Sábado, 20 de ene de 2018
Valledupar, Colombia.

Emiliano Zuleta Llegué al centro Histórico de Cartagena de Indias al parque del centenario donde se encuentran ubicados los vendedores de libros de segunda, en busca de un encargo que le había hecho a mi amigo librero. Una recopilación de ensayos del maestro Estanislao Zuleta.

En ese orden de ideas, le pregunté por el libro y me respondió: “hombe, si me tocó venderlo, tú sabes cómo está la situación, hay es que vender”. Entendí su argumento. Casi que disculpándose, me ofreció uno disque de autor similar: “La gota fría de Luis Mendoza Sierra, vida y anécdotas de las mejores canciones de Emiliano Zuleta Baquero”. Tal vez por ello le encontró similitud con el de Estanislao: “Por el Zuleta”.

El libro no recoge los ensayos filosóficos que esperaba leer del maestro Estanislao, pero sí me dejó una enseñanza de vida. El valor de la amistad, de la honestidad. La importancia de tener un sueño claro y concreto y luchar con pujanza para alcanzarlo, venciendo grandes dificultades.

El libro está bien narrado al punto que te atrapa y no te suelta para nada, de principio a fin. Una carcajada aflora con las anécdotas del viejo Mile, contando sus pormenores y casi que una crónica de cómo llegó a componer cada canción.

El valor de la amistad sale a flote con la anécdota de su mayor rival –se podría decir así– Lorenzo morales. Luego, fueron grandes amigos y compadres.

Lo de Escalona y la Vieja Sara es caso clásico, por demás conocido.

Lo de la honestidad se percibe cuando le compone un verso al tío Francisco:

“Le vivo rogando a Dios

que me perdone mi tío,

por culpa del acordeón

que me llevé econdío.”

Siendo que cometió un delito; él, aduce que no lo hurtó si no que se lo llevó escondido. Por esta misma causa se entiende que le vino a Emiliano el valor de la honestidad, razón por la cual nunca tuvo el coraje de mentirle a Carmen Díaz, según se lee en el libro.

Aún cuando la filosofía me apasiona y ocupa, es tema de mi interés. El vallenato también. Por lo tanto este libro vino a llenar el vacío que no ocuparon los ensayos del maestro Estanislao Zuleta.

 

Waldir Pérez [i]

 


[i] Estudiante de Licenciatura en Filosofía, Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD).

Artículos relacionados

Verónica resucitada, de Carlos Orlando Pardo
Verónica resucitada, de Carlos Orlando Pardo
Hace algunos días leí el último libro del editor y escritor Carlos Orlando Pardo,...
Del sueño y sus pesadillas, de Johari Gautier Carmona o el infierno de las pateras
Del sueño y sus pesadillas, de Johari Gautier Carmona o el infierno de las pateras
En los últimos años, he vivido de cerca el drama de los inmigrantes clandestinos que...
La culebra verde
La culebra verde
El muchacho salió de la casa una tarde de agosto, fue a la única placita del pueblo,...
“Una felicidad repulsiva” gana Premio de cuento Gabriel García Márquez
“Una felicidad repulsiva” gana Premio de cuento Gabriel García Márquez
El escritor argentino Guillermo Martínez se adjudicó el pasado viernes 21 de...
El oficio de escribir, la poesía
El oficio de escribir, la poesía
“Yo escribo por la pasión de no dejarme morir” Juan Calzadilla  Escribir es...
.::Fiestas del 20 de enero en Sincelejo::.
.::Había una vez en Colombia... El Carnaval de Barranquilla::.