Lunes, 11 de dic de 2017
Valledupar, Colombia.

Tal vez el más famoso de todos los magos sea Merlín; ese legendario personaje, protector del Rey Arturo, de los caballeros de la mesa redonda y del mágico reino de Camelot. Merlín es un personaje que lucha contra las fuerzas del mal, provengan de donde provengan, es el ángel benefactor del rey Arturo y el ecualizador de los poderes maléficos de Morgana.

A diferencia de las brujas Merlín no tiene ninguna dificultad para dedicarse por completo a la búsqueda del conocimiento; podemos pensar que es el precursor de la alquimia y por lo tanto de la química moderna; y es que de todas formas nos estamos remitiendo a períodos históricos donde el conocimiento le estaba estrictamente vedado a la mujer, más no siempre al hombre. No en vano muchos de los monjes medievales abrazaron las ciencias y las artes; pensemos en las grandes construcciones góticas, o en las famosas bibliotecas de los monasterios, entonces podremos entender muy bien a estos hombres que estaban a caballo entre dos épocas: el Medioevo y el Renacimiento. Es decir dos épocas que no se conciben la una sin la otra, pero que son opuestas por naturaleza. La primera teocéntrica, como su nombre lo indica, el centro de todo el universo era Dios, y donde se vivía en una permanente fricción entre las dos fuerzas antagónicas: las fuerzas del bien o celestiales y las del mal, o diabólicas. El Renacimiento, en cambio, es antropocéntrico, el centro del universo es el hombre; en otras palabras es una época donde el individualismo comenzó a tener una importancia que no tuvo a todo lo largo del Medioevo; es racional por excelencia, por lo que  las ansias de conocimiento científico y la investigación comenzaron a tener una importancia fundamental, importancia que no se le daba desde los tiempos helénicos. Uno de los mayores exponentes del espíritu renacentista sería Leonardo Da Vinci. Pero también fue la época donde la banca, la industria y el comercio, que habían surgido en la Baja Edad Media, se afianzarían. Estas características contribuirían a desarrollar el individualismo anteriormente señalado.

El Mago Merlín, si bien es un personaje literario que se remonta al siglo VI, anuncia muy bien este pensamiento de la transición de dos épocas. Por una parte posee poderes mágicos, que lo hacen diferente a todos los hombres de su tiempo, pero por otra esos poderes son fruto de conocimientos adquiridos en largas noches de insomnio; y de haber vivido en el siglo XII habría tenido sin lugar a dudas un laboratorio alquimista. Por otra parte, posee, al igual que sus hermanas las brujas, conocimiento sobre plantas medicinales, pero a diferencia de ellas, su aspecto es el de un anciano benevolente, amable y justo, y por supuesto de apariencia hermosa:

“Merlín… muy versado en los misterios del cielo y del infierno y también en los de los mundos que existen entre ellos. Era un hombre de innumerables talentos porque había nacido de una extraña pareja: su madre era una princesa de Cornualles, y su padre, un ángel caído que una noche había preñado a la muchacha mientras dormía… Merlín heredó de su madre el conocimiento de la herbolaria y llegó a dominar a la perfección la ciencia de sus antepasados córnicos, de quienes se dice que descienden de las hadas. De su padre heredó el don de una segunda visión, de modo que era capaz de ver lo que el futuro deparaba. Además, aprendió muchas cosas de su padre adoptivo (un druida), que lo familiarizó con todas las prácticas druídicas, como la astrología, los hechizos y la maravillosa habilidad de transformar los seres humanos en cualquier criatura viviente u objeto inanimado”[1].

Como vemos, Merlín era dueño de un sinnúmero de poderes, que ningún otro mago poseía, ni siquiera Morgana. Los dos descendían de las hadas, y los dos dominaban la alquimia, conocían también el poder de las plantas; pero además de todo ello Merlín era descendiente de un ángel caído y había sido criado por un druida que le había transmitido toda su sapiencia. Es por ello que a Merlín también se le describe a veces como un druida. Por otra parte, si bien posee todas las características que hacen de él un personaje legendario y por lo tanto fantástico, también es cierto que su origen es histórico. Las primeras alusiones que se hacen de él se remontan a manuscritos del siglo VI, especialmente al texto latino del bretón Gildas “De Excidio et Conquestu Britanniae”.

Finalizado el Imperio Romano, sus legiones se ven obligadas a retirarse de Gran Bretaña, lo que generó que los bretones fuesen constantemente atacados por los pictos y escoceses. Como es lógico suponer, las continuas guerras los empobrecieron y por otra parte la peste arrasó pueblos enteros. Los bretones decidieron por lo tanto refugiarse en el continente, algunos de ellos huyeron a las montañas y allí se  ponen bajo las órdenes de un jefe de origen romano: Aurelius Ambrosius. A partir de este momento su suerte cambió considerablemente, el pueblo bretón comenzó a ganar batallas hasta obtener la victoria decisiva con la Batalla de Mont Badon, la cual lograría llevar la paz por espacio de 40 años. El nombre de Aurelius Ambrosius quedaría inscrito en las crónicas de la época, hasta transformarse posteriormente en el nombre de Merlín. A medida que las diversas versiones de la leyenda toman forma, se le van adjudicando poderes mágicos y en algunas de ellas se le otorgan características propias de los druidas.

Por otra parte, cabe anotar que en la Edad Media el legado latino de Virgilio fue ampliamente difundido dentro de los monasterios; magníficos centros del saber. Sus textos fueron copiados una y otra vez, en un claro afán de aprender a versificar, pero como los frailes no siempre podían hacer a un lado sus creencias medievales, por más que conociesen el mundo clásico, con frecuencia pensaban en  Virgilio como una mezcla de mago y de profeta. Esta característica del pensamiento medieval, es clave si se quiere entender porque Aurelios Ambrosius, de soldado romano se transforma con el correr de los siglos en druida y en mago, más conocido como Merlín.

¿Pero quiénes eran estos fascinantes personajes, conocidos como druidas? Para ello habría que hablar un poco de los celtas. Este fue el primer pueblo en instalarse en la Europa centro-meridional en  torno al siglo v a.c. y ocuparon extensos territorios que iban desde lo que hoy se conoce como Irlanda, la Isla de Cornualles (de donde proviene Merlín), hasta la región de Bretaña en Francia, Galicia en España, Europa Central y abarcando incluso el territorio de la actual Turquía. Algunos historiadores aducen que el influjo del pueblo celta se habría expandido hasta lugares tan ignotos como la China puesto que allí se puede encontrar hoy en día un pueblo, que poco o nada tiene que ver con los pueblos y etnias que suelen habitar ese extenso país,  los Urunchi. Su lengua se conoce con el nombre de Tokaniano y sus ritos funerarios, así como los ancestros momificados que conservan celosamente, y en los cuales puede observarse el color claro de la piel y de los cabellos,  suelen recordar las características físicas de los celtas. Otra característica es el diseño escocés de sus ropas, tejidos que aún se conservan.

Los pueblos celtas fueron desapareciendo, o transformándose culturalmente, ante las sucesivas invasiones sufridas a todo lo largo de la historia europea, básicamente por las invasiones romanas. Más tarde la Iglesia perseguiría a los druidas, aniquilándolos por completo. Los que no desaparecieron, fueron asimilados por los nuevos pueblos, generalmente romanos, que se instalaban en sus dominios. No obstante, su cultura y el sustrato de su lengua se negaron a desaparecer del todo.

La supervivencia más importante se encuentra precisamente en La Leyenda del Rey Arturo y de los Caballeros de la Mesa Redonda. Dicha leyenda formaba parte de la literatura oral europea. María de Francia (1145-1198), autora de los Lais, traductora de Ovidio y amante de las canciones y tradiciones celtas, le pide a Chrétien de Troyes, escribir un libro donde se exalten las virtudes del Rey Arturo, de Lancelot y de Merlín. El caballero de la carreta, considerado por muchos críticos como la primera novela en Occidente, es lo que origina la fiebre por Camelot y posteriormente dio origen a las novelas de caballería españolas. Pero también existen otros relatos pertenecientes a la tradición oral, y magníficamente escritos en cuentos infantiles contemporáneos como La Gata Gatona, de Nicolás Bayle. El rey Arturo era pues un celta, como sus caballeros y por supuesto como el Mago Merlín.

Los druidas eran sacerdotes celtas que ejercían además funciones políticas y judiciales, y al igual que Merlín habitaban, o al menos se reunían, en los bosques, bajo los robles. Tanto los hombres como las mujeres podían acceder al sacerdocio, para el cual debían prepararse por espacio de 20 años. En la época de la invasión romana jugaron un papel preponderante puesto que trataron de oponerse a ella. En Francia encontramos a Vercingetorix, quien ha servido como modelo para la creación del famoso galo de las tiras cómicas: Asterix. Vercingetorix fue en realidad un gran guerrero celta que luchó contra la invasión romana, habiendo sido derrotado por las huestes enemigas; esta derrota marcaría el inicio de la desaparición del pueblo galo. Es por ello que los franceses conservan un gran orgullo y respeto por sus antepasados y se consideran descendientes directos de este extraordinario pueblo, especialmente el pueblo bretón.

En el siglo VI aún quedaban muchos druidas  en territorio escocés, los cuales poseían un gran conocimiento de las facultades curativas de las plantas y árboles que rodeaban el territorio donde solían habitar, y es muy posible que estos conocimientos fueran de la mano con prácticas que posteriormente darían origen a la alquimia, de ahí los poderes “mágicos” de Merlín. Este conocimiento profundo de la naturaleza lo consiguieron en una íntima relación con ella. Para los celtas, los árboles eran elementos sagrados y preciosos, integrados plenamente dentro de su propia concepción del mundo. El roble, por ejemplo, era el árbol sagrado por excelencia, allí habitaban el Señor de los Bosques y las Hadas. Los druidas le tenían un especial aprecio, aprecio que sobrevivió a la desaparición de sus creencias religiosas. Por otra parte habría que entender que el árbol, al igual que para el pueblo araucano, les permitía a los druidas el acceso a los tres mundos, puesto que representaba el Axis-Mundi. Es decir, a través de él se podía pasar fácilmente de un mundo a otro: cielo-tierra-infierno (o mundo de los muertos). Para que la comunicación se produzca es necesaria una columna universal o Axis-Mundi, la cual se encuentra enclavada en las entrañas de la tierra y además sostiene el cielo. En realidad es un eje cósmico y a su alrededor se extiende el mundo. El Axis-Mundi, como todo eje, se encuentra en el centro, en este caso en el centro de la tierra. Puede ser representado por una montaña, una escalinata, una cúpula o un árbol. El árbol, como elemento sagrado, se analizó con más profundidad  en el capítulo dedicado a los Ents.

Cabe anotar que muchas de las catedrales construidas en el territorio que hoy conocemos como Gran Bretaña fueron construidas en antiguos lugares de peregrinación celta; es decir donde habían existido robles reverenciados por este pueblo.

Referencias:

[1] El Rey Arturo y sus Caballeros. Jules Heller y Deirdre Headon. Grupo Editorial CEAC, S.A., Barcelona, 1990, Pág. 9

 

Berta Lucía Estrada

Acerca de este artículo: “Merlín y otros magos de la literatura infantil” hace parte de la obra "De ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos" (Edicones Ble, 2008). Su autora, Berta Lucía Estrada, realizó estudios de literatura en la Pontificia Universidad Javeriana, una Maestría y un Diploma de Estudios Profundos (DEA) en literatura (en la Universidad de la Sorbona, París- Francia), y una Especialización en Docencia Universitaria en la Universidad de Caldas. Es la ganadora del Primer Premio Nacional de Poesía 2011, realizado por el Encuentro de Mujeres Poetas de Antioquia. Podrán leer más artículos de su autoría en el blog "El Hilo de Ariadna" que actualiza en El Espectador.com

Fractales
Berta Lucía Estrada

Berta Lucía Estrada Estrada (Manizales). Estudios: Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana, una Maestría y un Diploma de Estudios Profundos (DEA) en literatura, en la Universidad de la Sorbona (París- Francia), una Especialización en Docencia Universitaria en la Universidad de Caldas, un Diplomado en Historia y Crítica del arte del Siglo XX y un Diplomado en Cultura Latinoamericana. Soy librepensadora, feminista, atea y defensora de la otredad. He publicado nueve libros, entre ellos La ruta del espejo, poesía, Editions du Cygne (Francia-2012), en edición bilingüe, Náufraga Perpetua, ensayo poético, Ediciones Embalaje-Museo Rayo, 2012, ¡Cuidado! Escritoras a la vista..., ensayo literario sobre la mal llamada literatura de género; y el ensayo sobre literatura infantil y juvenil ... de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos. Docente universitaria en las áreas de lengua francesa, literatura hispanoamericana y francófona en la Universidad de Caldas; conferencista internacional y profesora invitada en universidades de Brasil y Panamá. He dado recitales de poesía en Colombia, Brasil, Francia, Panamá, Polonia y Alemania. Soy integrante de Ia Asociación Canadiense de Hispanistas y del Registro Creativo, éste último fundado por la poeta argentino-canadiense Nela Río.

Premios literarios:

Primer Premio Nacional de Poesía 2011 Meira del Mar, realizado por el Encuentro de Mujeres Poetas de Antioquia, con el libro "Endechas del Último Funámbulo", basado en la vida y obra de Malcolm Lowry.
Premio Especial, fuera de concurso, Ediciones Embalaje del Museo Rayo-2010, con el ensayo poético "Náufraga Perpetua".
2o puesto en el Concurso Nacional de Poesía Carlos Héctor Trejos Reyes-2011.
4o lugar en el XXVII Concurso Nacional de Poesía Ediciones Embalaje-Museo Rayo 2011.

Blog El Hilo de Ariadna, en www.elespectador.com
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/
Blog personal: Voces del Silencio:
http://beluesfeminas.blogspot.com
*Correo electrónico: bertalucia@gmail.com

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