Lunes, 24 de abr de 2017
Valledupar, Colombia.

Diciembre, fecha especial y maravillosa donde celebramos las fiestas de navidad y fin de año, época donde debe reinar la paz, la armonía, la alegría, el amor y la reconciliación entre todos para celebrar en unión y tranquilidad y que la bendición misericordiosa de Dios nos acompañe siempre.

Ejemplo de esto nos lo han brindado dos enemigos acérrimos, quienes a menudo se acusaban de terroristas, violadores de derechos humanos o imperialista, Estados Unidos de Norteamérica y Cuba, los que después de más de medio siglo de tensas relaciones y ruptura acordaron el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas, representando el inicio del fin de más de cinco décadas de hostilidades, embargos y aislamiento comercial, poniendo fin a la guerra fría en Latinoamérica y la esperanza del surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática.

Mientras la comunidad internacional nos da ejemplo de armonía, reconciliación y paz, en el ámbito nacional, en nuestra Colombia no encontramos estos mismos gestos y, por el contrario, a diario vemos cómo dos tendencias políticas nos sumergen en la polarización y distanciamiento entre colombianos. Los colombianos presenciamos perplejos, una lucha de poder de dos grandes líderes y políticos de nuestra historia, uno que se cansó de ver el país sumido en más de 50 años de violencia y le apuesta a dar por terminada esta confrontación fratricida, que lo único que nos ha dejado es una estela de muerte, dolor, pobreza y subdesarrollo y el otro que, bajo la premisa de no negociar con terroristas, aleja la posibilidad de la construcción de una nueva sociedad y una nueva Colombia para las nuevas generaciones.

Por eso ya es costumbre que el Centro Democrático se oponga a iniciativas legislativas y políticas del gobierno como la Ley de restitución de tierra que busca que los campesinos desplazados o despojados de sus tierras, regresen y exploten sus parcelas en beneficio de sus familias, radicalmente diferente a su famoso agro ingreso seguro que benefició a personas con capacidad económica y le arrebató esa posibilidad a los más necesitados.

El presidente Santos, desde el inicio de su presidencia, decidió restablecer las relaciones con Venezuela y Ecuador, ya que entendió que para solucionar los problemas de droga, contrabando, terrorismo o inseguridad, se requería el acompañamiento y apoyo de los vecinos y no bajo la agresión, insolencia o bravuconadas como las mantenía el expresidente Uribe.

La reforma de equilibrio de poderes, donde el actual gobierno pretende acabar la reelección presidencial y la concentración de poder, contraposición al pensamiento uribista quien cree necesario mantenerla y en una eventual recuperación de la presidencia garantizar el regreso del senador Uribe a la presidencia bajo un congreso de bolsillo cercenando la constitución.

Así mismo el proceso de paz, bandera del presidente Santos quién se la ha jugado indeclinablemente por la construcción de una Colombia en Paz, bajo la armonía y reconciliación, pero ha encontrado la oposición del Centro Democrático quienes pretenden que en una negociación el gobierno y el país no cede algunas concesiones para lograr un acuerdo verdadero, duradero y firme.

Pero como dije en un principio estamos en Navidad y Fin de Año, fecha mágica, para disfrutar, por eso invito a todos los Colombianos, olvidarnos de los Uribe, Santos, Zuluaga, las Paloma Valencia o la Cabal, para dedicarnos a practicar la generosidad, humildad, solidaridad, reconciliación y amor, para que el 2.015 sea un año lleno de Bendiciones, Prosperidad y Progreso.

 

Diógenes Armando Pino Sanjur

Tamalamequeando
Diógenes Armando Pino Sanjur

Diógenes Armando Pino Sanjur, más conocido como May Francisco, nació el 24 de junio de 1976 en un pueblo mágico lleno de historia, cultura y leyendas situado en la margen derecha del Río Magdalena llamado Tamalameque. Hijo de los docentes Diógenes Armando Pino Ávila y Petrona Sanjur De Pino, tiene 2 hijos, May Francisco y Diógenes Miguel, los cuales son su gran amor, alegría, motor y mayor orgullo. Abogado de Profesión, despertó su interés con la escritura de su padre quien es escritor e historiador, se declara un enamorado de su pueblo, de su cultura (la tambora) y apasionado por la política como arte de servir.

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