Sábado, 23 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Pregunte alrededor suyo cuáles son los animales que más fascinación generan en la Costa Caribe, cuáles son los que más llaman la atención del visitante, y seguro que la iguana aparece en las primeras posiciones (junto con el mono aullador, las tuquecas y otras aves originales).

La iguana es un animal maravilloso, venido de otra era, que seduce por su parsimonia e indiferencia, y vive en lo alto de los árboles buscando frescura y tranquilidad. Un ser de paz en busca de la sombra y el anonimato.

El carácter esquivo de la iguana es ya famoso. No molesta y no quiere que la molesten. Y sin embargo, eso parece ser un argumento para que nosotros, seres humanos, la sigamos malinterpretando, vilipendiando y maltratando.

Observen cada etapa de su existencia, cada momento de su día, y comprobarán que la iguana es un ser de paz amenazado por su nobleza. Es un reptil herbívoro parecido al camaleón, que cambia tres veces de color durante su vida: verde de pequeña, gris de adulta y rosado-naranja en su etapa de reproducción (para el macho).

Es lo más parecido a un dinosaurio –pero inofensivo y de un tamaño mucho más pequeño– debido a una fila de crestas firmes que sobresalen de su nuca y llegan hasta su cola. Su modo de defenderse también es una audaz maniobra pacífica: suelta un pedazo de su propio cuerpo a un enemigo para que se distraiga y así lo engaña haciéndole creer que se trata de una serpiente. Una nueva cola le vuelve a crecer varios días después.

En un principio, los primeros conquistadores y misioneros españoles la diabolizaron. La iguana era el animal más cercano a Satanás por su aspecto monstruoso y repugnante, por sus garras y uñas, su lengua y su cola.

Luego, las poblaciones autóctonas y una gran parte de la población de la costa colombiana la integraron a su dieta cotidiana, amenazando seriamente su equilibrio y el de todo un sistema natural.

Hoy seguimos matándola por sus huevos y su carne sin darnos cuenta de la hermosura de este ser que ha sido testigo de toda la historia de un continente. En las afueras de La Paz (Cesar), Manaure y San Diego (Cesar) se sigue vendiendo iguanas a menos de 5000 pesos o sopas que la incluyen por mucho menos.

Investigaciones del Instituto Humboldt demuestran que en el Cesar, la Guajira, y San Andrés la iguana se come entera. Pero en Atlántico, Magdalena, Córdoba y Bolívar se consumen sus huevos y se desperdician la carne y la piel. A los huevos se les atribuyen características afrodisíacas.

En el Cesar y la Guajira se puede conseguir (en contra de las normas), el plato de iguana por 15.000 a 25.000 pesos. Pero lo preocupante es la venta de huevos porque las iguanas hembras son atrapadas y abiertas sin anestesia ni condiciones de salubridad medianamente adecuadas, por personas que las dejan abiertas en algunos casos.

La mayoría son dejadas a su suerte, infértiles y con infecciones, porque las rellenan con piedras y basura, de manera que no les quedan casi probabilidades de sobrevivir (y  si tienen suerte, recibirán un par de rústicas puntadas que les permitirán sobrevivir por un tiempo, aunque sin posibilidad de reproducirse de nuevo).

La iguana iguana (o iguana verde) es una especie que está incluida en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, sus siglas en inglés) en el Apéndice II.

En la actualidad está totalmente prohibido matar o aprovecharse de ella, o de alguna parte de su cuerpo. Y eso debe ser conocido de todos para preservar a este digno y pacífico representante.

 

PanoramaCultural.com.co 

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