Lunes, 27 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

Desde sus comienzos, se ha vendido la imagen de Internet como un instrumento que dota de poder a quien lo utiliza: poder económico a través de las mercados continuos que operan por las autopistas de la comunicación; poder cultural debido al desarrollo de la “sociedad de la información” o posibilidad de acceso a un número casi ilimitado de fuentes de información; poder social gracias a la capacidad de comunicarse y tener amigos en cualquier rincón del mundo, etc.

La llamada Web 1.0 se basaba en páginas estáticas que se actualizaban con poca frecuencia, donde la interacción con el usuario era mínima. El desarrollo de la Web 2.0 -referida al conjunto de utilidades y servicios de Internet que se sustentan en una base de datos, la cual puede ser modificada por los usuarios- ha supuesto que espectador de contenidos elaborados por otros pueda contribuir de manera activa en la creación y desarrollo de los mismos.

Esta participación activa en la construcción de una vida digital que circula en paralelo a la vida cotidiana ha generado un sentimiento de alegría, de euforia permanente, denominado euforia digital, la cual nos aleja de la realidad o de los condicionamientos de la misma, haciéndonos vivir en una irrealidad en la que no caben los conflictos. Nadie cuelga en una red social una foto en la que se trasmita un aspecto negativo de su vida diaria;  Por el contrario, las cuentas de Facebook, Twitter, Instangran, Tumblr, u otras tantas, están plagadas de imágenes donde únicamente se recogen los aspectos lúdicos, que suelen ser ocupar un pequeño porcentaje del día a día. Este mecanismo de alejamiento de la realidad, difumina lo negativo.

La euforia digital ha cambiado el concepto de ciudadano activo, que ha pasado de persona consciente de los problemas del mundo al de persona conectada con el mundo y por esta misma razón -en un mundo global, en la sociedad de la información- el mundo está convirtiéndose en ese gran desconocido, que se encuentra a este lado de la pantalla y, sin embargo, no le prestamos atención directa. La frase “no tenemos Wi-fi, hablen entre ustedes”, reflejaría en tono humorístico éste, a la vez, aislamiento y conexión con el mundo coherente con el individualismo propio de la sociedad posmoderna, donde el consumo -ya sea de información o de tecnología- es una de sus principales características

Si internet ha calado profundo en nuestras vidas, lógicamente, también ha influido manera  importante en el universo cultural que nos rodea. En primer lugar, internet en general y la web 2.0 han trastocado parámetros y relaciones tradicionales en cuanto a producción, distribución y consumo cultural. Continuando la metáfora acuñada por el filósofo polaco Zygmunt Bauman -quien compara la identidad del hombre actual con una costra volcánica que se endurece, vuelve a fundirse y cambia constantemente de forma, denominándola Modernidad Líquida- la cultura actual, que una gran parte está determinada por los entornos digitales, se encuentra en cambio  permanente y transformación constante, frente a las manifestaciones de etapas anteriores caracterizadas la estabilidad e inalterabilidad. En palabras de Manuel Area-Moreira y Maria Teresa Ribeiro-Pessoa, hemos pasado de una Cultura sólida a una Cultura Líquida.

Pero como hemos manifestado en un artículo aparecido en esta misma columna, el concepto de cultura va más allá de la creación, distribución de consumo de objetos culturales para adentrarse en el sistema  de valores, creencias y formas de constituir mentalmente una sociedad; es decir, en su identidad. Hoy, la penetración de valores y actuaciones coherentes con los mismos, está vinculada a la presencia en Internet que -en palabras de sociólogo Manuel Castell- “no es solamente ni principalmente una tecnología, sino que es una producción cultural”, profundamente insertada en la sociedad.

De igual manera, la Web 2.0 se ha convertido en un medio de comunicación horizontal y global, así como en cierto sentido libre, pues se desarrolla -o al menos ofrece posibilidades para desarrollarse- al margen de los medios tradicionales. El ejemplo de ello sería la propia existencia de esta publicación PanoramaCultural.com.co.

¿Sería explicable sin Internet el desarrollo de éste periódico o de otros tantos nacidos al margen de los medios de comunicación tradicionales que, durante décadas, se han mostrado como hegemónicos constituyendo las únicas fuentes de información con voz propia? La respuesta sería No. Detrás de los medios de comunicación tradicionales, ya sean radio, prensa o televisión se encuentran poderosos holdings empresariales, en cuyos consejos de administración se sientan  banqueros, representantes de las grandes empresas energéticas y un largo etc. que imponen su modo de pensar a la opinión pública, o como dicen Noam Chomsky e Ignacio Ramonet (Cómo nos venden la moto: información, poder y control de medios), “ejercen la  manipulación informativa como medio para obtener y perpetuar el Poder y control sobre la sociedad.

El surgimiento de la prensa electrónica ha posibilitado la aparición de medios alternativos a los anteriores que se comportan como un auténtico contrapoder que puede difundir opiniones alternativas y favorecer opciones distintas y con ello favorecer el debate y el desarrollo social.

Dicho con otras palabras, la aparición de Internet, además de configurarse como un instrumento de poder coherente con la sociedad posmoderna y el pensamiento neoliberal que la sustenta, ha posibilitado que la información, la opinión y con ello la cultura, se haya democratizado. Si bien, como decimos, Internet es un instrumento al servicio del poder económico y financiero, también puede convertirse en una poderosa herramienta al servicio de la democracia; en un contrapoder con identidad propia.

 

Dr. Antonio Ureña 

 

Contrapunteo cultural
Antonio Ureña García

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

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