Lunes, 19 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

Armando Arzuaga MurgasInaugurada durante el V Mes del Patrimonio en Valledupar, la exposición “Santa Ana de Los Tupes, un ermita de interés patrimonial” ofrece una mirada nueva sobre uno de los monumentos más destacados de San Diego (Cesar).

En esta entrevista, Armando Arzuaga Murgas –director del Centro de Memoria de San Diego y miembro de la Fundación AVIVA– explica las intenciones de esta iniciativa y aborda ciertos capítulos claves de la historia del departamento del Cesar.

Según él, es necesario que la comunidad se apropie de su Patrimonio Cultural antes de pensar en grandes restauraciones y proyectos más ambiciosos, y por eso hay que “llegar de un modo novedoso y de mayor eficacia a las personas”.

¿Qué representa la ermita Santa Ana de Los Tupes para San Diego y el departamento del Cesar?

Para ambos representa, o mejor, constituye una referencia ancestral de nuestra identidad cultural. Específicamente, para San Diego es una conexión con sus orígenes históricos, pues en la antigua Encomienda de Tupes se asentaron los encomenderos cuyos hatos mantenían en esas inmediaciones. Uno de ellos, el populoso Hato de Uniaimo, como describe José Nicolás de la Rosa en su “Floresta”, dio origen a la aldea que andando el tiempo se convirtió en Diego Pata y, luego, en el actual San Diego de las flores.

¿Cómo surgió la idea de esta exposición y cuál es su finalidad?

Cuando el Ministerio de Cultura escogió a San Diego como sede de un Centro de Memoria en el año 2009, y una vez constituido el grupo inicial, pensamos en darnos a conocer con algo que generara sentido de pertenencia. Surgió enseguida la idea de una exposición, bien sobre la Semana Santa, que como sabes, en San Diego tiene mucho arraigo, o bien sobre la ermita de Santa Ana de los Tupes. Preferimos esta última porque sentimos que hay una deuda histórica con este Corregimiento y porque pensamos de inmediato en empezar por ahí a lograr su protección a través de una declaratoria. Hay que aclarar aquí que esta idea no nos pertenece: el padre Luis Carlos Oñate Padilla murió con el anhelo de que la Ermita fuera declarada “Monumento Nacional”, que era la denominación anteriormente usada. Ahora nosotros en el Centro de Memoria y también la Fundación AVIVA, porque ni en Los Tupes aunque han cuidado su Ermita, se pensó en lograr algo así no obstante haberle dado un gobernador al Departamento.

Antes de ser expuesta en la Alianza Francesa de Valledupar, esta muestra fue inaugurada el año pasado en el Centro de Memoria de San Diego. Desde entonces, ¿Cuál ha sido su recorrido e impacto?

Hasta el momento no había salido de la sala de exposiciones de la Casa Municipal de Cultura de San Diego. Creo que había que sacarla para lograr una mayor divulgación del proyecto que busca su declaratoria como Bien de Interés Cultural del Ámbito Local, y de qué mejor manera que asociándonos a la celebración del Mes del Patrimonio, con el apoyo que la Alianza Francesa siempre nos ha brindado. En términos generales, creo que el público sandiegano no ha sido muy receptivo con la exposición pues esperábamos mayor afluencia y comentarios, en eso hemos notado cierta indiferencia a pesar de que se invitó al Colegio Manuel Rodríguez Torices a que enviara a los estudiantes a ver la exposición.

Exposición

En su presentación habló de un vacío histórico que impide dar una fecha precisa a la construcción de este monumento. ¿A qué se debe este vacío?

A la falta de material bibliográfico o de evidencia sobre la fecha de construcción. Estoy completamente seguro de que es anterior al siglo XVIII, pues las iglesias levantadas a principios de ese siglo, como San Antonio de Badillo o Santa Lucía de Valencia de Jesús revelan una mayor pericia arquitectónica: son de mayor envergadura y más decoradas. La de Badillo, que es de 1710, tiene incluso elementos que revelan influencia del Barroco. Sabemos, eso sí, que la pacificación definitiva de la etnia tupe ocurrió en 1609, a cargo del capitán español Cristóbal de Almonacid, y la Encomienda de Tupes ya existía para 1698. Por lo tanto la Ermita ya debía estar edificada. Hasta ahora el año más presumible de su construcción es 1675, fecha que aparece pintada en el Cristo del Altar.  Por lo pronto, la primera referencia oficial es la que hace el alférez José Nicolás De la Rosa, cuya obra “Floresta de la Santa Iglesia Catedral de la Ciudad y Provincia de Santa Marta”, terminó de escribir en 1739. Hubo también ermitas doctrineras en El Jobo, El Rincón, y Sicarare, pero éstas no sobrevivieron.

Expresó el deseo de que la ermita de Santa Ana de Los Tupes fuera catalogada como “Bien de interés cultural del ámbito local”. ¿Qué repercusiones tendría esta referencia?

En primer lugar, sería una distinción para el pueblo de Los Tupes por su sentido de pertenencia, y un estímulo para que sigan valorando su Patrimonio Cultural que está integrado además por todo el conocimiento histórico que tenemos de la gran nación Tupe -en el que hace falta profundizar-, elogiada por el mismo Juan de Castellanos en “Elegías de Varones Ilustres de Indias”. En segundo lugar, quedaría garantizada su protección y salvaguarda, ya que se podría solicitar al Ministerio de Cultura recursos para su restauración integral, y se iniciaría un camino para que sea luego distinguida como BIC del Ámbito Nacional. Finalmente, una declaratoria de este tipo ubicaría al municipio de San Diego en el mapa de los bienes culturales representativos de la Nación, lo cual sería de gran valor para este Municipio que es considerado de hecho el “Municipio Cultural del Cesar”.

¿Existen otros monumentos parecidos en la zona de San Diego–Valledupar que merezcan una restauración y conservación parecida a la de Santa Ana de Los Tupes?

Sí, en Los Tupes hay otras tres casas de factura colonial que vale la pena restaurar, así como las imágenes de la Ermita, y algunas del templo de San Diego. Hay piezas arqueológicas como las que acompañan esta exposición, en todo el ámbito de Los Tupes. En el corregimiento de Tocaimo hay petroglifos, y está también la laguna que según una sólida tradición oral corresponde a la Laguna Sicarare, lugar donde aconteció la batalla entre españoles y tupes que dio origen a la “Fiesta del Milagro de la Virgen del Rosario”, epicentro del relato de la Leyenda Vallenata. Y está de hecho el mismo Centro Histórico de San Diego, de evidente estilo Art Deco. No podemos olvidar el Camino Real, que discurre en Valledupar y San Diego, y que era la antigua ruta de comunicación desde los tiempos de la Colonia hasta bien entrado el siglo pasado.

Finalmente, ¿qué otros planes tiene la entidad que usted encabeza en San Diego -el Centro Municipal de Memoria- con respecto a las restauraciones patrimoniales?

Bueno, por el momento y ante todo, lograr que se den, empezando por la ermita de Santa Ana de los Tupes. Para esto necesitamos que la comunidad se apropie de su Patrimonio Cultural, pero eso es un proceso lento. Por tal motivo ideamos estas acciones, que nos permiten llegar de un modo más novedoso y de mayor eficacia a las personas.

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