Lunes, 20 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

La telenovela fue por varias décadas el producto televisivo más popular y garante de alto rating para las televisoras latinas, México es la pionera en la difusión mundial del melodrama clásico, pero Cuba es la madre de ese género descendiente directo de la radionovela, el cual de generación en generación se fue arraigando en el gusto de las distintas estirpes de televidentes, seducidas todas por la eterna historia de la humilde cenicienta y el príncipe azul.

El hoy llamado culebrón traspasó fronteras, derribó sin problema barreras idiomáticas gracias a su innata esencia de universalidad y por ahí derecho le otorgó fama y fortuna a las actrices y actores que le dieron vida a esos personajes idílicos y adorados, a los que se les rotuló como galanes y heroínas, admirados y envidiados, símbolos sexuales que marcaron las distintas épocas desde el primer día en que salió al aire una telenovela.

Se dice que la primera telenovela emitida fue la brasilera “Sua vida me pertenece” en 1950. En 1952 se lanza una propuesta en Cuba llamada “Senderos de amor”, pero “El derecho de nacer” es quizás uno de los éxitos más recordados a lo largo del tiempo, fue primero una radionovela y, al llegar la televisión, irrumpió de manera aún más “mágica” en los hogares latinos que sufrieron, lloraron y soñaron con esta historia.

“Los ricos también lloran”, “Viviana”, “Ana del aire”, “Muchacha italiana viene a casarse”, son los títulos de algunas de las telenovelas clásicas producidas en México que lograron constituirse en éxitos de sintonía a nivel latino y europeo, erigiéndose como soberanas del mercado mundial.

Cuando en Venezuela deciden producir los éxitos de la escritora cubana Delia Fiallo quizás nunca imaginaron que su telenovela irrumpiera en el mercado del melodrama con semejante fuerza, configurándose una época dorada en la que títulos como “Topacio”, “Cristal”, “Leonela”, “La dama de rosa”, endiosaron a Jeanette Rodríguez y Grecia Colmenares, tanto como a Verónica Castro y Lucía Méndez, compartiendo estas divas la admiración e idolatría de toda la fanaticada del culebrón clásico en el mundo.

El éxito de la telenovela clásica venezolana paulatinamente se fue desplomando acosado por las propuestas del género que Colombia logró forjar siguiendo patrones de la telenovela brasilera, pero con acierto se le imprimió un sello de identidad distanciado del formato clásico, logrando acaparar la atención mundial y abrirse de inmediato un pequeño, pero significativo espacio en un mercado totalmente monopolizado. Nuestro país es pionero en la producción de la llamada telenovela de ruptura, de la telenovela-comedia y ahora del tal vilipendiado formato de la narcoserie y teleserie biográfica aderezada de ficción.

Argentina y Chile, han seguido patrones de producción vanguardistas, dándole un nuevo aire al culebrón clásico, con propuestas cimentadas en un guión minuciosamente estructurado y la adopción de Plots distintos al romance, acentuando otros como la intriga, el suspenso, además escudriñan sin límites la sicología de los personajes. Brasil se ha mantenido siempre fiel y respetuoso a su esquema de producción excelso y lo mejor del asunto es que, contrario a México, Venezuela y Colombia, toman continuamente riesgos vertiginosos frente a la evolución de este formato; su gran fuerte ha sido precisamente las historias que logran mantener esa esencia universal que empatiza de inmediato con las teleaudiencias de cualquier país del mundo.

¿Cuál es el panorama actual del melodrama en Latinoamérica? Inquietante. En general, hay una encrucijada creativa generalizada que tiene auto limitadas a las grandes televisoras productoras de culebrones, hay una especie de incertidumbre que los aboca a no tomar riesgos y se limitan a invertir en propuestas ajenas que han logrado cierta resonancia en sus países de origen pero que, por lo general, terminan convertidos en descalabros.

En el caso concreto de Colombia, a los canales privados se les volvió costumbre dedicarse a adaptar formatos de Chile, Argentina y EEUU o permanecer engolosinados con el efímero éxito de las narcoseries. En México, ahora se dedican paradójicamente a producir sus propias versiones de éxitos colombianos y argentinos; en Venezuela ni hablar, con la crisis que los azota, el otrora producto de exportación se mantiene vivo con propuestas que no logran trascender ni aun dentro del mismo país, situación que ha permitido el auge de las producciones colombianas, mexicanas y brasileras ahora en la mira del Presidente dictador por considerarlas flagrantes agentes generadores de violencia.

Todo este panorama de decadencia del melodrama latino se ve reflejado en los índices de audiencia tan críticos, en el caso concreto de Colombia y, según el reporte de la firma IBOPE, el programa con mayor audiencia en la codiciada franja triple A no supera los 15 puntos de rating personas, lejos están las marcaciones gloriosas de producciones como “Yo soy Betty la fea”, “Café con aroma de mujer”, “Pasión de gavilanes” y la que batió todos los records “A corazón abierto”, adaptación de la teleserie gringa Grey's Anatomy.

Hay que rescatar el esfuerzo de las productoras como CMO, FoxTelecolombia, Teleset entre otras, que siempre procuran consolidar producciones de calidad, bajo mi perspectiva se hace prioritario rescatar el formato de telenovela colombiano de otrora, ése que se abrió paso en el monopolizado mercado del culebrón, el que nos retrata tal cual, para muestra está la acogida que ha logrado la producción “La Ronca de oro”.

Las llamadas alianzas con las cadenas Latinas, que vino siendo como una especie de TLC en el ámbito televisivo, dejó más efectos adversos que positivos. Telemundo en su afán de consolidar un producto homogéneo y universal le asestó un golpe a mansalva a la esencia de la telenovela Colombiana como tal, resultando de esa cópula creativa híbridos sin pies ni cabeza, sin identidad, salvo la excepción que marcó “Pasión de Gavilanes” que encajaría a la perfección en el esquema del culebrón homogéneo y universal. La internacionalización del talento colombiano se debe a las alianzas, único punto favorable a mi parecer.

Por lo pronto en México se seguirán haciendo refritos vitalicios de Marimar, Los ricos también lloran, Cadenas de amargura, etc…, y adaptando historias colombianas medianamente atractivas para los productores de Televisa.

En nuestro país, si no se cambian las directrices actuales, estaremos en un lapso muy corto estancados como Venezuela y dándole sitial de honor en el prime time a excelsas telenovelas brasileras.

 

Javier Hernando Santamaría

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