Jueves, 14 de dic de 2017
Valledupar, Colombia.

“Debemos matar el ego”. Con esta frase, Claudio Obregón resumió la entrevista que me concedió durante la exposición “Les secrets de la civilisation Maya”, en el Musée canadien des Civilisations en Montreal, en el 2010.

Sin dudarlo un instante, Obregón, escritor e investigador cancunense, me señaló que el mal de este siglo es el ego del ser humano, pues vivimos en un universo caníbal, donde las galaxias se comen entre sí, las estrellas, las iguanas, las gaviotas, las ardillas, los pueblos, las naciones y remató diciendo: “Nuestro tiempo actual consiste en matar el ego, pero se necesita una disciplina mental”.

En el momento creí que era una teoría interesante, y cada día cobra más validez con esta crisis política mundial: Rusia insistiendo en recuperar a Crimea a como dé lugar; Israel y Palestina un rifirrafe por el cese al fuego en medio de una cruenta violencia; Siria en un permanente derramamiento de sangre por el conflicto civil entre las fuerzas armadas y los grupos rebeldes que buscan derrocar a Bashar Al-Asad, y para rematar Estados Unidos bombardeando posiciones de los islamistas radicales para proteger a la población civil en el norte de Irak, mientras los medios nos alertan del posible estallido de una Tercera Guerra Mundial.

Las naciones tienen su ego al igual que los individuos, así lo sentenció hace tiempo atrás James Joyce, sin imaginar que llegaríamos a ser parte de los juegos del ego: el ego de Putin versus el de Obama; el de Netanyahu contra el jefe del Hamas Jaled Mechaal; el de Al-Asad contra el de los rebeldes; el del general egipcio Al-sisi contra el del ex presidente islamista Mohamed Morsi.

Y si del contexto internacional pasamos al nacional, los juegos del ego también están en su apogeo: lucha de egos entre el Fiscal y la Contralora; entre una mega periodista y su entrevistado; entre un legislador de izquierda y otro de derecha, pasando por un enaltecido Alcalde que no escucha a sus subalternos; un mandatario que proclama su fuero, hasta guerrilleros y paramilitares que se ufanan de sus crímenes de lesa humanidad.

Pero el señor Ego no está solo presente en los protagonistas de las noticias, habita entre nosotros. Es el pan de cada día. ¿Acaso quién no se ha tropezado con el discípulo fiel a una de las 48 leyes del Poder de Robert Green? Para ser exactos, la número siete que dice: “Logre que otros trabajan por usted, pero no deje nunca de llevarse los laureles”.

¿Cuántas veces no tenemos que soportar personas con monólogos plagados del culto al yo, mejor dicho que se creen unos “cerebros con piernas” o jefes que son una réplica de “Richie Rich”, pues por donde pasan quieren dejar su huella, escultura, pergamino, sello y deliran con un “like” cada vez que salen en las redes sociales?

Lo único que me consuela es pensar que los Mayas, según me informó Obregón, anunciaron que a partir del 2012 el mundo entero entraría en un proceso de transición en el cual pasaremos de una época de oscuridad a una época de luz.

Por lo pronto, mientras seguimos presenciando los juegos del ego tratemos de aprender a controlar el nuestro. El primer paso es detectar si encajamos en una de las diez categorías existentes:

Ego Sabelotodo: siempre cree tener la razón.

Ego Insaciable: hace cualquier cosa para llamar la atención.

Ego Interruptor: nunca deja que los otros terminen de hablar.

Ego Envidioso: no soporta los triunfos y éxitos de otros.

Ego Prestigioso: busca aplausos, reconocimiento y admiración en todo lo que hace.

Ego Jinete: se aprovecha de los datos de los demás para su propio beneficio.

Ego Sordo: nunca escucha, le gusta hablar sólo a él.

Ego Manipulador: engaña, miente para que las cosas resulten siempre a su favor.

Ego Orgulloso: competitivo, discutidor y no le gusta perder.

Ego Premental: tiene un discurso paralelo, es criticón, hipócrita y enjuiciador.

 

Natalia Gnecco

@NataliaGnecco

Natalia Gnecco Blog
Natalia Gnecco

Natalia Gnecco es una periodista y comunicadora social independiente. Ganadora del Premio Literario y Periodístico Cesar Vallejo 2011 (Caracas, Venezuela). Su columna “Natalia Gnecco Blog” contiene su trabajo periodístico producido en Canadá y en Colombia sobre personajes interesantes, temas culturales, sociales y turísticos.

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