Miércoles, 28 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

Giovanni Quessep / Foto: El Universal.com.co

 

En la presencia intensa y verdadera de la muerte,

existe la presencia intensa y verdadera del amor [René  Char].

Paradójicamente, muchos construyen destruyendo lo que otros han realizado. Lo difícil para muchos antologistas es no sustituir la visión universal en su trabajo, por la localista, regional o hasta de capilla intimista.

Por ello a muchos excelentes autores caribeños se les ha negado sistemáticamente consagrarse ante el país, por culpa del ingenuo academismo pueblerino exhibido por tantos compiladores que, con el erario de todos, ocultan la obra de primer orden y con calidad unitaria que representa la voz natural del poeta Giovanni Quessep Esguerra (San Onofre, Sucre, 1939), inicia sus escarceos líricos desde niño, y en su grado en la quinta promoción de bachilleres, en 1955, pronuncia en verso larguísimo panegírico en la clausura del año lectivo, en el Instituto Nacional Simón Araújo de Sincelejo.

Merece ser resaltada su obra lírica en los 70, desde las páginas de ECO, y varias revistas de proyección internacional, o en obras  regionales como las de Abel Ávila, Jocé Dániels y otros  investigadores que han hecho acopio riguroso de  obras de sus paisanos apasionados por  la languidez de sus paisajes marinos o el arrullo incesante de dulces palmeras que reciben el beso de móviles espejos de esmeralda.

No podemos olvidar el lúcido ensayo de Piedad Bonnet, Imaginación y Oficio, 2003, descubridora de su hipersensibilidad y temperamento dulce atractivo para las mujeres, quien lo ve como un Quijote sin adarga ni Rocinante, por las solitarias calles payanejas, donde labora en la Universidad del Cauca, Alma Mater que recién le publica Antología Personal, compilación de sus doce libros, para reconocer la labor de hombre dedicado al cultivo de las letras en una época donde impera el consumismo, la barbarie y el más grosero pragmatismo.

Tan emérito claustro universitario ha distinguido a Quessep como Doctor Honoris Causa, por ser ganador del Premio Nacional de Poesía José A. Silva, con su libro Brasa Lunar, 2004, y  haber recibido en este 2015, el Primer Premio Internacional de Poesía René  Char. Todo ello desmiente razones apresuradas para ser desconocido en muchos trabajos sobre la poesía nacional, dándole la espalda a las palabras de Valencia Goelkel: la tradición está muerta en la medida en que está muerto el presente.

Tales monumentos a la ruindad literaria hacia aquellos creadores cuya constante es ejercitarse en  las infinitas posibilidades de las palabras son, grosso modo: Obra en Marcha, 1 y 2, de Cobo Borda; 105 Sonetos, de Landínez C.; Versos Memorables y Lira de Amor de R. Echavarría, quizá por las palabras, no afortunadas, de M. Mercedes Carranza, en Poesía Post-nadaísta, 1984, quien afirma que la obra de Quessep es rechazada pues emplea un lenguaje libresco, siempre correcto, no toma riesgos y es literal en la expresión de los sentimientos. A lo que responde el propio Quessep: “Me alejo de todo estilo de época y de toda moda y no me interesa describir los objetos de la realidad más tangible; creo que todo poema debe ser una metáfora del alma”.

En sus poemas de Alguien se salva por escuchar al ruiseñor, intuimos sus palabras: Digamos  que una tarde /  El ruiseñor  cantó /  Sobre  esta  piedra / Porque al tocarla / El tiempo  no nos hiere /  No todo es tuyo olvido / Algo nos queda / Entre  las ruinas pienso / Que nunca será  polvo / Quien  vio su vuelo / O escuchó  su canto.

Quienes aspiran a sacrificar una noche por pulir un verso deben tener siempre en cuenta las palabras de César Vallejo: El espíritu exige un pesimismo activo y una terrible desesperación creadora. Desde la Universidad de Illinois tomamos del trabajo hecho por J.J. Alstrum: “Un magisterio permanente es el de Quessep merecedor del aprecio ecuménico, pues sus poemas son elaborados con gran esmero, como un tapiz reflexivo con honda indagación acerca del canto para descubrir la esperanza y el temor individual y social, presentes en la subconsciencia colectiva”.

Y sobre todo, estar alertas, sobre todo ahora cuando se estremecen los costillares de la vida nacional por no saber encontrar salida a  más de medio siglo de crisis política y de violencia que liga, tanto al poeta, como al intelectual, con los cambios y los procesos sociales contradictorios que lo rodean. A propósito, mis especiales congratulaciones para el jurista y catedrático, Tito Hernández Caamaño [Rincón hondo, Cesar, 1950] por su obsequio de Pensamiento Latinoamericano”, obra indispensable para el acervo investigativo y cultural en nuestro medio afrocaribeño.

Volviendo al lenguaje poético de Quessep, profundo estudioso de  Dante, Rubén Darío, Neruda, Vallejo, Borges, Dylan Thomas, Baudelaire, Rimbaud, Lezama Lima y María Zambrano, lo vemos desdoblar las fronteras entre realidad y fantasía, historia y leyenda, vigilia y sueño, mundo mágico de ánimo contemplativo tal como el de la infancia en donde el tiempo y el espacio se juntan:

Muerte de Merlín

Entre bosques el reino ha concluido. / No tiene sino puertas con  herrumbre.

 El  sortilegio  era falso, los encantadores  /  Yacen   bajo  el espino   blanco.

Canción y Elegía

Quién moverá  mis  pasos en la arena / Celeste o gris si al reino  desencanta.

El hilo de la muerte o la memoria / Cercano  de la  nada.

Canto del extranjero

Pero hay un caminante en la palabra  /    Ciega canción que  vuela hacia el encanto

Dónde ocultar su voz  para tu cuerpo / Nave volando.

De insomnio

¿La vida  es ilusoria  entonces, / un huerto  miserable

 por  donde  van  la ronda  de las  constelaciones / y el  reposo  nocturno inalcanzable ?

La alondra y los alacranes

Acuérdate muchacha /  Que estás en un lugar de Suramérica /  No  estamos  en  Verona

No sentirás el canto de la alondra /  Los inventos de Shakespeare  /  No  son  para

Mauricio  Babilonia /  Cumple tu historia  suramericana /  Espérame  desnuda  /

Entre  los alacranes / Y olvídate y no olvides / Que el tiempo colecciona  mariposas.

 

Jairo Tapia Tietjen

jtt.stspiritu2outlook.com

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Jairo Tapia Tietjen

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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