Lunes, 21 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

Juan Gelman Desde el momento de su publicación, Violín y otras cuestiones [1] tuvo una buena acogida por parte de la crítica. El texto aparece en un momento de euforia en Argentina donde también se viven los estertores de las dictaduras latinoamericanas; en medio del fuego, la sangre y la muerte, irrumpe Juan Gelman [2] con “su violín”, quizá con la idea de apaciguar el sonido belicoso de la violencia.

Es pertinente decir que Gelman junto a otros jóvenes argentinos crearon el grupo “Pan duro” y publicaron la revista muchachos en la que dejaron ver sus principales motivaciones y preocupaciones al momento de escribir. La primera publicación fue impulsada por el gran poeta argentino Raúl González Tuñón quien destaca en el prólogo que Gelman es “un poeta con acento personal” que deja de ser una promesa para convertirse en una “vehemente realidad”, dos verdades confirmadas hoy.

Si algo caracteriza el primer trabajo de Gelman es que está construido con una palabra sutil. Se evidencia en él la mediación de un YO poético que analiza la realidad real y la lleva al plano del lenguaje donde sufre una reestructuración estética hasta construir un discurso que exalta la cotidianidad como principal mecanismo de interacción con los otros.

Se observa, también, cómo esa voz camina y toma autonomía para distanciarse del poeta, mostrándonos esa cotidianidad en diferentes planos: el discurrir del hombre y las cosas, y todos aquellos problemas capitales de la condición humana: la barbarie, la frustración y la muerte. Además, hay una marcada tendencia por identificar algunos de los problemas sociales que desde siempre han atormentado al hombre: el abandono estatal, la agonía existencial y la injusticia. Por eso aseveramos que Violín y otras cuestiones es un poemario mayoritariamente lírico si asumimos que en la lírica prevalece la visión permanente de un YO que expresa la visión de un sujeto que habla de sí y desde sí (Navarro Rosa: 1998), y ese carácter lírico sobrepasa lo romanticista y se centra en la observación de ese YO poético que nos devela algunas de las preocupaciones específicas del poeta.

Planteamos aquí que Gelman crea una voz alterna —no muy distante de él— que nos revela sus principales preocupaciones estéticas e ideológicas [3]; es así como podemos reconocer su toma de posición frente a algunos aspectos puntuales. De hecho, Raúl González Tuñón dice al respecto: “En su libro palpita un lirismo rico y vivaz y un contenido principalmente social, pero social bien entendido, que no elude el lujo de la fantasía” y asegura que en muchos poemas el poeta argentino da “un toque de solidaridad con los dolores y las esperanzas de otros pueblos”. Los dos elementos señalados por González Tuñón estarán presentes en muchos de los libros publicados posteriormente por Gelman con lo que se ratifica esta hipótesis inicial.

Es claro que Juan Gelman estructura su proyecto estético apuntándole a una poética comprometida pero sin sacrificar la estética del lenguaje, entendida ésta como la acumulación de los elementos que permiten “mirar el mundo como propósito de armonía” (Sepúlveda: 2003, 28). Su percepción de la ciudad y la visión que tiene de la sociedad moderna y la vida se verán presentes en toda su obra. Una poesía atravesada por la música, los silencios, la urbe, la naturaleza y una permanente indagación por algunos de los temas capitales del hombre: la soledad, el amor, la muerte, el tiempo y la tristeza. Una poética en la que existe un desdoblamiento de la voz de Gelman que se nombra así mismo, como sucede en el poema Oficio (V 59): Quién me manda, te digo, siendo un juan,/ un juan tan simple con sus pantalones o en este sin título (61)“y tan juan como suelo entré a la calle”.

A la par de ese marcado lirismo —presente no solo en su primer libro sino en posteriores— se puede percibir todos los elementos que Benedetti (1981) reconoce en los que él llama los poetas comunicantes. Según Benedetti, “la preocupación de la actual poesía latinoamericana se centra en comunicar, en llegar a su lector, en incluirlo también a él en su buceo” (p, 16).

Una poesía que comunica

Violín y otras cuestiones asume la postura de un poeta sencillo que se aleja de los elementos retóricos para encarar las situaciones de la cotidianidad argentina. A él no le parece interesar la idea del poeta como agente observador de la naturaleza sin entrar a participar de los conflictos sociales y la problemática en la que se encuentra inmiscuido el ser humano, tal como los poetas románticos.

Más bien, se muestra preocupado por explorar la naturaleza humana y poner de relieve los principales problemas que lo atañen. O dicho de otro modo, Gelman es un poeta que comunica sus percepciones a través de un lenguaje estructurado desde su propia experiencia.

Todo eso en concordancia con lo planteado por Villegas (1976) para quien la poesía “es un acto de comunicación en el cual el poeta a través de la voz poética —que denominamos yo poético o hablante lírico— nos dice algo acerca del mundo o de sí mismo” (p. 21) ¿Acaso no es eso lo que hace Gelman en Violín y otras cuestiones?

Poetizar la política o politizar la poesía

Decía Aristóteles que el hombre es un animal político por naturaleza. Muy a pesar de la tendencia de animadversión que se tenga contra la política siempre se estará involucrado en ella de una u otra manera. Más aún la literatura, que se ha constituido en una forma plena de hacer explícitas las opiniones sobre diversos temas. Es decir, toda literatura es en sí política en la medida que permite conocer de manera tácita o abierta la visión de mundo del creador.

Los poetas comunicantes, en su mayoría, expresaban una abierta defensa por el marxismo al considerarlo una forma de alcanzar la igualdad y la libertad. El caso puntual de Gelman nos permite descubrir que todo ese capital político suyo está presente, no solo en su primer libro, sino en toda su obra. De hecho, él mismo lo reconoce: “otro elemento que ha estado presente en mi obra, ha sido el social y político. De muy joven, entré a militar políticamente”. Pero, ¿Cómo no hacer que esa visión política plague la estética? ¿Hasta qué punto la conciencia de lenguaje de Gelman está protegido contra manifestaciones panfletarias y un discurso sobrecargado de arengas y mamertismo? Eduardo Milán [4] (Gelman, 2005) nos ayuda a comprender este punto:

Pero la conciencia política en esta poesía —y si todavía hubiera que hablar de méritos en la poesía de Gelman— nunca estuvo separada de la conciencia estética y creativa del lenguaje. No se trató nunca, desde muy temprano, de traducir al poema los enunciados de un discurso político ni convertir el poema en proclama: el acto de Gelman siempre creó las circunstancias, desde el lenguaje, para que el poema pudiera hablar de lo político. Lo político, entonces, no como ingrediente temático sino como acontecimiento dentro del poema (p.9-10)

Gelman sabe, como Atahualpa, que el poeta debe fijar su “mirada” en temas concretos. “De tanto mirar la luna ya nada sabes mirar” es la sentencia que el poeta indigenista argentino les recuerda a los otros escritores que están a espalda de la cotidianidad. Con este pronunciamiento Atahualpa Yupanqui resumió el papel, más allá de lo estético, que todo poeta debe asumir frente a las realidades sociales. Y Gelman parece entender que el compromiso del escritor no es solo con la palabra y con la esencia de la poesía como realidad de pensamiento, sino que el poeta es la voz de su tiempo, y por ende debe poner de relieve desde una estética particular la realidad real en la que se circunscribe; dar testimonio de la historia para condensarla en el universo mismo del poema.

Con relación a la importancia de lo histórico en el quehacer artístico, tocaremos dos hechos significativos en la historia de Argentina y el mundo. El primero al que haremos referencia tiene que ver con la controvertida ley expedida por el Congreso argentino en 1902 y que se conoció como la Ley de Resistencia, que es referenciada por Gelman en su poema Un viejo asunto (V 47). Una ley que maltrató durante varios años a los extranjeros que buscaban asilarse o exiliarse de Argentina; una ley que disolvió organizaciones sindicales que propendían por defender la dignidad de los trabajadores; una ley, que supuestamente defendía el patriotismo y el nacionalismo de los argentinos; sin embargo, para el argentino Gelman era una ley descabellada.

Y la explicación no es otra que la respuesta del poeta, de su experiencia interior, como “inmigrante”. A pesar de que Gelman nació en Argentina era hijo de unos judíos ucranianos que decidieron emigrar a América en busca de mejor fortuna. Ese hecho histórico que podría ser simplemente ignorado por tratarse de un hecho pasado, es recordado por Gelman quien, con un discurso nostálgico, da su versión del asunto: Fue a principios del siglo./ La ciudad se ponía los pantalones largos. De repente, los inmigrantes se toparon con la expulsión, con otro desarraigo: mientras los inmigrantes descendían/ con pantalones castigados. Y enseguida, nos muestra la presencia de todo tipo de inmigrantes que arribaron a la argentina a finales del siglo XIX y principios del XX: Aquí vinieron italianos, turcos,/ árabes, rusos, búlgaros, judíos,/ eslovacos, polacos, españoles,/ con los dedos del hambre en la mejilla/  con la lágrima seca sobre el pómulo,/ con las espaldas hartas del fusil,/ del knut, del palo policía. Argentina era según esta versión de Gelman, una patria con las puertas abiertas, multicultural y plurilingüista.

Cada uno de esos ciudadanos llegaron y construyeron casas,/ relojes, sillas, lápices, pañales,/ empuñaron la reja… aquí vinieron/ y edificaron días, esperanzas, árboles, hijos. Pero toda esa esperanza empezó a derrumbarse cuando legó una ley cruel: “Queda prohibido para el extranjero,/ jornalero, albañil, bracero o pobre/ pedir aumento de salario, unirse,/ luchar por su camisa (…) Tiene permiso para sufrir hambre,/ golpes y lágrimas, humillaciones (…) Puede olvidar de a poco que es un hombre,/ (…) Esta es la ley…4144./ Clavada está en el medio de mi pueblo./ Todavía golpea en lo más puro. Esa ley no fue otra cosa que una abrupta disolución de la paz de los extranjeros y los pobres que encontraron en trabajos humildes la forma de sobrevivir. Gelman a través de un breve poema, (como recordando la sentencia de Bachelard) [5], inmortaliza un momento histórico para que quede en la memoria colectiva de los extranjeros que como él tuvieron que vivir en carne propia esa barbarie.

El otro poema en el que Gelman despliega su visión humanista —y mira más allá de la luna como dice Atahualpa Yupanqui— y congela por un momento la historia para mostrarnos la barbarie es Niños: corea 1952. Este poema retrata los resultados de aquella sangrienta guerra de las Coreas donde intervino Estados Unidos a apoyar los Sur coreanos.

El poema es simplemente la voz de un niño que con rencor, recuerda los estragos de la guerra ¡Cómo duele, hermanitos,/ saberse de memoria la h de hambre/ y saberse la muerte de memoria/ y saberse a los yanquis de odio puro!(V 51.)

Hay un claro tono de odio en estas sentencias, en contra de la invasión yanqui tan recurrente. La guerra no trae más que desolación, muerte y hambruna. Y como testigos de la guerra quedan la horfandad y los nombre de unos padres que ya no están, estampados en los cuadernos: olvidar el cuaderno donde dice/ mamá con letras tiernas.

 

Félix Molina—Flórez

@felix20_06

 


[1] GELMAN, Juan (1956). Violín y otras cuestiones. Argentina. Ediciones Gleizer. Los poemas que cito son tomados solo de esta edición.

[2] Poeta y periodista argentino nacido en Buenos Aires en 1930. Ha publicado veintiséis libros de poesía den-tro de los que se encuentran Violín y otras cuestiones (1956),  Carta a mi madre (1989), País que fue será (2004), El emperrado corazón amora (2011). Ha ganado, entre otros premios, el Premio Cervantes (2007), el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (2000), y los premios iberoamericanos de poesía Ramón López Velarde (2003), Pablo Neruda (2004) y Reina Sofía (2005).

[3] Lo señalado aquí como ideología se reduce a lo político únicamente, entendiendo que Gelman tiene, en ese momento, una clara inclinación hacia el Marxismo.

[4]En el prólogo de la edición.

[5] Bachelard (1998) asume que cada poema debe ser completo en sí: “En todo poema verdadero, se puede entonces encontrar los elementos de un tiempo detenido, de un tiempo que no sigue la medida, de un tiempo que nosotros llamaremos vertical para distinguirlo de un tiempo común que huye horizontalmente con el agua del río, con el viento que pasa” (226)

Referencias bibliográficas

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VILLEGAS, Juan (1971) Estructuras míticas y arquetipos en el Canto General de Neruda. Barcelona: Editorial Planeta

 

Acerca de este ensayo: El artículo “Juan Gelman y la apuesta por una poesía comunicante” corresponde a un fragmento de un estudio académico más amplio del escritor Félix Molina-Flórez titulado “Violín y otras cuestiones: la apuesta por una poética comunicante” y adaptado para su publicación en PanoramaCultural.com.co

Piedra de sol
Félix Molina Flórez

Félix Molina Flórez (Valledupar 1986). Docente, promotor de lectura y bibliotecario. Ha publicado algunos textos poéticos, narrativos y ensayísticos. La columna "Piedra de sol" es un espacio donde se abordan temas relacionados con la literatura, la cultura y las artes en general.

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