Lunes, 20 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

El pasado 25 de julio se celebró El Día Internacional de la Mujer Negra en América Latina y el Caribe, lo cual suscitó una vez más la polémica entre ciertos sectores al considerar que estas conmemoraciones, en lugar de favorecer la integración, ahondan en la discriminación.

A las críticas de carácter conservador, se suman las de cierto sector progresista amparados – como dice Jesús García (“Comunidades Afroamericanas y transformaciones sociales”)- por la denominada ideología del mestizaje, según la cual: todos somos mestizos, entonces nadie podría sentirse discriminado como afrodescendiente.

De esta manera, incorporar en legislación, políticas públicas, calendario conmemorativo, etc. la variable afro, sería plantear un falso problema puesto que en Latinoamérica y el Caribe todos somos mestizos; por lo tanto, lo adecuado, sería una establecer política común sin plantear diferencias de unos colectivos sobre otros pues, al fin y al cabo, existe una unidad dentro de la heterogeneidad.

Ahondando más en esta apreciación y siguiendo el debate que en todo el mundo tiene lugar alrededor del “8 de marzo”, Día Internacional de la Mujer, si hombre y mujer son iguales, ¿qué sentido tiene la celebración de un día específico para la mujer?

Esta forma de pensar, esta ideología, lo que pretende es eliminar del debate público el problema que sufre un colectivo especialmente vulnerable como es la mujer, y en el caso que nos ocupa: la mujer latinoamericana en general y la afrodescendiente en particular. Se trataría entonces de hacer invisible este colectivo como medio de invisibilizar sus problemas y sus reivindicaciones; siendo, por lo tanto, la visibilidad la primera herramienta para lograr la integración, constituyendo esta fecha de 25 de Julio una buena oportunidad para ello.

Integración y discriminación

La conmemoración del 25 de julio -elegida durante el I Encuentro de Mujeres Afrolatinoamericanas y Afrocaribeñas, ocurrido en 1992, en la República Dominicana- no persigue la consolidación del status quo de la mujer afrodescendiente en la región, reivindicando su etnia, cultura y entramado social propios aparte del resto de la población.

Por el contrario, pretende reivindicar la identidad de este colectivo como parte consustancial de la identidad de la región, así como el carácter de sujeto de pleno derecho de sus miembros, lo que implica el acceso a servicios y posibilidades de desarrollo para los que el resto tiene mayores facilidades.

Como dice Giovanni Sartori (la sociedad multiétnica), la utilización del concepto diversidad, respeto a las diferencias y términos similares, en muchas ocasiones ha sido utilizado para perpetuar las diferencias mismas. Ejemplo de esta utilización del concepto diversidad sería una celebración, que en sus orígenes presentaba un marcado reivindicativo y ha sido manipulada por los sectores conservadores hasta casi perder dicha esencia.

Nos referimos a la “fiesta del orgullo gay”, donde lo que se reivindica es el carácter diferencial de este colectivo, la aceptación de estas diferencias, olvidándose progresivamente de la integración en un ámbito de normalidad e igualdad de derechos. Con respecto a la discriminación del colectivo afrodescendiente y en especial al de la mujer, es preciso  añadir las cuestiones de índole económica a las de carácter étnico y sociocultural.

En toda la región conviven aproximadamente 40 millones de indígenas, mientras que la población afrodescendiente es de 150 millones, si bien es frecuente que en los manuales y libros de texto o incluso en las propias constituciones y leyes, la presencia del primer grupo sea constante mientras que la del segundo, resulte muy escasa o incluso nula.

No es el caso de Colombia, donde la Constitución de 1991 reconoce y consagra el carácter multiétnico y pluricultural de la identidad nacional, e incluso los textos legislativos hablan de derechos compensatorios para estos colectivos. Sin embargo, en un espacio marcado por la desigualdad galopante, afrodescencientes e indígenas son los que más sufren la desigualdad y, dentro de ellos, las mujeres.

Son las más pobres entre los pobres, pues la discriminación, racial, sociocultural, y económica, se entrecruza con la discriminación por razón de género, que si bien institucionalmente se rechaza de manera formal, como señala Mara Viveros (“Discriminación racial, intervención social y subjetividad. Reflexiones a partir de un estudio de caso en Bogotá”) opera de manera solapada, en el día a día de este colectivo, en lo que se ha denominado “racismo cotidiano”[1]

Mujer, integración e identidad

Según Rivas (Identidad nacional y culturas populares), la identidad alude a la especificidad sociocultural e histórica de cada pueblo, en un constante proceso de endo-culturalización y de Inter-culturalización; pero, continúa el autor, de nada vale una identidad si el pueblo que la tiene no es el sujeto histórico de su autogestión y autodeterminación. De esta manera, la construcción de una auténtica identidad sólo tiene lugar cuando todos los miembros y comunidades presentes en el espacio -ya real o imaginario, compacto o diseminado - son considerados como miembros activos del proceso social y político constitutivo de la misma.

La incorporación de la mujer afrodescendiente como ciudadana de pleno derecho, pasaría – según hemos afirmado- por su visibilidad en los asuntos públicos como  administración, estadísticas, currículum educativo, legislación, instituciones, pero también en la vida cotidiana. Para ello será necesario en primer lugar su presencia en los medios de comunicación -como personajes principales en series y no como empleadas del servicio doméstico, o como presentadoras de noticieros, por ejemplo- así como en el resto de espacios público.

Frente a esta invisibilidad, la celebración del Día Internacional de la Mujer Negra en América Latina y el Caribe, es una oportunidad para ello. Pero su importancia no acaba en esa fecha, si no que la misma debe ser un motivo de reflexión social que marque el comienzo del fin de la situación.

 

Antonio Ureña García


Referencias:

[1] Philomena Essed: “Every Day Racism: A New Approach to the Study of Racism”

Contrapunteo cultural
Antonio Ureña García

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

[Leer columna]

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