Martes, 28 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

En los últimos años, el relato hiperbreve, también conocido como nanorrelato, ha ido cogiendo mucho peso con el surgimiento de las nuevas tecnologías y la multiplicación de las antologías de relatos.

Se trata de un formato literario que se adecua especialmente al universo de la telefonía móvil y de las redes sociales. El caso de Twitter no puede eludirse. Con él se han multiplicado los concursos de relatos hiperbreves con esa extensión máxima de 140 caracteres (o una simple frase).

En la lengua castellana existe un relato especialmente conocido por su brevedad. Este relato, escrito por el guatemalteco Augusto Monterroso, se titula: “El dinosaurio” y describe con sólo 7 palabras un universo lleno de intriga y de tensión:

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Durante algunos años fue considerado como el relato más corto del mundo hasta que el escritor mexicano Luis Felipe Lornelí publicara “El Emigrante” que recoge con 4 palabras un mundo lleno de simbolismos y de realidades sociales:

“-¿Olvida usted algo? – Ojalá.”

En el caso de este último cuento deberíamos también contar el título (El migrante) ya que permite discernir con más nitidez su verdadero significado.

Ambos textos se caracterizan por la elección oportuna del tiempo gramatical, una estructura sintáctica equilibrada, una ambigüedad semántica que aporta intriga a la corta trama, y sobre todo, el hecho de poder ser integrados a un texto más amplio (tanto como frase de inicio o de fin).

Estos dos cuentos breves son de los más conocidos en la lengua española pero considerarlos como los más cortos del mundo no es acertado ya que esto supondría ignorar la existencia de miles de otros relatos hiperbreves de autores menos conocidos, disponibles ahora en la web y en algunas antologías especializadas.

Aprovecho la ocasión para mencionar un cuento del escritor checo Franz Kafka que, si bien puede considerarse como uno de los más cortos y profundos, no se menciona a menudo. Ese cuento, titulado “El destino”, expresa en 8 palabras toda la angustia que suele observarse en el universo kafkiano:

“Una jaula salió en busca de un pájaro”.

Expuesto este dilema de extensión, algunos lectores se preguntarán –con  mucha razón–: ¿Cuáles son los elementos necesarios para que una sucesión de palabras pueda considerarse un cuento hiperbreve? ¿Una sola palabra puede ser un cuento? ¿Es necesario reproducir la tradicional estructura de sujeto, verbo y complemento?

Realmente no existe una respuesta clara. El relato hiperbreve no responde a una definición estricta y, por ese motivo, es posible concebir un cuento de una sola palabra como “Deserción”. Pero pensemos en el lector, en la creatividad y el poder de evocación de una narración: eso obliga el escritor a que combine elementos, experimente y emocione a través del uso de múltiples palabras.

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