Sábado, 21 de oct de 2017
Valledupar, Colombia.

Decir mentiras está aceptado socialmente y los padres tienen muchas dificultades con sus hijos porque tienden a ser mentirosos. Sin embargo, lo que podemos observar es que los adultos son normalmente los que enseñan a los niños a mentir, es como si las mentiras fueran necesarias para ser adultos o como si decir la verdad no fuera correcto.

No se nace siendo mentiroso, es algo que se aprende del entorno o que se crea interiormente con la intención de cambiar la realidad.

La palabra tiene poder y con cada uno de nuestros actos estamos enseñando cómo afrontar las situaciones. Por ejemplo, si estoy en casa y viene a buscarme una vecina que no soporto, le digo a mi hijo en voz muy baja, “dile que no estoy, que salí a comprar algo”. En la medida que les pedimos a los niños que hagan esto por nosotros, los adultos estamos mostrando a los niños cómo manejar las situaciones.

En múltiples ocasiones, escucho a personas plantearse el objetivo de sólo decir la verdad y, cuando sienten que es necesario, dicen “una mentira piadosa” es como si las pequeñas mentiras no fueran mentiras y sí lo son.

Hablar de mentiras y verdades es un verdadero problema, porque cada persona ve las cosas desde su propia perspectiva, vive una escena de forma diferente e interpreta las cosas igualmente de forma diferente, pero mentir no es solamente decir algo que "no es" sino que también es simular, intrigar o fingir.

Entre las mentiras diarias están por ejemplo:

- ¿Cómo estás? Bien gracias, (aunque se sepa que no es así).

- ¿Por qué llegas tarde? Había mucho tráfico (aunque sea porque se quedó dormido)

- ¿Quién hizo esto? Yo no fui (aunque la verdad sea otra).

Decir mentiras no sólo afecta a tu entorno inmediato, familia, trabajo, amigos, sino que también afecta la confianza en ti mismo. Empiezas a sentir que no eres capaz de decir la verdad y eso baja tu autoestima por no lograr hablar.

No se debe confundir al mentiroso que inventa mentiras para defenderse o protegerse –con una finalidad-, del mitómano, que recrea la realidad y en el que prevalece el carácter impulsivo de mentir.

La palabra mitomanía la comenzó a utilizar el profesor francés Ernest Dupré, hacia 1900, viene del griego “mythos” (mentira) y “manía” (compulsión), que consiste en mentir de forma patológica, falseando la realidad para hacerla más soportable.

La mitomanía se califica como tal cuando alguien miente continuamente sin medir los alcances de su mentira, lo que le permite hacer un poco más llevadera su existencia ante una situación muy devaluada de su autoestima o por tener pretensiones muy altas, y llegar a ellas, sin importar a quién daña.

La mitomanía es un problema que suele afectar también a personas con un nivel bajo de autoestima: mienten para sentirse importantes y porque no tienen habilidad para comunicarse bien con los demás. Consiguen llamar la atención a través de la exageración o de la invención de historias o anécdotas.

A continuación te doy unos consejos para que dejes de mentir, practicando los siguientes ejercicios:

- Establece la causa primordial de tus mentiras. Pregúntate qué ocultan tus mentiras. Algunas personas que tienen el hábito de mentir tienen poco autoestima, lo que los lleva a inventar historias para hacerse parecer más grandes de lo que son. Sé honesto contigo mismo.

- Recuerda que decir la verdad es mucho más fácil que mentir, al decir una mentira generalmente tienes que pensar en todos los aspectos para que esa mentira no sea descubierta, esto es demasiado trabajo para tu cerebro, simplemente di la verdad.

- Protege tu reputación diciendo la verdad. Si dices la verdad tus compañeros, amigos y familiares tendrán más confianza en ti y serás merecedor de su cariño y afecto.

- Empieza poco a poco. La próxima vez que alguien te pregunte “Mira Margarita lo delgada que estoy y lo bien que me queda este vestido rojo… ¿Te gusta?” y en realidad es un vestido horrible, puedes responder refiriéndote a cualquier cualidad que tenga el vestido, por ejemplo, “Me encanta su color” o “Parece de muy buena calidad” o “Nunca había visto un vestido igual” ¿Dónde lo compraste?”. De esta manera no dañarás los sentimientos de la otra persona.

-  Acepta valientemente los castigos por decir la verdad: a veces cuando decimos la verdad lo único que recibimos es un castigo. Por ejemplo en el colegio cuando tu profesora te pregunte “¿Por qué no hiciste la tarea?” le puedes responder “¿Podría hablar en privado con usted profesora?”, y cuando estén a solas dile: “No hice la tarea porque me quedé toda la tarde viendo un programa de televisión, se que debí hacer la tarea y ahora quiero cambiar mi comportamiento por eso no le he dado ninguna excusa y le estoy diciendo la verdad. Me gustaría mucho que usted me de algún consejo para priorizar mi deberes en lugar de distraerme.”

¡Buen Viento y Buena Mar!

 

Maira Ropero

@MairaRopero

Bien estar
Maira Ropero

Maira Ropero (Valledupar). Psicóloga de la Pontificia Universidad Javeriana especializada en Psicología Clínica (Universidad Autónoma de Barcelona, España) y Coach de vida. Máster en Programación Neurolingüística y Doctora en hipnosis clínica.

Su columna semanal “Bien estar” ofrece reflexiones para mejorar la salud mental y disfrutar de cada instante. Es un espacio idóneo para el crecimiento personal y el fortalecimiento de un liderazgo inspirador.

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