Viernes, 17 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

María de Cardona con la niña Falena Atuesta / Foto suministrada por José Atuesta MindiolaEn el corregimiento de Mariangola, cuatro mujeres hacen historia  en el ámbito comercial. A comienzo de 1940,  llega de Valledupar Juana Ochoa Campo y a orilla de la recién construida la carretera nacional, pone la primera tienda y un salón de baile donde se celebraron las primeras verbenas del Santo Cristo.

En los años de 1960, Dilia Gutiérrez llega con su esposo Manuel De la Rosa,  visionario comerciante y progresista, en una esquina de la plaza principal instalan una tienda, en ese momento era la mejor del pueblo por la variedad de productos y las amables atenciones con los clientes. Vencida por la edad Juana Ochoa termina la tienda y su tradición comerciante la  retoma su hija, Telesila Díaz de Rodríguez, construye un nuevo local y organiza la miscelánea San Martin, con su respectivo salón de baile.

Antes de comenzar 1970, llegó María Díaz, nativa del Copey,  y su esposo, Ovidio Cardona,  hombre de pujanza antioqueña, y  ponen al servicio la tienda El Portal, que era más que una miscelánea: ofrecen víveres, ropas, medicinas y los servicios de heladería, una sala de cine, un salón de  baile y de la primera emisora local y directa “La voz de la Sabanas”, que se  escuchaba sin radio.

Por más de 30 años la tienda El Portal fue la de mayor movimiento con su figura estelar, María de Cardona: una líder social que vio en el comercio una forma de ganarse la vida y de servir a la comunidad. Apoyaba los eventos culturales, cívicos, deportivos y religiosos. En todo lo que significaba beneficio para la comunidad,  ahí estaba su presencia bondadosa. Su casa era una especie de club: se desarrollaban reuniones cívicas, ceremonias de grados y fiestas de cumpleaños. En la puerta del salón de baile creció una bonga frondosa que servía de tribuna a los políticos.

María era una mujer cristiana, desprendida del dinero y con una gran vocación de servicio. Todos los que por circunstancias personales o laborales, acudimos a ella, siempre encontramos una respuesta positiva. Quien necesitaba dinero para completar la matrícula de la universidad, quién necesitaba para comprar una formula médica o en calamidades extremas alguien le falta un ataúd para enterrar a un familiar, no dudaba en solicitar sus favores.

Mariangola siempre la recordará como una dama que irradiaba decencia, respeto y servicio. Como mujer caribeña, amaba la fiesta, en la puerta de esta iglesia después de la santa misa,  solía bailar  al son de la música de viento con sus amigas, entre ellas, Beliza García y Libia Castañeda.

El pasado 24 de julio, en Medellín, la ciudad de la eterna primavera, la sorprendió la muerte. Físicamente no está con nosotros, pero sus recuerdos se sienten como fresca cicatriz en la memoria; porque cuando en el alma los sentimientos tejen los colores del amor y la amistad, nunca existe el olvido. Hay en el corazón un lugar sagrado para recordarla por sus buenas acciones,  y al ver a sus cuatro hijos, distinguidos profesionales, sentimos la prolongación de su  espíritu bondadoso.

 

Décima a María de Cardona

Una dama progresista

muy querida en Mariangola,

silenciosa con sus olas

ya se nos fue de la vista,

ahora se suma a la lista

vive en el reino de Dios,

de recuerdo nos dejó

su  decencia y su alegría,

su bello nombre María

y sus hijos que educó.

 

José Atuesta Mindiola

El tinajero
José Atuesta Mindiola

José Atuesta Mindiola (Mariangola, Cesar). Poeta y profesor de biología. Ganó en el año 2003 el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y es autor de libros como “Dulce arena del musengue” (1991), “Estación de los cuerpos” (1996), “Décimas Vallenatas” (2006), “La décima es como el río” (2008) y “Sonetos Vallenatos” (2011).

Su columna “El Tinajero” aborda los capítulos más variados de la actualidad y la cultura del Cesar.

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