Sábado, 21 de oct de 2017
Valledupar, Colombia.

Jorge Alí Triana Pocos son los profesionales del mundo audiovisual que han tenido la oportunidad de trabajar con Gabriel García Márquez. El cineasta y dramaturgo Jorge Alí Triana fue uno de los pocos colombianos en hacerlo.

Sus encuentros con el premio Nobel durante algunos estrenos de obras de teatro o en plenas repeticiones le permitieron conversar con él, entender su criterio y gusto por el detalle, así como ser testigo de su amor por el cine.

En el conversatorio “La Palabra encantada”, organizado por la Casa de la Cultura de Valledupar el pasado 2 de mayo, Jorge Alí Triana expuso algunas de esas numerosas anécdotas y ofreció un retrato increíblemente humano del premio Nobel.

“Gabo generalmente no se metía en el detalle del guión, de la dirección, ni en el reparto ni nada – explicó el director de cine–.  Pero aquella vez me dijo una cosa que me pareció sorprendente: Jorge Ali, ya que vas a hacer una película, intenta corregir un error garrafal”.

Triana se esperaba a algún comentario sobre un personaje, el argumento, la fábula o la concepción general de la obra. Pero fue algo más sorprende todavía. “Me dice –explica Jorge Alí–: Hay una escena donde Juan es protagonista y teje con Mariana, tiene unas gafas, pues regresa después de 18 años de prisión […], y al final, cuando inicia un duelo en una corraleja, él saca las mismas gafas y se las pone. Entiendes que para ver de cerca y para ver de lejos se necesitan dos gafas distintas. En aquella época no existían bifocales”.

Así era Gabo de detallista. Siempre estaba atento a mejorar lo que ya había sido creado y Jorge Alí pudo percatarse de ello en otra ocasión. Era en 1992, el dramaturgo estrenaba la obra “La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y su abuela desalmada”.

El escritor fue varias veces a verla al teatro pero nunca parecía satisfecho del todo. ”Me dijo – explica el dramaturgo–: ¿Por qué no pusiste tal parlamento? No sé si era de Ulises o Eréndira, yo le dije porque ese parlamento no existe, Gabo. Él me dijo: Claro que existe. Me fui a revisar la novela y, efectivamente, ese texto no aparecía. Entonces, le dije: ¿Te das cuenta? El me respondió: Pues hay que ponerlo. Y así empezó… Fue varias veces a ver la obra y, cada vez que iba, se inventaba un texto para los actores… Aquí falta esto, aquí falta esto”.

De todos los logros del premio Nobel, Jorge Alí Triana destacó su incansable labor para fundar una escuela de cine latinoamericana y su deseo de crear una forma diferente de narrar las historias en pantalla.

“Él quería hacerla en Cartagena y definitivamente fue imposible. Terminó haciéndola en La Habana, y yo creo que esa escuela ha formado toda una generación de cineastas, no solamente colombianos sino también africanos y asiáticos”.

 

PanoramaCultural.com.co



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