Lunes, 11 de dic de 2017
Valledupar, Colombia.

Marianne Sagbini La cotidianidad y el costumbrismo son piezas claves para describir el proceso pictórico de Marianne Sagbini, una artista plástica vallenata que descubrió en sus raíces culturales el punto de partida para su propuesta creativa, la cual aúna el color y la forma con la naturaleza social de una obra gestada a través del tiempo.

Marianne Sagbini se descubrió como artista en su tierra natal, rodeada por los sonidos y las manifestaciones culturales propias de la región vallenata, las cuales vendrían a verse reflejadas más tarde en sus pinturas y en toda su trayectoria artística.

A partir de su perspectiva y haciendo caso a su intuición, Marianne empezó a recoger lo que veía en las calles. Los vendedores ambulantes se convirtieron, inicialmente, en un tema recurrente dentro de su trabajo creativo. Los canastos de las mujeres palenqueras representaban la pesada labor que desempeñaban pero, al mismo tiempo, proclamaban el orgullo que ellas sentían por la realización del mismo.

“Me parecía impresionante como una persona, de una forma tan humilde, sacara adelante a toda una familia. Empecé a pintar a las palenqueras, a las vendedoras de alegría, a los emboladores y a toda esa gente que tiene un oficio informal pero que hacen de éste una labor de vida”, expresa Marianne.

Luego de pasear su pincel por temáticas relacionadas con el diario vivir de los habitantes de su tierra y de las historias de vida que iba descubriendo en el camino, la música se convirtió en su inspiración. Desde la gran pasión que profesa por la misma, fue acercándose a las costumbres vallenatas y caribes a través de los ritmos que, en cierta manera, como ella misma dice, marca las directrices de la identidad costeña. “Mi pintura comenzó a ligarse con la idea de mostrar la idiosincrasia, nuestro folclor, nuestras costumbres, el colorido y la alegría de la costa”, señala.

Acordeones, cajas y guacharacas empezaron a aparecer, poco a poco, en su obra, llenando sus lienzos de esa alegría que describe y que también se ve reflejada, abundantemente, en los trabajos que presentan el Carnaval de Barranquilla como un acto mágico y auténtico.

Su proceso artístico se parte en dos cuando viaja a los Estados Unidos en el año 2001. Una situación familiar la llevó hasta el país norteamericano donde inició una obra llamada ‘Fragmentaciones’, la cual pretendía enfatizar en su sentimiento de tristeza y nostalgia frente a la lejanía y el desarraigo.

“Era como romper con mi cultura y con todo aquello de lo que yo creía que era imposible renunciar. ‘Fragmentaciones’ fueron las mismas obras culturales y costumbristas que realizaba con anterioridad, pero cortadas o hendidas. En esa época convivía con una cultura diferente a la mía, una cultura más frágil. Sentía que nosotros (los colombianos) estamos hechos para toda la vida y que ellos están hechos para los cambios”, explica.

El proceso de adaptación a una nueva cultura, la batalla frente a la hibridación inminente y la necesidad de apegarse fielmente a sus raíces la llevó a la abstracción. Sus sentimientos y emociones se convirtieron en mancha.

Plasmó los espacios personales de reflexión en sus cuadros y los condujo hacia las claves abstractas con las que ella misma se describe. Gradualmente, dejó atrás la etapa figurativa y dio paso a la expresión profunda, casi psicológica.

Ese mismo fenómeno la guió para emprender un proceso social basado en la recuperación de los valores, las tradiciones y las costumbres que tanto anhelaba en ese momento. El hecho de vivir en una sociedad diferente, con otra visión del mundo, hizo que Marianne fijara su mirada en los lazos que, gracias a los medios de comunicación y a la globalización aprehendida de una manera errónea, estaban desapareciendo.

“Siento que copiamos a la sociedad americana. Asimilamos todo lo que nos dan, ‘tragamos entero’, nos volvemos consumistas y dejamos de lado nuestra autenticidad. Dejamos de ser nosotros mismos para convertirnos en unos imitadores de una sociedad a la que no pertenecemos.”, explica la artista plástica, quien vio en los juegos tradicionales la mejor manera de restablecer esa identidad relegada.

Fue allí cuando nació el movimiento ‘Juego-Arte’, una propuesta que conjuga los dos conceptos que componen su nombre, ligados a elementos sociológicos, terapéuticos, humanísticos y lúdicos, con el fin de darle valor a la convivencia con el entorno, la vida los afectos, la familia y, por supuesto, las costumbres.

Actualmente, el proceso completa seis años, tiempo en el cual Marianne ha buscado acercar a los niños a las tradiciones de antaño, al igual que a la creatividad y a la socialización.

“La idea es reconstruir esas cadenas que se han roto, precisamente, por el hecho de querer ser otros. El respeto, la credibilidad, la respetabilidad y la tolerancia, hacen parte de esas cadenas que están interrelacionadas y que, finalmente, son la base de todo”, indica.

Para ella, el juego ha sido el medio más asertivo para ensamblar, nuevamente, esas cadenas a las que se refiere, pues, según los resultados de la propuesta, la cual ha sido llevada a cabo en Miami, Nueva York, Nueva Jersey, entre otras ciudades, el juego crea unidad, competencia sana y valoración del reto en pro del sano crecimiento.

“El juego contribuye a los pequeños en todos los sentidos: a ser mas formativos, disciplinados, integrales y éticos, cultivando valores como el respeto, la dignidad, la confianza y la fe. Contribuye también a la convivencia, la cual es esencial en estos momentos, pues nuestro país está fragmentado por la violencia y la agresividad, y cuando hay agresividad no hay crecimiento”, puntualiza.

Marianne asegura que ve un futuro prometedor para su iniciativa gracias a los resultados positivos que esta ofrece, por lo que espera poder presentarla en Valledupar próximamente para que los pequeños cesarenses también puedan beneficiarse de un proceso que busca conectar las nuevas formas de comunicación e interacción de las nuevas generaciones con las tradiciones de nuestros ancestros.

Es así como toda la obra de Marianne Sagbini, desde lo figurativo de sus comienzos hasta los proyectos socioculturales de desarrollo que lleva a cabo en la actualidad, están trazados por una consigna viva y llena de fuerza: la reactivación de las tradiciones y costumbres que abundan en nuestra región y que son esenciales para conocernos como pueblo, para saber quiénes fuimos, quienes somos y hacia donde nos dirigimos.

 

Milagros Oliveros

@Milakop

Ágora
Milagros Oliveros

Milagros Oliveros Cordoba. Vallenata. Comunicadora Social interesada en la divulgación de la cultura y las artes colombianas, y en la investigación de la compleja relación entre comunicación, cultura y tecnología.

Con el objetivo de ampliar mis conocimientos y descubrirme como comunicadora social y periodista, he trabajado en distintos medios masivos a lo largo de mi carrera, participado en procesos de comunicación para el desarrollo y en proyectos de investigación sobre comunicación y cultura. Este viaje por los diferentes campos de la comunicación me ha servido para confirmar mi pasión por la escritura y la investigación. Veo el periodismo como un género literario y siento que, a través de crónicas, reportajes e historias de vida, muestro el reflejo del mundo a los lectores que, en última instancia, son los que pueden identificarse con mis textos. Eso es lo que me mueve como periodista.

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