Jueves, 30 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

Cañaguate florecido En una reciente entrevista, la autora del himno de Valledupar, Rita Fernández Padilla, recordaba la sensación de crecimiento artístico que había experimentado al llegar a la ciudad que considera como “el paraíso de su alma”.

“Navegaba en el mar de la inspiración. Esa brisa fresca del Guatapurí… Todo llegaba a mí con ese esplendor”, nos explicó.

De una manera parecida, poco antes del lanzamiento de su obra “El lápiz del caracol”, el docente y biólogo José Atuesta Mindiola patentaba esa relación estrecha que existe entre Valledupar y  la poesía.

“La poesía es popular y, si en esta región del país gusta la música vallenata, en el fondo, es por la poesía. Las canciones transmiten amor, sentimiento, el apego a la tierra”, sostenía el poeta.

Finalmente, y de manera más reivindicativa, el joven poeta William Jiménez se expresaba sobre la importancia de la poesía como una forma de evidenciar un sufrimiento o un silenciamiento. La poesía era para él: una forma de acción y de subversión.

“La poesía no aspira al silencio, la poesía lo rompe, y opone el decir, el cantar de lo desconocido, de lo negado”, manifestó William.

Estos tres artistas de la palabra se oponen en su discurso, en su estilo y en su ideología, en sus vivencias y en su procedencia. Son personas que han experimentado algo muy diferente, que han recorrido un camino único y, sin embargo, comparten algo que les hace muy próximos: el gusto por la poesía.

Valledupar les ha ofrecido un escenario para expresarse, para denunciar o valorar el entorno que los rodea, para plasmar el fondo de sus pensamientos. Aunque separados por un abismo existencial, el discurso poético de cada uno crece en el mismo territorio con una fuerza y estética original: prueba de que la poesía es universal y de que, en un mismo territorio, la diversidad de pensamiento puede existir sin violencias ni mayores animadversiones.

Desde PanoramaCultural.com.co es esta belleza expresiva que valoramos, ese pensamiento poético, rebelde o complaciente, esa inconformidad o sublimidad de la palabra, porque ahí radica el alma de Valledupar.

La ciudad es patrimonio, historia, economía, pero también y sobre todo, una vasta masa de personas que comparten existencias y pensamientos muy diversos. Hagamos de este espacio un lugar más ameno. Hagámoslo  con poesía.

 

PanoramaCultural.com.co


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