Miércoles, 29 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

Islas de las Antillas Menores

Las islas y los glaciares son el termómetro del cambio climático. Miles de islas pueden desaparecer si el nivel de los mares aumenta a causa del deshielo de los casquetes polares. 

Hay países que pueden desaparecer. Es la preocupación que viven los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID). Por eso, la ONU declaró el año 2014 como "Año Internacional de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo", y, de hecho, en septiembre se realizó la Conferencia Internacional en Samoa, uno de los países que más teme acabar engullido por el océano. Por eso también, esos territorios amenazados serán foco de mucha atención en la COP 21 (conferencia sobre calentamiento global organizada en París).  

Barbados, Fiji, Marshall, Kiribati o Timor Oriental son algunas de las islas más vulnerables a los desastres naturales y medioambientales, además de enfrentarse al problema de la superpoblación o el aislamiento y tener escasas posibilidades de crear economías de escala. Sin embargo, su principal reto es consecuencia del cambio climático: su desaparición.

En la conferencia organizada en 2014, participaron funcionarios de alto nivel de las Naciones Unidas, incluido el Secretario General Ban Ki-Moon. También representantes de más de cien países, organizaciones no gubernamentales y el mundo académico, además de directivos de empresas.

Por su reducido tamaño, la falta de mercados nacionales y de economías de escala, los PEID (Pequeños Estados Insulares en Desarrollo) adolecen de aislamiento geográfico y disponen de una capacidad institucional limitada. Todos ellos se ven muy afectados por el cambio climático y tienen que hacer frente a la subida del nivel del mar, a una gran dependencia de combustibles fósiles importados muy costosos y a frecuentes catástrofes naturales o de origen humano.

Los PEID forman un grupo heterogéneo de 39 países de África, América y Asia. A pesar de sus diferencias y variaciones, comparten características y necesidades comunes, se enfrentan a las mismas dificultades y sufren debilidades específicas de carácter económico, social y medioambiental.

Estados insulares con el agua al cuello

En el grupo de islas Carteret, en Papúa Nueva Guinea, unos 3.000 isleños residentes están siendo reconocidos como los primeros refugiados del mundo sobre el cambio climático. Se están haciendo preparativos para reubicarlos cerca de Bougainville, una gran isla montañosa, durante el próximo año o dos. Para ellos, hablar de cambio climático y la elevación de los mares no es un concepto abstracto, sino que es una cruda realidad.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el cambio climático (IPCC) concluye que «el impacto del aumento del nivel de mar en los Estados insulares bajos del Pacífico de Kiribati, Tuvalu, Tokelau y las Islas Marshall puede, en un principio, plantear riesgos a su soberanía o su existencia».

Según informes de ACNUR, Tuvalu, país de la región de la Polinesia que se encuentra entre Australia y Hawai, podría desaparecer en los próximos 50 años y su gobierno ha planteado la posibilidad de su completa inmersión como una preocupación fundamental. Asimismo, Kiribati, en Australia, ha buscado garantías para la población en caso de que todo su territorio quede sumergido.

Sin embargo, no hay ninguna lista definitiva de Estados en situación de riesgo de «hundimiento». Un reciente informe habla de hasta 40 países que pueden estar en riesgo, aunque todo parece indicar que se necesitan más investigaciones sobre la vulnerabilidad de otros Estados insulares.

Incluso si estos Estados no se «hunden», podrían ser cada vez más inhóspitos a causa de los efectos del cambio climático como la incursión del agua de mar en tierra agrícola y en el suministro de agua dulce, fenómenos meteorológicos extremos y frecuentes y aumento de las enfermedades transmitidas por insectos, alimentos y agua, como la malaria, el dengue y diarrea. La despoblación sería otro de los problemas. Los ciudadanos de los Estados afectados quedarían desplazados.

Según ACNUR, la población total de Kiribati, Tuvalu, Tokelau, las Maldivas y las Islas Marshall suma menos de 600.000 personas. Este número se podría considerar pequeño en relación con el total de personas que podrían ser desplazadas permanente o temporalmente debido a las inundaciones, que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) calculó en 330 millones, si las temperaturas globales aumentaran de tres a cuatro grados centígrados.

Sin embargo, en términos absolutos el desafío sería considerable y podría llevar al exilio de las poblaciones afectadas.

 

Irene G. Toledo

EuroXpress 

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