero” aborda los capítulos más variados de la actualidad y la cultura del Cesar.

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