Sábado, 24 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

Evelio Rosero / Foto: Milton Ramírez Galardonado con el II Premio Tusquets de Novela (uno de los más prestigiosos del mundo editorial en España), el destacado escritor colombiano Evelio Rosero ha sido invitado a la Feria Itinerante de Libreros Independientes celebrada en la ciudad de Ibagué (Colombia).

En ese contexto, el autor de “Los ejércitos” dio a conocer sus posturas con respecto a la promoción de la lectura, y compartió algunas anécdotas sobre sus inicios y su vida como escritor.

¿Cómo incentivar ese gusto por la lectura en los niños?

A partir de los ocho años yo recomiendo la lectura de El Coronel no tiene quien le escriba, porque se trata de una obra de carácter universal y tan bien escrita que puede ser entendida hasta por un niño. Más que Rafael Pombo, los niños deberían leer a García Márquez y en especial esta novela; allí es donde los profesores deben esmerarse: en la elección de la obras; porque es allí donde radica la importancia en despertar un verdadero amor por la lectura.

Más que leer Marianela, de Benito Pérez Galdós, que considero una novela más bien mediocre, que yo mismo tuve también que leer en el colegio, se debería hacer una selección de grandes obras que de verdad sirvan para propiciar ese interés por la lectura: una buena edición de El doctor Jekyll y Míster HydeJack London; aunque pensando en un público de niños más pequeños yo sugiero la lectura de cómics, sin importar de qué tipo, porque todos ellos traen encima un globito con un texto que el niño tarde o temprano debe leer para poder entender las viñetas que lo acompañan.

Una de las actividades programadas por el Ministerio de Cultura dentro de la Feria Itinerante se llama El Coronel sí tiene quien le escriba. ¿Qué opinión tiene de esta estrategia?

Es una iniciativa que celebro con agrado y cuyas consecuencias serán muy positivas, porque todas aquellas que se realicen alrededor de la literatura resultan muy importantes, y a todas ellas se debe acudir para llamar la atención sobre los libros y la importancia de la lectura.

En Colombia, se descuidó ese aspecto, y los mismos profesores que son los llamados a propiciar ese interés por la lectura no suelen ser grandes lectores y ésa es una de nuestras más terribles paradojas e ironías, porque ¿cómo se puede despertar el interés en la lectura de un grupo de niños si sus propios maestros no leen? Creo que el gobierno debería invertir más en este propósito porque ahí es donde verdaderamente está nuestro futuro.

Para nadie es un secreto la importancia que tuvo en su carrera como escritor el haber recibido una serie de premios y reconocimientos literarios. ¿Qué opina de la reciente creación del Premio Nacional de Novela 2014 y el I Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez por parte del Ministerio de Cultura?

Estos reconocimientos son una ayuda importantísima para cualquier escritor, porque nosotros no vivimos del aire, como suelen creer algunos, y necesitamos de una bolsa de trabajo para poder continuar escribiendo, de tal manera que este tipo de nuevos estímulos económicos son una gran noticia, que además tiene un carácter decisivo en la tarea de incentivar nuestra creación artística.

¿Cómo comenzó ese amor por la literatura en su caso?

Desafortunadamente, no fue en los colegios donde estudié porque nunca hubo un llamado a la lectura y más bien ocurrió todo lo contrario de lo que uno esperaría: nos enseñaron a descreer de los libros.

Por fortuna, conté con la suerte de encontrar, un poco gracias al azar, en la biblioteca de mi casa muchos libros que hacían parte de la tradición literaria universal porque mi padre era un gran lector; de tal manera que, en algún momento de mi infancia en que preferí quedarme en la casa, me encontré con esa biblioteca y el asombro fue muy grande.

¿Recuerda cuál fue ese primer instante y ese libro que llamó su atención de esa manera tan especial?

Eso fue una especie de iluminación y una experiencia inenarrable de la que recuerdo estar sentado en una silla enorme y de ese sol de Pasto frío y andino que entraba por la ventana de la biblioteca de mi padre. Debía tener unos ocho años y fueron muchas las mañanas y tardes que pasé desde entonces devorando Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, que me avasalló por completo.

Lectura a la que por supuesto seguirían otros autores, como por ejemplo Emilio SalgariRobert Louis StevensonJack London; todos ellos considerados entre los más grandes de la literatura para jóvenes y en general para todas las edades marcarían mi gusto por la literatura y harían que en muy poco tiempo yo mismo tomara la decisión de dedicarme a escribir.

Borges describe una experiencia muy similar y recuerda haber tenido una particular influencia de su padre y su abuela. ¿Hubo en su caso un compañero de viaje similar?

Yo charlaba mucho con mi padre y era habitual escucharlo hablar de literatura, porque aunque se trataba de un ingeniero civil también tenía algo de artista en ese  gusto por el canto y la guitarra; de manera que aunque jamás me sugirió un libro siempre lo recuerdo leyendo, al igual que a todos mis hermanos (yo soy el séptimo de una familia de 9 todos muy lectores).

Ese solo hecho de verlos leer y ese silencio de la sala en la que habitualmente se reunían a leer ya era una invitación a la lectura; y aunque mis padres, por ejemplo, nunca me leyeran antes de acostarme a dormir (hábito que recomiendo, aunque siempre de una manera que no sea obligada) sí oía mucho a mamá porque se trataba de una gran narradora oral.

¿Alguna historia que recuerde con especial afecto de aquella infancia?

Ella solía contar historias de espantos y de duendes; nos hablaba de una monja descabezada que en otras partes se conoce como la leyenda del monje descabezado, y que incluso aseguraba ella que había visto de niña en el pueblo donde nació: San Pablo (Nariño), muy cerca de La Unión, donde nació Aurelio Arturo.

Y en esa medida ella solía describir muy bien el Río Mayo y esos paisajes que relata Aurelio Arturo, en obras como por ejemplo Morada al sur. Se trataba de una mujer con un gran talento y una gracia especial para contar todas estas historias, porque al tiempo que nos trataba de asustar antes de irnos a acostar también nos hacía reír.

Imagino que esta experiencia influyó de alguna manera en desarrollar el gusto por la poesía...

A mí me gusta mucho la poesía, e incluso a veces necesito leer más este género que la misma narrativa, porque se trata de una experiencia que a veces ha sido un detonante para mi propio trabajo; a veces incluso llego a escribir algunos poemas –aunque sin intención alguna de publicar porque no soy poeta-, porque tarde o temprano sé que terminaré incluyendo esos  versos dentro de mi propia obra.

¿Cómo llegó a esa conclusión tan radical?

Pese a que de niño incluso llegué a considerarme poeta, con el tiempo tomé conciencia de ser un narrador total (de hecho incluso hasta dejé de escribir cuentos), porque encontré que el único género con el que me siento identificado y a mis anchas es la novela.

¿En qué momento decide hacerse escritor?

En la Universidad: tenía 20 años, cursaba primer semestre de Comunicación Social y me senté a escribir es primer relato –Ausentes-, sobre la llegada del papa Pablo VI a Colombia. A partir de ese momento me he dedicado a escribir a diario y tomé esta actividad como un oficio, en el que lo primero que hago al despertarme es pensar en qué voy a escribir. No puedo concebir mi vida sin escribir y vivo en función de mi trabajo literario.

¿Qué lo motivó a tomar esa hoja en blanco y sentarse a escribir?

Ausentes es un cuento que sin embargo tiene una estructura de novela, gracias a la que comencé a  descifrar esos primeros enigmas de la creación literaria, al que seguirían relatos como Mateo soloJuliana los mira; novelas que considero de aprendizaje y en gracias a las que pude adelantar un taller a partir de mi propia creación literaria.

Quizá son obras que nunca debí publicar, y aunque ya no puedo echarme para atrás, considero que mi obra más representativa puede encontrarse en títulos más recientes como El EjeroLos ejércitosLa carroza de BolívarLos AlmuerzosPlegaria por un papa envenenado.

¿Qué papel ocupan el resto de las artes en su formación como escritor y lector?

Yo soy un profundo admirador de la poesía, y creo que en mi prosa alcanza a percibirse ese gusto sin que por ello llegue a considerarme un poeta. Me gusta también la música clásica y de hecho suelo interpretar la guitarra, la flauta y la dulzaina  a manera de hobby; de hecho esa actividad me ayudó a vivir en París porque solía tocarlos en el metro.

¿Qué papel ocupa París en la vida de los intelectuales colombianos?, ¿continúa ocupando ese papel tan importante de otra época?

Yo creo que ya no tanto, aunque hace unos treinta años sí era un objetivo y una meta que perseguimos muchos escritores de mi generación, como es el caso por ejemplo de Julio Olaciregui, con quien viajé y quien junto a otros escritores cuyos nombres ahora no recuerdo decidieron quedarse en Europa. Yo mismo me trasladé después a Barcelona.

Ahora el escritor colombiano prefiere quedarse acá e incluso esa actitud se evidencia en un movimiento cada vez más fuerte de la novelística colombiana, en el sin duda se registran grandes aportes a la literatura latinoamericana.

¿El escritor nace o se hace?

Se pueden dar una serie de parámetros desde el punto de vista de la Academia o de los talleres literarios, pero a la hora de la verdad es el escritor quien debe resolver sus propios interrogantes a través de su trabajo como escritor a solas; apelando siempre a sus propias lecturas y el sentido de responsabilidad y honestidad como escritor, en procura de alcanzar una obra de arte en la que se sienta viva la literatura y que desde luego se aleje de la mera pretensión de alcanzar fama o ganar un concurso. Eso ya es frivolidad.

 

Juan Carlos Millán Guzmán


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