Martes, 22 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

Recientemente ha sido publicada en esta columna el artículo titulado “¿Latinoamericanos o Latinos?en el que reflexionábamos sobre la construcción de una identidad donde se funden lo local y lo global y se utiliza para identificar fuera del continente a los latinoamericanos con independencia de su país de origen.

En el presente artículo ahondamos en el tema analizando las consecuencias identitarias de la realidad económica y social de la emigración, la cual ha sido una constante en la historia reciente de la región.

Como dice Jaime Pastor (Los movimientos sociales), la globalización es un proceso selectivo, jerárquico y excluyente que se manifiesta tanto en ámbito planetario como en el interior de los núcleos de población. Una consecuencia de ello es la emigración: grandes contingentes de trabajadores y trabajadoras se ven obligados a abandonar sus países de origen para buscar trabajo en otros lugares del planeta al haberse globalizado el mercado de trabajo.

En el caso de Latinoamérica, la elección de España como país de destino viene determinada por unos lazos históricos y sociales previos. Además del idioma común, Latinoamérica fue uno de los principales destinos de la emigración española durante tres cuartas partes del siglo anterior, lo que llevó a establecer lazos mutuos -en muchos casos familiares- entre ambas orillas del atlántico. De la misma forma, España se convierte en un país atractivo como destino debido a su desarrollo económico y los profundos cambios socio-políticos acaecidos en su historia reciente. No sólo se buscaron aquí mejores condiciones económicas, si no también sociales: bajos índices de violencia, sistema de protección social, educación pública de calidad, etc.

Las redes y lazos sociales de la emigración

Si bien la dinámica que pone en marcha la maquinaria de las migraciones es de índole económica, otras dinámicas diferentes son las que determinan la elección del lugar concreto en el que comenzar una nueva vida: la mayoría de las migraciones se producen dentro de redes sociales transnacionales que vinculan a familias y comunidades a través de grandes distancias.

Como dice Castells (La era de la información) cualesquiera sean las intenciones originales de los emigrantes, los empresarios y los gobiernos, las migraciones suelen conducir a la reagrupación de las familias, a asentamientos y a la formación de nuevos grupos sociales en los países receptores. Estas redes coadyuvan a minimizar el impacto de la adaptación a la nueva realidad y facilitan o al menos hacen más llevadero el proceso de adaptación. De esta manera, el paisaje de las ciudades receptoras está poblando de emigrantes organizados por barrios o sectores en función de su nacionalidad, o al menos su pertenencia regional, por el efecto de estas redes.

Así, en una ciudad española podemos encontrar un sector o barrio –incluso unas calles concretas– donde predominan los ciudadanos de origen colombiano; otro –o simplemente algunas calles más abajo- de bolivianos; por otro lado dominicanos, etc.  Esta zonificación se construye en la mayoría de los casos por el “efecto llamada” que parte de nacionales del mismo origen y quieren agruparse; otras, un negocio abierto por alguno de ellos que actúa como catalizador de estos agrupamientos.

En muchas ocasiones, este tipo de cadenas se convierten, como afirma Claudia Pedone (Globalización y migraciones internacionales), en elementos tan importantes como los cálculos de bienestar económico a la hora de poner en marcha el proceso migratorio. La autora señala que en numerosas ocasiones, la propia dinámica de las cadenas y redes sigue incrementando los desplazamientos de población, aunque las ventajas laborales en el lugar de destino hayan disminuido considerablemente, supuesto que podía ser comprobado fácilmente al comenzar la crisis económica en España, que supuso una disminución enorme de las posibilidades laborales, si bien el proceso migratorio -aunque en menor medida- continuó.

Hoy en día, el proceso se ha invertido y España ha pasado a ser en un país de salida de emigrantes, con el retorno a sus países de muchos latinoamericanos y latinoamericanas. Como señala Amparo González Ferrer (Retorno y reintegración de los migrantes latinoamericanos en Europa) el retorno puede ser vivido como fracaso, al no verse cumplidas sus expectativas iniciales;  como cumplimiento del plan migratorio, pues en los planes iniciales el retorno estaba previsto, o simplemente como respuesta adaptativa. Dependiendo cual sea uno u otro, la mella en la personalidad será diferente, si bien algún tipo de huella dejará en la personalidad del emigrante y al tratarse de un importante colectivo, estas huellas será perceptibles a largo plazo en la identidad de la región.

El paisaje de la inmigración      

La globalización ha creado una nueva bipolarización. Ya no se trata de un mundo dividido entre bloque capitalista y bloque socialista, sino simplemente un mundo dividido entre ricos y pobres; bipolarización que se evidencia en la distinción entre países y regiones ricas y pobres, así como en el seno de las poblaciones entre barrios ricos y pobres; estando éstos ocupados en un número considerable por población de origen inmigrante donde las situaciones de marginalización y los conflictos sociales tienen un importante caldo de cultivo.

Con independencia de la mayor o menor virulencia de dichos conflictos, también se da una situación que pone en entredicho el propio Estado de Derecho: el sufragio universal está condicionado por la posesión de la nacionalidad -España tiene acuerdos de reciprocidad únicamente en las elecciones municipales- y ello da lugar a que en los regímenes democráticos representativos, un importante contingente de personas quede excluido de la representación democrática; es decir, quedan fuera del sistema dependiendo de la “buena voluntad” de los políticos para ver cumplidas sus demandas. Dicho de otra forma, los inmigrantes son concebidos por el sistema democrático como ciudadanos de segunda.

Nos encontramos aquí con el doble discurso de la ciudadanía: Igualdad de derechos versus desigualdad real, que se manifestaría en desigualad de acceso al puesto de trabajo; de acceso al status de ciudadano; de acceso a los papeles; de acceso al sufragio, y un larguísimo etc.

Globalización emigración y crisis identitaria

En sus lugares de origen, los migrantes construyen representaciones sobre los diferentes lugares de destino, sus potencialidades laborales, las ventajas que estos ofrecen, y las relaciones sociales en ellos. El problema es que dichas representaciones con frecuencia entran en conflicto con la realidad de aquel lugar. Como dice Canclini (Latinoamericanos, buscando un lugar en este siglo), del lado de los países expulsores de mano de obra, el proceso migratorio se ve como desarraigo y pérdida, pero también como un deseo casi natural que, al ser realizado, se califica de logro.

Los inmigrantes adultos hablan del sentimiento de desarraigo con respecto a sus orígenes utilizando como justificación de su proceso migratorio, frases similares a: en mi país no se puede vivir. Por su parte los niños y adolescentes pueden tener un sentimiento de desarraigo incluso más fuerte que los adultos. Su recuerdo de la realidad en la que vivían se encuentra mediatizado por el tiempo transcurrido y el olvido de situaciones menos agradables; haberse sentido en su país originario arropados y protegidos por familiares y amigos de una manera más fuerte que en el país de destino; el choque entre las expectativas propias o creadas por sus familiares y entorno con respecto al país de destino y la realidad en el mismo, que les lleva a valorar más lo que dejaron.

Es frecuente que, a modo de mecanismo de compensación por parte de sus familias, se acuda el consumismo con frases similares a esto no lo podrías tener allí. Sin embargo, este consumismo supone una reducción de los recursos económicos de por sí bastante mermados y así el,  sentimiento de disonancia entre la realidad y las expectativas se refuerza.

En resumen, podemos afirmar que, resultado de la globalización y movimientos de capitales y personas que ha traído aparejada, en estos tiempos podemos hablar de dos Latinoaméricas que luchan por mantener su identidad: una Latinoamérica Continental sobre la que  hemos reflexionado a lo largo de esta columna y una Latinoamérica desterritorializada:una Latinoamérica Exterior cuya identidad se encuentra totalmente mediatizada por las características de la fuerza que la creó, como es la dinámica de los mercados, pero que lucha por mantenerse y resistir los embistes de la uniformización que el pensamiento único persigue, en muchos casos mediante la creación de identidades artificiales, como la referida identidad latina.

 

Dr. Antonio Ureña García

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Contrapunteo cultural
Antonio Ureña García

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

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