Sábado, 25 de feb de 2017
Valledupar, Colombia.

Grupo de danza Chingalé (Valledupar, Colombia)El análisis del concepto Cultura puede hacerse desde enfoques diferentes. Sería muy prolijo desde estas líneas referirnos a todos ellos;  por eso nos limitaremos a dos de ellos, opuestos entre sí.

Así, desde una perspectiva global -siguiendo a Warnier (“La Mundialización de la cultura”)- estaría compuesta por una totalidad compleja hecha de normas, hábitos, repertorios de acción y representación, que constituirían un factor de orientación para las relaciones mutuas.

En este sentido, la Cultura estaría relacionada con identidad al servir como Brújula que orientaría las relaciones entre los elementos del ambiente, personas, instituciones y acontecimientos. Así, a través de los siglos, desde esta interpretación, la cultura ha sido utilizada para promover una ideología específica e internalizar el control social.

En la sociedad global, la cultura masiva es utilizada para promover los valores del mercado y la ideología neoliberal que lo sustenta, pues los bienes y productos culturales producidos por aquella   son bienes de consumo que finalmente se convierten en medios para reproducir las diferencias, utilizando  la moda como el principal mecanismo para dicha reproducción.

Con la globalización, de acuerdo con García Canclini (“Las culturas populares en el capitalismo”), la cultura de masas se ha transformado en cultura para las masas; para el consumo por parte de aquellas; es decir, para su consumo masivo.

La transformación de la cultura en un producto mercantil y su producción en un proceso empresarial,  ha producido que en la actualidad se asista a una confusión entre soporte y contenidos los cuales han pasado a ocupar un lugar secundario, ya que aquellas empresas lo sean ante todo industrias productoras y comercializadoras de soportes: discos, películas…

Por obra y gracia de la Globalización, los productos culturales no están constreñidos a límites espacio-temporales y determinado producto puede tardar segundos en estar disponible en cualquier lugar del mundo. En música, los éxitos aparecen prediseñados por las campañas publicitarias de las multinacionales sin que el consumidor pueda decir nada al respecto: sólo comprar o no comprar; consumir o no consumir; ya que, de forma independiente a su actitud, el tema musical seguirá sonando en la radio o saturará las redes sociales tantas veces como el sello discográfico así lo estime, generándose la ilusión que los gustos o afinidades musicales o culturales en general, son propios y creadores de una identidad personal.

En definitiva, a través de ésta música como a través del cine o en general de la cultura para la masas a la que nos venimos refiriendo, se define en qué consiste ser “joven”,  ser “adulto”, ser ciudadano o simplemente ser persona en la sociedad del S.XXI; pero desde una perspectiva muy clara que coincide con los valores más conservadores del mercado y del consumo, desarrollándose una cultura de la posesión que promueva la ideología del conformismo; la falta de análisis ideológico; de la aceptación acrítica de la sociedad tal y como es presentada por los propios medios.

En el otro extremo,  la Cultura es una valiosa herramienta para combatir el poder dominante y difundir una visión coadyuvando la construcción de una visión diferente de la realidad, a través de la difusión de nuevos significados, modelos;  símbolos;  o, como venimos haciendo desde el comienzo de este artículo,  deconstruyendo el concepto –que diría el filósofo francés Jacques Derrida- para analizar los valores que lo constituyen y soportan para analizar su papel social y presentar una alternativa a los mismos.

Esta es la perspectiva y acepción de “Cultura” que ofrecemos desde la columna “Contrapunteo cultural” que coincide con la línea definida por este periódico –y con la de tantos culturales– como alternativa a la cultura masiva, que pretende, mediante la homogeneización y uniformización, anular las identidades culturales propias, en aras a un identidad global artificial basada en los valores del mercado.

 

Antonio Ureña García

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