Lunes, 24 de jul de 2017
Valledupar, Colombia.

Giovanni Quessep / Foto: Unicauca.edu.co

Ganador del recién creado Premio Mundial de Poesía René Char, el poeta  colombiano Giovanni Quessep se refiere a algunos aspectos de su obra, su interés por la poesía y la importancia que ha tenido la lectura a lo largo de su reconocida trayectoria en el mundo de las letras.

''Este es un premio muy importante y lo recibo con mucho agrado; se trata de un libro que acabo de publicar y que es una antología personal con más de 200 poemas que editó la Universidad del Cauca como un homenaje'', afirmó el poeta tras conocer la noticia del Premio otorgado a su obra Antología personal que edita la Universidad del Cauca.

Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad Javeriana, Giovanni Quessep (San Onofre, Sucre, 1939), realizó luego estudios de literatura italiana y latinoamericana en la Universidad de Florencia. En la actualidad se desempeña como catedrático de Literatura en la Universidad del Cauca, institución que le otorgó el título de Doctor Honoris Causa en Filosofía y Letras en 1992.

Autor de obras como Después del paraíso (1961), Madrigales de vida y muerte (1978) o Hojas de la sibila (2006), el poeta mostró en esta entrevista la importancia de la lectura en la formación de un escritor y de todo ser humano.  

¿Bajo qué criterios realizó esta antología?

Los criterios no fueron muy claros en la medida que yo escribo cada vez que siento la necesidad de hacerlo. Hay quienes se proponen escribir un libro bajo determinados parámetros, pero yo lo hago de memoria y nunca me he sentado a escribir un poema.

Cuando considero que he terminado, transcribo al papel, pero nunca con la intención de que haga parte de un libro de poemas. Una vez tengo un número de poemas determinado los reúno y publico. Sin embargo, por alguna razón, que para mí es un misterio, el libro siempre conserva uno o varios elementos alrededor de los cuales giran los poemas.

¿Podría dar un ejemplo?

Digamos que hay un sol que irradia en distintas direcciones: ese sol es el libro y los poemas vendrían a ser sus rayos. El poema se va haciendo por dentro a partir de una serie de experiencias personales que pueden ser de ahora o de mi infancia –cuyas particulares circunstancias obviamente han ido cambiando y se han enriquecido a través de los años–.

Hay también elementos relacionados con el amor, el dolor y la muerte, que para el caso de mis poemas es vista sin ningún temor y en la que siempre está presente una sensación de tranquilidad.

¿A qué época se remonta su interés por la poesía?

Yo empecé a escribir a los 14 años de edad, y aunque se trata de versos que están en el olvido y ya no existen, hacen parte de un recorrido en procura de hacerme poeta, porque cada vez que se escribe uno va adquiriendo una voz.

Cuando se llega a esa instancia en la que siguen presentes ciertas influencias de las que ningún escritor de novela o poesía logra librarse, los poemas comienzan a salir como si se tratase de un manantial que va brotando de manera continua y que al secarse determina que uno deje de escribir.

¿Recuerda cuáles fueron esas primeras influencias?

Cuando estudiaba Bachillerato en el Instituto Nacional Simón Araújo de Sincelejo, el profesor Panesso Robledo nos hacía leer mucha poesía del Siglo de Oro español: Garcilaso de la Vega, Quevedo, Góngora, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Calderón de la Barca y Lope de Vega, entre otros. Con eso empecé a formarme.

Después vinieron otros poetas: Rubén Darío, por ejemplo, que para mi gusto es el mejor poeta que ha dado la lengua española desde la muerte de Calderón de la Barca hasta el día de hoy.

Luego vendría Pablo Neruda y otros como César Vallejo. Borges mismo reconoció, al final de su vida, que pese a haberlo combatido tanto, todos los poetas le debían algo a Rubén Darío, incluso Antonio Machado, quien por fortuna logró tomar distancia de ese lenguaje tan poderoso.

¿Alcanzó a ser víctima de ese tipo de influencia?

Si quien escribe se deja atrapar por ese lenguaje de una manera total, se hunde definitivamente, porque queda como alguien que se limita a imitar la forma de escribir que tuvieron, por ejemplo, Lorca, o Juan Ramón Jiménez, o Antonio Machado, o el mismo Rubén Darío con quienes uno sin embargo se forma.

Puede que yo mismo tenga influencias de muchos de ellos, pero mientras haya logrado una voz personal eso no quiere decir nada, porque se ha encontrado un tipo de lenguaje que resulta inconfundible y es a lo que siempre he querido llegar.

¿Dónde surgió su interés por la literatura en general?

Recuerdo que en mi casa mi madre y mis tíos sabían de memoria muchos poemas que yo solía escuchar y que además también sabía, de tal suerte que los terminaba recitando en público.

Además recuerdo haber leído muchos cuentos. Mire, mis libros fundamentales fueron dos: La divina comedia que me regaló un profesor cuando cursaba primero de Bachillerato en el colegio San Pedro Claver de Cartagena y Las mil y una noches que ya había leído mucho antes, porque como soy de ascendencia libanesa se trataba de un libro que leían todos en la familia.

Algo que tampoco puedo dejar de mencionar son los cuentos de hadas, cuyas historias suele menospreciar la gente como algo que no vale la pena, pero que al leer autores como Andersen o los Hermanos Grimm uno observa que realmente contribuyen a la formación del lector y el escritor.

¿Qué está leyendo?

Yo leo mucha novela y algunos libros de poemas. Soy un lector de todos los días desde que amanece, porque considero que uno nunca debe dejar de leer: ahí está el fundamento de cualquier creación, en la lectura, y no solo de poesía, porque los poetas también debemos leer prosa. Hoy en día está muy presente Gabriel García Márquez, por ejemplo.

¿Y poetas?

Hay un poeta de la Colonia que está totalmente olvidado: Hernando Domínguez Camargo, quien tiene un carácter gongorista; está también el gran poeta romántico colombiano José Asunción Silva, y Rafael Pombo, quien además de sus grandes obras infantiles también escribió poemas como Noche de diciembre La hora de las tinieblasElvira Tracy, en fin. A partir del grupo Mito vienen luego Eduardo Cote Lamus, Jorge Gaitán Durán, Héctor Rojas Erazo y Álvaro Mutis.

Está también Aurelio Arturo, quien me guió mucho y además me aconsejaba leer los poetas ingleses, porque a su juicio en esa tradición estaban los mejores poetas del mundo. Se trataba de un hombre muy culto, pero de pocas palabras, con quien solíamos reunirnos en la Cafetería Colonial o en el Café La Romana.

¿Cuál es la importancia de la lectura?

La persona que lee pero no necesariamente quiere ser escritor, va formando su espíritu con las lecturas, sean ellas poemas o novelas, de manera que cualquiera debe leer para poder tener una formación integral.

¿Lee con sus nietos?

Tengo una buena biblioteca y les presto mis libros para que mi señora les lea en las noches, la mayor tiene 12 años y el nieto 6.

El Ministerio de Cultura viene adelantando varias estrategias en procura de fomentar el interés por la lectura en todo el país. ¿Cuál es la importancia de este tipo de acciones?

Cuando se comienza a leer a una edad temprana, el alma no está contaminada y lo que llega a través de la lectura suele hacerlo con una gran transparencia. Ahora, si la persona que escribe tiene la suerte de que en su familia hubiera una tradición de lectura y escritura pues mucho mejor, porque seguramente habrá escuchado a sus padres contar todas estas historias.

Si un niño cuenta con la suerte de que sus padres o los adultos mayores que lo rodean le cuenten cuentos, le reciten poemas o le relaten historias en voz alta ¡Maravilloso! Porque esa es, pienso yo, la formación ideal para cualquier niño.

Este año habrá una nueva versión del Premio Nacional de Poesía. ¿Cuál es la importancia de poder contar con este tipo de estímulos?

Quisiera aclarar que el escritor –sea de cuento, o novela, o poesía- no debe estar pensando en concursos o premios cuando escribe. Yo no lo hago; incluso esta vez me presenté por consejo del editor, pero infortunadamente muchos suelen hacerlo.

Si se tiene una obra, eso ya es distinto, aunque siempre se debe tener en cuenta la posibilidad de no ganar.

¿Cuál es su opinión con relación a los talleres literarios?

Aunque creo que el escritor no se forma en un taller –puesto que escribir es algo eminentemente personal y considero que nadie le podrá enseñar a escribir a uno-, si creo que allí se pueden mejorar ciertos aspectos de la escritura, pero eso es otra cosa, de manera que dependiendo de los talleres y de quién se encuentre a cargo de ellos, podrán ser buenos o malos.

En Bogotá, por ejemplo está el taller de Isaías Peña Gutiérrez, quien es una persona muy preparada y gracias a la cual Colombia tuvo la suerte de que viniera un escritor como J.M. Coetzee, a quien me hubiera encantado haber podido escuchar, aparte de Philip Roth, quien a mi juicio –y en ello también coincidieron García Márquez o Nadine Gordimer-, es un magnifico escritor.

Colombia es un país que en la actualidad vive un proceso de paz, ¿cuál cree que debe ser el papel del artista en un escenario como el nuestro?

Ojalá todo lo que tenga que ver con la resolución del conflicto se desarrolle de la mejor manera para Colombia, pero yo no hablo ni escribo sobre este tipo de temas. Nunca se podrá encontrar en toda mi obra poética una alusión a temas de carácter político.

Ahora bien, no voy a negar que exista un tipo de poesía de este tipo: ahí está Pablo Neruda, ¿o acaso el Canto General no es una de las grandes obras que se han escrito en lengua española? Está también Miguel Hernández y algunos de sus grandes poemas.

El mismo Rubén Darío escribió este tipo de poemas, pero mi temperamento es muy distinto y aunque alguna vez escribí una par de poemas de corte político –por allá en la época de Rojas Pinilla- prefiero no decir cómo se llaman o dónde se publicaron.

 

Juan Carlos Millán Guzmán

Periodista 

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