Lunes, 21 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

Las redes sociales y las tecnologías informáticas se han convertido en un fantasma que amenaza la tranquilidad de los políticos –en el poder– y los miembros de organismos de seguridad. Ello se debe a que estas herramientas le han “dado al ciudadano común, armado de un celular, un inusual poder de denuncia y [convocatoria] que antes no tenía”. Como ya lo advertimos anteriormente, esa incomodidad aumentó después de enero de 2010, cuando los medios sociales se convirtieron en una de las herramientas que sirvieron para atizar las revueltas sociales en los países árabes.

El tema ha comenzado a suscitar el interés de los científicos sociales, que han empezado a interrogarse sobre el papel de los medios sociales en esas revueltas, queriendo saber qué tanto de lo que se ha dicho sobre el tema es realidad y que tanto es mito. A cerca del tema el bloguero y analista social marroquí Mounir Bensalah, que ha publicado un libro sobre estas revueltas, intitulado “¿Redes sociales y revoluciones árabes?”, manifestó en entrevista con el portal France 24, que en occidente ha sido exagerado de manera superlativa el rol jugado por Facebook, Twitter y YouToube en el estallido de la “Primavera araba”.

Para Bensalah esos medios no fueron los factores que fungieron como detonantes de esas revoluciones. En su manera de ver las cosas, estos medios sólo cumplieron el rol de instrumentos de difusión, porque sirvieron para movilizar, para informar y para ser informados de primera mano sobre lo que sucedía. A través de ellos entró en circulación una gran masa de información sin censura gubernamental, que contribuyó a atizar la cólera de la gente. Igualmente estos medios sirvieron para atraer la atención de los medios de comunicación occidentales. Gracias a estos canales los medios de occidente se encontraron –de un momento a otro– con  una fuente de información inesperada, que los alimentaba con imágenes y opiniones de personas, que estaban viviendo la vida cotidiana de países donde no se les permitía operar o donde operaban con dificultad.

El otro factor que convirtió a estos medios en una de las vías facilitadoras de estas revoluciones populares, fue el hecho de brindarle la posibilidad de entrar en contacto, sin exponerse, a un número importante de individuos, que Bensalah llama los “revolucionarios solitarios”. Esos individuos, que se creían solos en el mundo, descubrieron gracias a este medio que otras personas compartían sus sentimientos.

En su entrevista, Bensalah resalta que no fueron las redes sociales las que motivaron el levantamiento popular, sino que ellas contribuyeron a visibilizar una serie de problemáticas sociales y políticas, que los medios convencionales, fuertemente ligados a las elites en el poder, ignoraban deliberadamente. Los puntos de vista de Bensalah están en sintonía con la percepción que del mismo fenómeno tiene el politólogo Romain Lecomte, sobre el caso particular de Tunes. Respecto al tema un editorial del periódico boliviano El Deber sostiene que la primavera árabe no se produjo por causas de las redes sociales, pero sin ellas no hubiese podido alcanzar las dimensiones que alcanzó, pues las redes sociales “fueron fundamentales en el aspecto organizativo”, gracias a su poderoso “sentido de convocatoria”.

El impacto político de las redes sociales en las sociedades árabes, aseguran Lecomte y Bensalah, está ligado a un hecho: estos medios le permitieron a una masa bastante reducida de personas, en la que abundaban jóvenes pertenecientes a la clase media urbana, educados y sensible a los valores democráticos occidentales, de ofrecerle a amplios sectores sociales una interpretación novedosa de su realidad. Esa interpretación facilitó sin proponérselo un estallido social, que puso punto final a regímenes que la gente ya detestaba.

Sobre el tema, los analistas sociales y mediáticos que han comenzado a ventilar el asunto coinciden en un punto: a lo que ayudaron las redes sociales en los países árabes fue a que la gente participara de un debate de sociedad por largo tiempo aplazado. Sin exponerse mucho la gente comenzó a manifestarse sobre una maraña de temas que la preocupaban: las causas de la pobreza generalizada, el estilo de vida excesivamente lujoso de sus gobernantes, la visible corrupción en el manejo de lo público y los abusos permanentes contra los derechos humanos por parte de los añejos regímenes dictatoriales, que controlaban el poder en cada país. En este caso podría decirse parafraseado a Albín y Heidi Toffler que la revuelta estalló  porque estos países tenían sistemas políticos obsoletos, que no sabían cómo actuar en una sociedad de la información, que sufre un creciente malestar.

Hasta hoy, el mayor acto de perturbación que un medio de carácter virtual ha llevado a cabo contra los círculos de poder está representado por la filtración de 251.187 notas diplomáticas del gobierno de los Estados Unidos, que hiciera WikiLeaks el 28 de noviembre de 2010. Con ese acto, ésta “organización mediática internacional sin ánimo de lucro, que publica a través de su sitio web informes anónimos y documentos filtrados con contenido sensible en materia de interés público, preservando el anonimato de sus fuentes”, desató un escándalo político-diplomático mundial sin precedentes, que ha obligado a Julian Assange, su creador, a refugiarse en la embajada de Ecuador en Londres, para evitar la cárcel en los Estados Unidos. Según Wikipedia, esta filtración constituye hasta hoy “la mayor filtración de documentos secretos de la historia” de la humanidad.

La fuente de Assange fue un joven soldado llamado Bradley Manning que, hastiado por los asuntos escandalosos de los que se tenía que ocupar como analista militar, decidió filtrar a la opinión publica una gran masa de información secreta, con el objeto de abrir un debate público sobre las inmoralidades que rodearon la guerra en Irak. El ejemplo del soldado Manning lo replicó en junio de 2013 Edward Snowden, un analista informático de la agencia NSA, que trabaja para la CIA. Snowden entregó a la prensa información calificada bajo la etiqueta de Top Secret, en la que se daba cuenta que el gobierno de los Estados Unidos expiaba gobiernos amigos como si fueran enemigos y monitoreaba las comunicaciones de sus ciudadanos, usando como mentís el tema de la seguridad nacional.

Por su audacia política y por el impacto que sus actos han tenido en los círculos de poder, Edward Snowden, Bradley Manning, Julian Assange y los blogueros tunecinos Hamadi Kaloutcha, Abdelaziz Amami, Slim Amamou, Sami Ben Abdallah y todos los que hicieron parte del colectivo de ciber-activistas Nawaat en la lucha contra el régimen Zine el-Abidine Ben Ali, representan en el contexto de nuestro tiempo un nuevo tipo de subversivo: el ciber- subversivo. Este activista no está interesado en tomar las armas para contestar al poder en el plano militar, sino en valerse de la tecnología informática y de los medios para masificar toda aquella información, que sea susceptible de incomodar al establecimiento político.

El impacto que sus acciones puedan llegar a tener en la opinión pública es un tema que comienza a inquietar a los círculos de poder. Eso explica porque, luego de las fugas de información secreta de valor estratégico en Estados Unidos, para cuidarse las espaldas y evitar fugas de información igual de sensible, el Servicio secreto ruso, que tienen una larga tradición en materia de espiar a la gente del común heredada de la KGB, –particularmente a aquella que no encaja en el rompe cabezas del régimen–, ha anunciado que “regresa a las máquinas de escribir para evitar espionaje”.

Según la agencia francesa de prensa (AFP), un responsable del servicio ha dicho que para protegerse de las fugas y robos de información, se ha dispuesto que "el medio más primitivo se debe privilegiar: la mano humana o la máquina de escribir", pues "desde el punto de vista de la seguridad, todo tipo de telecomunicación electrónica es vulnerable’’. La AFP sostiene que el pánico ruso fue desatado por "los escándalos de WikiLeaks y las revelaciones de Snowden’’.

La represión a los activistas virtuales

Según Reporteros Sin Fronteras, en 2011, 200 blogueros fueron detenidos, un 30% más que en el 2010, bajo la acusación de “difundir propaganda subversiva en línea”. El aumento de la persecución policial a los blogueros –por delitos de opinión– pone de manifiesto un problema concreto: en los círculos de poder –particularmente aquellos que están ligados a regímenes autoritarios– el  rol de los medios sociales y el blogueo es un tema que genera incomodidad.

Sobre la represión a la actividad de los activistas en internet, un caso emblemático es el del bloguero egipcio Ahmed Duma. Este caso es un ejemplo que pone en evidencia que los medios sociales y el ejercicio informativo, que se origina a partir de la interacción de los ciudadanos en ellos, incomoda a los círculos de poder. Según un reporte del portal Euronews, Ahmed Duma, que había comenzado a destacarse como analista de la actividad política en su blog, dijo en una entrevista con la prensa que el presidente Mohamed Morsi era criminal y asesino. Sus palabras le valieron una condena de seis meses de cárcel, acusado de haber difamado al presidente. El caso del bloguero Duma se sumó al de otro bloguero: Maikel Nabil, que fue condenado, según la agencia EFE, a tres años de prisión por un tribunal militar en 2011, acusado de publicar calumnias e injurias contra las Fuerzas Armadas egipcias.

El acoso judicial a los blogueros es un asunto en ascenso a nivel mundial. Según el periódico francés Le Monde, el gobierno de Vietnam desató una oleada de represión a comienzo de 2013 contra la agremiación de blogueros católicos, a los que se les acusó de terroristas y de conspirar contra el régimen comunista por haber denunciado la corrupción del régimen, la injusticia y la expropiación. Según Reporteros sin Fronteras en 2014 la represión se ha extendido a todos aquellos blogueros –sin importar su religión– que han osado criticar al régimen y solicitar el respeto de la libertad de asociación y expresión.

La persecución de la actividad que desarrollan periodistas y blogueros en Etiopia ha motivado en mayo de 2014 el pronunciamiento de la alta comisaria de la ONU para los Derechos Humanos Navi Pillay. En ese país fueron detenidos en abril 6 blogueros afiliados al colectivo de blogueros “Zone Neuf”. Otro país donde dedicarse al blogueo puede ser tenido como un acto criminal es China. La situación no es menos preocupante en Rusia, donde un influyente político reclamó en un debate de la Duma el encarcelamiento del bloguero anticorrupción Alexeï Navalny –y de otros opositores–  para facilitar el retorno de la calma al país.

 

Enoin Humanez Blanquicett


Acerca del autor:Enoin Humanez Blanquicett. Periodista colombiano (vereda La Octavia, corregimiento de Loma Verde, Córdoba). Licenciado en Ciencias sociales con énfasis en investigación. Ha cursado una maestría en historia, perfil contemporáneo, campo América Latina y el Caribe, especialidad Historia de las migraciones en la Universidad de Québec en Montréal. Desde los años 80 ha estado vinculado a diferentes medios de comunicación, en los que ha trabajado como locutor de radio y reportero independiente, presentador de noticias y creativo publicitario. Desde 2004 sus análisis sobre la actualidad latinoamericana y norteamericana se han publicado en la revista Semana. También ha publicado en El Magazin de El Espectador y periódicos canadienses.

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