Martes, 22 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

Carlos Fuentes / Foto: EmolEl pasado quince mayo me dieron la noticia a la hora del almuerzo de tu partida, fue una impresión muy especial, había visto la noche anterior una entrevista que te hicieron en Buenos Aires luciendo   como  siempre,  fresco,  animoso,  encantador como te califican muchos críticos y que avalan las lectoras y escritoras femeninas.

Siempre fuiste un buen amigo, porque hacía míos tus comentarios,  mi guía, un ejemplo muy difícil de seguir  y alguna vez en una de tus comentadas conferencias tuve la oportunidad de expresártelo, atento siempre recibiste la admiración con esa clase tan especial  tan tuya.

Nacido en Panamá por esas circunstancias de la vida, debido al trabajo de tu padre siempre fuiste mexicano, un mexicano orgulloso de su raza, pero siempre crítico,  especialmente a esa clase política que tan bien conocías y a la que nunca quisiste participar, porque decías que la política la necesitabas vivir y solo manteniéndote al margen podrías criticarla y vivirla.

Tuviste los mejores reconocimientos como el  Premio Rómulo Gallegos en 1977, el Premio Cervantes en 1987, el Príncipe de Asturias en 1994 y muchos más,  hacía solo algunos días habías tenido un reconocimiento en España, el Nobel nunca te lo quisieron adjudicar, pero era algo que te tenía sin cuidado, tuviste el reconocimiento de miles de lectores en esa América que tanto conocías y tanto amabas.

Entre 1974 y 1977 regresaste al cuerpo diplomático como embajador en París, cargo al que renunciaste en protesta por el nombramiento de Gustavo Díaz Ordaz como embajador de México en España, al que responsabilizabas por los sangrientos acontecimientos de Tlaltelolco el dos de octubre de 1968, movimiento que apoyaste sin condiciones y que tanto nos estimuló en esa época crucial para el país.

No podemos olvidar tu afición por el cine, tus guiones para Las Dos Elenas, Un Alma Pura y el Gallo de Oro que realizaste junto con tu gran amigo, que debe estar muy triste Gabriel García Márquez. De ahí tu gran amistad con Luis Buñuel con el que realizaste varias colaboraciones uniendo sus talentos para disfrute de los amantes del cine, sin olvidar La Cabeza de la hidra y Gringo Viejo que protagonizaron Gregory Peck y Jane Fonda.

Tus conferencias siempre fueron muy concurridas,  recuerdo especialmente el prólogo de la edición conmemorativa de Cien Años de Soledad, organizada por la Real Academia Española en honor de García Márquez a quien definiste como “el quijote americano”.

Carlos Fuentes y su familia / Foto: El informadorMi admiración siempre te siguió, además de tu obra que quedará para siempre, por tu coraje y fortaleza  para  superar  la  tragedia  por  la  desaparición  de  tus  hijos  primero  Carlos  en 1999 y después Natasha en 2005,  la pérdida de un hijo es algo que ningún padre considera, imagino lo que Silvia sufrió y la fuerza que tuvo para darte ánimo a pesar de su dolor.

Tus restos irán a París, esa ciudad que tanto amaste donde se encuentran tus hijos Carlos y Natasha, además te acompañarán Julio Cortázar, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvior y Samuel Beckett, previsor como eras, habías dejado ya una lápida para cuando llegara la ocasión.

La ciudad de México te va a extrañar, esa ciudad que convertiste en un gran personaje literario,  siendo además testigo y cronista de la desembocadura trágica de la revolución mexicana.

Sin lugar a dudas fuiste el embajador mexicano más notable, llevando la voz de otros escritores a todos esos lugares donde viviste y que vivías la máxima de que para ser provechosamente mexicanos deberíamos ser generosamente universales.

Dejas sin concluír, a pesar de dos décadas de investigación, un trabajo sobre la vida de Carlos Pizarro ideólogo del M-19, comentando que no podías cerrarla porque “era demasiado cercana a la realidad y sufría desvíos.  Pizarro, nacido en 1951 hijo de un almirante, abrazó las ideas revolucionarias fundando el movimiento 19 de abril, dejando las armas en 1990 al concretar un histórico proceso de paz. Meses después, siendo candidato a la presidencia por el movimiento político del que era fundador, fue asesinado por un sicario.

Me quedan muchos de tus pensamientos, esas ideas luminosas que sabías regalar a todo el que te leía o te escuchaba, solo quiero mencionar dos que son de mis preferidos:

LA LIBERTAD

“Libertad es búsqueda de libertad. Nunca la alcanzaremos completamente. La muerte nos advertirá que hay límites a toda historia personal. La historia, que perecen y se transforman las instituciones que en un momento dado definen la libertad. Pero entre la vida y la muerte, entre la belleza y el horror del mundo, la búsqueda de libertad nos hace, en toda circunstancia, libres”

SILVIA

“Si todas las mujeres que he querido se resumen en una sola, la única mujer que he querido para siempre las resume a todas las demás. Ellas son las estrellas. Silvia es la galaxia misma. Ella lo contiene todo. La belleza. El placer erótico pero también el simple placer de estar juntos, sentarnos a comer, dormir y despertar, caminar, viajar juntos, compartir amigos, discutir dudas, hacer planes, entender defectos, aceptar errores, amarnos incluso por lo que podría irritarnos o disgustamos en nuestras personalidades y conductas. La alegría de tener hijos. La pena de perderlos. Somos muy distintos físicamente. Ella es delicada, dueña chica, rubia y con unos ojos sensuales que cambian del azul al verde y al gris con las horas. Su aspecto es europeo, pero su piel es mate, con un bello fulgor oriental. Su gusto por la ropa es extremo y me deleita. La quiero porque yo soy el hombre más puntual de la tierra y ella, puntualmente, siempre llega tarde. Es parte de su encanto, hacerse esperar”.

Supongo que tu encuentro con Alfonso Reyes y Octavio Paz será de lo más grato y que juntos seguirán siendo testigos del país que tanto quisieron y del que fueron orgullo.

No necesito decirte que seguirás para siempre en nuestro corazón, ese recuerdo que nos anima a seguir luchando por una patria más ordenada y generosa, que te debe mucho,  esa patria que aspira ser más grande que sus problemas y que diste a conocer al mundo de manera especial.

A Silvia mi reconocimiento, por el aliento que supo darte y que te sostuvo en los días amargos.

Por todo es Carlos, gracias siempre.

EMILIO ENRIQUE

Aquí Entre Nos
Emilio Enrique

Emilio Enrique, escritor mexicano nacido en el Distrito Federal, bajo el signo de Sagitario (diciembre 2) es autor de La Niña del Tepeyac, obra que lo ha dado a conocer en algunos países de Centroamérica y en su país. Radicado actualmente en Colombia, dirige en Valledupar una Fundación que tiene tres grandes objetivos: La Culura, la asistencia al campo colombiano con nuevas técnicas de cultivo y el apoyo a personas con cáncer. Es compositor y músico, área donde ha tenido buenos resultados. Enamorado de Colombia, espera desde este país proyectarse a toda latinoamérica como escritor, tarea a la que está entregado.

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