Lunes, 19 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

 

El “Nacimiento”, también llamado el Portal, el Pesebre” o el Belén”, es uno de los símbolos más clásicos de la Navidad en Iberoamérica. Se dice que fue san Francisco de Asís (1181-1226) el que propagó esta sugerente iniciativa para ayudar a comprender el misterio entrañable del nacimiento del Hijo de Dios altísimo.

Recuerdo que el pesebre se armaba a más tardar el 15 de diciembre por la tarde, pues al día siguiente (16) éste debía estar listo, completo para iniciar juiciosa y fielmente el rezo de la novena.

Algo singular de mis pesebres en casa es que no había pastores como los pintados en la época de Jesús, al menos no recuerdo que los hubiera. Lo particular de las figuras de los personajes hechos en un plástico colorido y fino, era que ya estaban en una pose definitivo (inclinadas o arrodilladas adorando al niño), es decir, estaban concebidas para ser dispuestas directamente en el pesebre, y por eso al verlos en camino en tales posiciones daban la intención de estar siempre descansando, pero avanzaban.

Los nombres de los reyes magos nos causaban desconcierto, cuestionamientos y risa, pues nadie sabía distinguir con claridad quién era el uno o el otro. En algo todos estaban de acuerdo, al menos en mi casa, el negro o moreno era Melchor, pero nos equivocábamos, pues otros decían que era Gaspar, y otro Baltazar. Siendo joven escuché llamar a los 3 reyes jocosamente como “Malhechor”, “Caspa r” y “Va saltar” reflejando desde ya la incredulidad y frivolidad que se experimentaba ante los asuntos devotos, de piedad y religiosos.

Debo decir que indudablemente mi vocación sacerdotal tuvo su origen en el rosario de mis abuelos, la novena familiar y las charlas que los padres daban en semana santa a los niños. Personalmente, siempre me impactó la realidad del pesebre y esa novena tradicional que hacíamos cada año desde el 16 de diciembre hasta el 24 por la noche. Una novena que parece nos llegó procedente del Ecuador.

La novena fue creada por Fray Fernando de Jesús Larrea nacido en Quito en 1700 y quien después de su ordenación en 1725 fue predicador en Ecuador y Colombia. Fray Fernando la escribió por petición de la fundadora del Colegio de La Enseñanza en Bogotá doña Clemencia de Jesús Caycedo Vélez.

En el siglo XIX, la madre María Ignacia, religiosa de La Enseñanza (su nombre era Bertilda Samper Acosta) e hija de dos literatos (Don José María Samper y Doña Soledad Acosta) la reformó y compuso los denominados ‘gozos’. Según el padre Carlos Augusto Mesa, esta tradición es tan colombiana, que prácticamente es desconocida en otros países.

La novena de aguinaldos ha pasado de generación en generación sin grandes cambios, sin embargo, en los últimos tiempos se ha tratado de adaptar la terminología a una más moderna que permita entender más fácilmente su mensaje.

Personalmente, en mi espíritu de niño resonaban varias palabras y expresiones que solo con el paso del tiempo llegaría a comprender:

“Benignísimo Dios de infinita caridad “,
“Os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.”

“¡Oh dulcísima madre! Comunicadme algo del profundo recogimiento y divina ternura con que aguardasteis Vos”

“¡Oh Santísimo José!, esposo de María y padre putativo de Jesús”.

“El pecado de Adán había ofendido a un Dios y esa ofensa infinita no podría ser condonada sino por los méritos del mismo Dios”, (día primero)

“La novena de aguinaldos”, como la conocemos es casi que una tradición exclusivamente colombiana, con arraigo también en Venezuela y Ecuador, pues en México y otros países se hacen “las posadas” que contienen el mismo objetivo y se desarrollan durante los 9 días antes de la navidad.

Queridos amigos, familiares, lectores, les invito a no dejar morir nuestra bella tradición-dupla pesebre-novena, inculquemos en nuestros hijos, en nuestros niños y adolescentes esta bella costumbre…

 

Gustavo Quiceno Jaramillo

 

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