Domingo, 25 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

Ejerciendo libremente el sagrado derecho de aplicar la “teoría impura”, que es aquella imaginativa y cruzada de alusiones en una praxis crítica de la literatura, empleando los términos  de “narración objetiva”, donde aparece un narrador, figura o portavoz del autor, y otros hablan de “realismo subjetivo”, cuando una historia “se cuenta a sí misma”, al describir las acciones de los personajes.

García Márquez (1927–2014), emplea situaciones narrativas (o puntos de vista) que remiten al discurso de un narrador exterior a la historia. Es libre de inventar según su voluntad, expresando su individualidad; términos que, en todo caso, dependen del contexto en el que sean utilizados, pues la obra artística nace y se afirma en función de aquella realidad  insuperable que es la Historia, sin forzar al autor a corresponder o dar cuenta de “parecido” con cierto objeto o modelo externo con el acontecer social.

Obra espejo de imágenes plurivalentes, donde encontramos y visionamos un conjunto de sensaciones, ideas, creencias, sentimientos y valores que sirven para comprender mejor lo actual,  mediante un lenguaje, como se refería Volkening sobre él: “su estilo breve, lapidar, cristalino, con parsimonia y sequedad de un lenguaje parco que no deja lugar a placenteras asociaciones de ideas o imágenes” .

Citando a Irlemar Chiampi, sobre el “Realismo maravilloso”, podremos visualizar con mejor perspectiva: “La problematización de lo real en lo fantástico asume el carácter de una lucha primordial entre las fuerzas antagónicas, pues el realismo mágico busca tocar la sensibilidad del lector, en tanto que ser de la colectividad, donde el pasado es un apéndice de presente. El efecto de encantamiento restituye la función comunitaria de la lectura, ampliando la esfera de  contacto social y los horizontes culturales del lector”.

Como decía Azorín, sobre la lectura de Cervantes, en la lectura garcíamarquiana hacemos un “viaje placiente”, en una poética que encuentra la imagen plena y asienta la duración entre la progresión metafórica y el continuo de la imagen. Gabo descubre y hace como Rimbaud y otros simbolistas con sus textos oníricos y plenos de surrealismo, para que el lector goce el placer de encontrar la clave entre centenares de imágenes del mundo exterior, con grosores semánticos de multivalencias pluridimensionales; en fusiones de un fragmento con otro ya empleado en textos diversos. Dando soltura a su distintivo estilo de decirnos lo que a otros no le ha interesado que descubramos: la esencia del folklore poético de la tierra.

Agregar al placer cotidiano de descifrar contenidos; despertar curiosidad y satisfacción intelectual a superar obstáculos estilísticos y lingüísticos, a fuer de Góngora y  Mallarmé, para quienes una posición estética debe “deleitar el entendimiento, conducir a su contento, quedar convencido y satisfecho” por  la pureza y objetividad soberanas del verdadero lenguaje poético y las altas calidades exigidas, logros gabianos obtenidos en su trabajo, lo cual le alcanza para ser admitido en las filas de la literatura universal.

Culminamos con las justas palabras de León Felipe: “el genio del poeta no debe aplicarse a jugar con las metáforas verbales, sino que ha de crear las grandes metáforas sociales, humanas, históricas; épicas en suma”. García Márquez asume tales atributos prometeicos del hombre caribeño de su tierra. Su inveterado sentido de la justicia es insobornable, identificándose con Latinoamérica en su lucha desigual por repartir equitativamente nuestras riquezas para que la vida no sólo sea, como hasta ahora, un solo execrable compromiso tejido de infinidad de contradicciones insolubles en la propia condición humana.

Muestras palmarias en decir la verdad a pesar de la represión, sin mutilar el vuelo poético, encontramos abundantes en García Márquez, como Cervantes, Quevedo y los autores barrocos españoles del Siglo de Oro, para burlar la censura de la Inquisición, con el desarrollo de una aguda conciencia autocrítica presente en su obra, espejo de imágenes plurivalentes en la “Hojarasca, El relato del náufrago, el Otoño del Patriarca, con singular fuerza de denuncia ante la autocracia desmedida y la corrupción despiadada, así como en Cien años de soledad”, logrando una mejor obra de arte, presentable sin límites de tiempo y fronteras.

Gabo, en su visita a Neruda, recién consagrado el Nobel, afirmaba que toda su obra está al servicio de la poesía, obteniéndola mediante el evangelio de una buena prosa, material poético por excelencia.

 

Jairo Tapia Tietjen



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Jairo Tapia Tietjen

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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