Sábado, 25 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

La celebración del natalicio de Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura, se convierte en la excusa perfecta para descubrir su extensa obra literaria compuesta por cuentos, ensayos, discursos, guiones cinematográficos, reportajes, crónicas y novelas, que hacen parte de un universo único que reúne, paradójicamente, la realidad con la imaginación.

El estudio de su trayectoria narrativa devela aspectos globales y regionales que se aúnan para darle explicación a preguntas actuales sobre identidad y reconocimiento mutuo.

La imaginación como fuerza de la creación literaria

Revisando mis libros, en una tarde llena de recuerdos, me topé con algunos textos de Gabriel García Márquez, entre los que se encontraba uno que compré por pura curiosidad y que, luego, agradecería al destino por haberlo puesto en mi camino.

Se trata de ‘Yo no vengo a decir un discurso’, un compendio de escritos trazados por ese género literario que se caracteriza por permitir desarrollar un tema determinado de una manera libre y personal, para ser leído en público, pero que para García Márquez siempre ha significado “el más terrorífico de los compromisos humanos”.

Entre las páginas del impreso, que adquirí en el año 2010, encontré frases subrayadas que hace cuatro años fueron importantes para mí, pero que hoy cobran un significado aún mayor, teniendo en cuenta la evolución gradual que he tenido, no sólo como periodista, sino como lectora asidua.

Esas oraciones, demarcadas por líneas que viajan de una página a otra como las olas de un mar infatigable, hablan del Gabo que conocemos los colombianos a través de novelas, cuentos y crónicas, pero también dan cuenta de la vida, los pensamientos políticos, la ideología y la cosmovisión de un personaje que se ha convertido casi en un héroe de la patria.

El autor de ‘Cien años de soledad’, obra por la cual recibiera el Nobel de Literatura en 1982, deja ver en sus discursos la profunda preocupación que siente en cuanto a los problemas mundiales relacionados con la educación, la cultura, la ecología y la violencia.

La inequidad, los cataclismos políticos y sociales, la pobreza y la corrupción son solamente  algunos de los fenómenos que merecen la atención del novelista nacido en Aracataca, Magdalena, y que se convierten en tema central de los textos que develan sus inquietudes fundamentales como escritor y ciudadano.

Su interés se concentra, por supuesto, en Latinoamérica, una región que describe como imaginativa, creada a punta de amor, a pesar de las extremas y devastadoras situaciones que han contribuido a la construcción de su historia infausta.

‘América Latina existe’ es el título de uno de los discursos que aparece en esta publicación y en el que su autor clama por la necesidad de cambio e integración de naciones, con el propósito de llegar a una cultura de paz que salve a nuestros pueblos de la barbarie que ha sido soportada por sus buenos habitantes desde tiempos inmemorables.

Entre otros, el libro exhibe el famoso discurso de aceptación del Premio Nobel, ‘La soledad de América Latina’, en el que analiza esas problemáticas del diario vivir latinoamericano que son sorteadas a través de una cultura de resistencia, solidaridad, lucha cotidiana, fiesta, misterio y creatividad, además de la sabiduría y la expresión popular, reflejadas en la capacidad de imaginación que, como él mismo dice, caracteriza el “polilingüismo continental”.

Según el escritor colombiano, ese don de imaginación creadora es lo que nos ha sacado a flote durante tantos años de opresión y dependencias de toda índole. Basta conocer la historia de El Dorado para percibir la sagacidad de un pueblo que ha sobrevivido al invasor a punta de recursos mágicos.

En ese mismo sentido, García Márquez asegura que esa especial característica es inherente de los latinoamericanos, y así lo deja ver en su oratoria: “Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. (…) todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida.”

Es innegable que Gabo hace parte de esa creatividad inagotable y de esa imaginación sin límites a las que se refiere cuando trata de definir a los nacidos en estas tierras de dolores interminables. Él pertenece a esa cultura popular de tierras conquistadas, que pretende trasmitir, satisfactoriamente, a través de sus historias magníficas forjadas, en última instancia, desde lo tangible de la realidad.

 

Milagros Oliveros

@Milakop

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