Sábado, 18 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Hugues Sánchez

La idea de que los pueblos ganaderos puedan ser hostiles a la civilización no es una idea loca. Muchos ensayistas e historiadores defienden la idea de que la ganadería –a diferencia de la agricultura- haya podido ir en contra del progreso de ciertas sociedades. De hecho, históricamente, se considera que el cultivo del suelo, al fijar las tribus en una vida sedentaria opuesta a la nómada de la caza y el pastoreo, aparece como uno de los primeros factores que influyeron en el desarrollo de la civilización.

El historiador Hugues Sánchez mencionó la existencia de este debate nada más iniciar su ponencia “Un siglo de ganadería en El Cesar (1750-1850)” en Valledupar, pero sin entrar a discutirlo. “Hay un cierto prejuicio sobre los pueblos ganaderos”, explicó antes de centrarse en su objetivo principal: el de presentar la evolución de la ganadería en la costa Caribe de Colombia y especialmente en la zona fronteriza de Valledupar.

Un periodo clave para entender el crecimiento de la ganadería en la costa Caribe es la década de 1740. En ese momento, los borbones y el Virrey emprenden una reforma agrícola para abastecer la ciudad de Cartagena en ganado. La intención era clara: el régimen borbónico deseaba que los territorios aledaños produjeran para los mercados.

La gobernación de Santa Marta (y por extensión el departamento del Cesar en el que estaba integrado) se convirtió en una extensa zona ganadera dependiente de la ciudad de Cartagena, que, por su posición y población (constituida de un gran número de militares), demandaba muchas provisiones de verduras y carnes.

En 1760 se trazó la primera ruta para llevar el ganado de Valledupar a Ciénaga, y a lo largo de esta ruta que ladeaba la Sierra Nevada fueron multiplicándose los hatos ganaderos como Mariangola. Se considera que ese año inicia realmente la expansión territorial.   

De 1760 a 1810 se observan altos niveles de productividad. El análisis del diezmo de Valledupar –una cifra que ayuda a entender la economía de entonces ya que normalmente eran los ricos productores quienes pagaban el diezmo– confirma que Valledupar era una ciudad de productividad alta que superaba a muchas ciudades del interior.

Sin embargo, paralelamente a este crecimiento productivo fue aumentando también el contrabando de ganado: una problemática conocida hasta la fecha de hoy en esta zona del país. En 1800, el gobernador de Santa Marta expresa abiertamente su inquietud porque no está llegando ganado de Valledupar.

En 1810, el crecimiento del sector ganadero se ve seriamente afectado. “Cartagena se lanza en una aventura de independencia y esto va a quebrar la ganadería en Valledupar. El mercado se estanca de repente”, explica el historiador Hugues Sánchez.

Como conclusión, la expansión de la ganadería en la región de Valledupar entre 1740 a 1850 va ligada a pequeñas fortunas y una primera bonanza que termina bruscamente en 1810-1815. En ese momento, Valledupar vuelve a su mercado natural.

 

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