Sábado, 29 de abr de 2017
Valledupar, Colombia.

Con el inicio de la nueva temporada escolar –tanto para niños, niñas y adolescentes–, es importante plantear la necesidad y el compromiso de garantizar una educación con equidad de género para formar personas con miradas más justas y democráticas acerca de la realidad social, e incentivar investigaciones sobre la situación de las mujeres y las niñas.

Es trascendental una eficiente labor educativa desde edades tempranas para sensibilizar a más estudiantes que no saben nada de género o equidad, y no sólo a quienes ya tienen algún interés por estos temas.

Las aulas de clases son un contexto definitivo para la identificación de los primeros síntomas de la violencia, ya que educar en la equidad previene la violencia de género.

Desde las aulas se puede fomentar la eliminación del falso mito del amor-posesión y fomentar relaciones afectivas basadas en la igualdad, la libertad y el respeto, permitiendo a los y las adolescentes replantear su cotidianidad y transformarla en función de la equidad; promoviendo no solamente buenas prácticas feministas, sino también, fomentando las nuevas masculinidades para estar mejor preparadas y preparados para interactuar con la sociedad.

Por lo tanto, el espacio educativo junto a los y las docentes son un binomio perfecto para romper estereotipos de género, siendo clave en el desarrollo de los valores de los menores.

Desde las aulas de clase se debe promover el cambio, otorgando a las y los estudiantes los conocimientos para acercarse a la realidad y reconstruirla desde una perspectiva de género, para comprender e interpretar el mundo que nos rodea teniendo en cuenta que la equidad de género es un derecho humano, y que las inequidades estructurales y las relaciones desiguales de poder hacen que las mujeres y los hombres no gocen de los mismos derechos.

Presento a continuación algunas ideas* dirigidas a las maestras y maestros para transformar la vida en nuestras escuelas con una renovación pedagógica.

-Empecemos con nombrar en femenino y en masculino, incorporar la historia y los saberes de las mujeres, reconocer y valorar a las alumnas, las maestras y las madres en las escuelas.

-Ofrezcamos todo tipo de juegos y juguetes.

-Invitémosles a que investiguen nuevos papeles y situaciones, animando a que jueguen tanto a las casitas, como al balón, a pintarse, a bailar.

-Pongamos a su alcance distintos tipos de cuentos, distintas imágenes que presenten a niños, niñas, hombres y mujeres, en situaciones parecidas o como protagonistas no estereotipados.

-Ayudémosle a que expresen todos sus sentimientos (llorar, reír, ser dulces o rebeldes).

-Evitar frases como: “los niños no lloran” o “ésas son cosas de niñas”.

-Intentemos dirigirnos a niñas y niños con el mismo tono de voz, usando expresiones parecidas. Evitemos el uso de diminutivos e infantilismos al dirigirnos a las niñas (¡que mona eres!, ¡pareces una princesa) y expresiones prepotentes  al hablar con los niños (¡estás hecho un machote!).

-Animemos a las niñas a que corran, se muevan, ocupen más espacios, jueguen al aire libre con otros niños y niñas (actividades físicas y de equipo).

-Propongamos a los niños juegos tranquilos, reposados y caseros.

-Hagamos que niñas y niños participen en tareas domésticas en forma equitativa (poner o recoger la mesa, ordenar los juegos).

Esta última orientación co-educativa suele vincularse con la familia y el hogar, sin embargo, la escuela tiene también entre sus fines dotar a los alumnos de las capacidades y destrezas que permitan un desarrollo personal autónomo e independiente.

*Ideas tomadas del libro “Aprendamos a compartir- guía didáctica de educación no sexista”, www.educacionenvalores.org

 

Beatriz Ramírez David


Mundo en femenino
Beatriz Ramírez

Administradora de Empresas, egresada de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia “UNAD”, estudiante de la Maestría en Género, Sociedad y Políticas en Prigepp-flacso. Cuento con habilidades y competencias que me han permitido desarrollarme en las áreas de gestión humana, en los sectores públicos y privados. Con capacidad de liderazgo y trabajo en equipo; con amplia experiencia como facilitadora en temas de Género, empoderamiento de las mujeres, igualdad de derechos e Inclusión Social, manejo de personal y trabajo social con comunidad en alto riesgo de vulnerabilidad.

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