Sábado, 25 de feb de 2017
Valledupar, Colombia.

Paulina Vega Dieppa

Un juego de frivolidades queda servido en la amplia mesa de la vanidad, cuando de concursos de belleza se trata. En el país del “Sagrado rostro” según la BBC de Londres, existen 3.794 reinados (Revista Semana 2015-01-30).

Los hay para todos los gustos. Reinado de independencia, del café, la Panela, el Burro, la Majagua Colorá. Es un sueño que ha hecho carrera en cada hogar colombiano, en la psiquis de un alto porcentaje de las niñas en el país.

Es una  fantasía que trastorna sus vidas (algo parecido al sueño de visitar el altar vestido de blanco). Un  reinado abre puertas de acuerdo a su envergadura. Una “niña” con gracia y medidas reglamentarias puede “arreglarse la vida”; suena cruel, pero es así, las participantes van por la corona y esperan que la misma les traiga oro a sus vidas.

De no alcanzar la bendición que trae la gesta, esperan encontrar un industrial, un terrateniente, un comerciante de esmeraldas o un narco que les dé vida de reinas. O el milagro de una agencia que las convierta en “Top Model”, un mánager que las ponga en realitys, telenovelas o en la sección de farándula de un noticiero de televisión, porque para muchas de esas “beldades” al terminar el concurso acaba el sueño, y deben volver a fuerza de no querer, a sus realidades.

Las kamajanas resultan ser las participantes al Concurso Nacional de Belleza, que lidera sin ningún tipo de auditoría, el indestronable Raymundo Ángulo. La reina que alcance el cetro representa al país en el alicaído concurso que lidera Donald Trump: Miss Universos. El mismo que para Colombia en su última versión ganó Paulina Vega Dieppa.

La quillera, afirmó, bajo la embriaguez que producen las copas del triunfo, algo que debería entenderse como ese tipo de respuestas vacías, ilógicas, que dan las candidatas en la etapa decisiva del reinado. “Es más importante que el mundial de fútbol”.

Lo dijo en su primer encuentro con medios internacionales después de obtener el galardón. ¿Realmente lo dijo en serio?, me niego a creerlo. La práctica del fútbol da a los chicos desvalidos del mundo la oportunidad de herir de muerte a la pobreza.

Paulina tal vez se toma en serio el asunto y bien hace, pero que evite llevárselo a pecho, puesto que no recibe reino alguno, recibe premios irrisorios para su majestad de lentejuelas: carteras, cosméticos, perfumes, ropa, un año de vivienda gratuita en el apartamento del magnate en New york (como si no tuviera para pagar una habitación en un cinco estrella de la Gran Manzana) y además recibe doscientos cincuenta mil dólares. 

Uno puede imaginar a Paulina creyéndose el cuento real y tocar las puertas del Palacio de Winsord o el de Oriente. ¿Cuál cree usted que será la reacción de Isabel II, de Felipe VI de España…? ¿La dejarían pasar?

 

Uriel Cassiani 

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