Sábado, 18 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Antombo Lagangui / Foto: Twitter @Antombo

Su música sabe a zouk, salsa, rumba, reggae, cumbia y vallenatos. Parte de los datos genéticos que contiene su ADN hunden sus raíces en el centro de África, pero otra gran parte es heredada de Rincón Hondo, en el centro del Cesar, Caribe colombiano. Es Antombo Langangui, una cantante en cuya historia se escriben resaltadas las palabras amor, fortaleza y perseverancia, las mismas que la han convertido en una profeta no solo de sus dos tierras, sino de gran parte del mundo, a donde su voz ha llegado.

Amor porque nació de uno muy grande entre un diplomático africano y una chef cesarense que decidieron unir sus vidas y tener hijos a los que amaron hasta que una enfermedad mortal los obligó a ambos a irse, dejándolos huérfanos; fortaleza porque su vida es muestra de ello, al volar sobre las muchas adversidades que se le atravesaron a ella y a sus hermanos; perseverancia porque lo que es hoy es el resultado de su tenacidad, de saber quién era, lo que quería y caminar hacia allá.

Sensibilidad, Baila y Chocolate son algunas referencias con las que esta cantante, que se identifica como africana y afrocesarense, es reconocida en el universo de los géneros urbanos como una de las más destacadas artistas de hip hop en América Latina, voz femenina del grupo Profetas, donde hace dúo don Pablo Fortaleza, un joven oriundo de Puerto Tejada, Cauca, que en el año 2000 llegó a su destino precisamente a hacer honor a su apellido, pues juntos emprendieron el proyecto de hacer música, cuyos resultados hablan por sí solos. Ya Antombo tenía como experiencia musical su canto desde el bachillerato y su paso por una agrupación llamada Panteras Negras.

Es una joven alta, esbelta, de ojos grandes, sonrisa amplia y color de piel que se asemeja a su más reciente éxito: Chocolate. La música ha sido su nicho, su refugio, el medio efectivo en su proceso de resiliencia, tras haber quedado huérfana en un país que si bien era el de su mamá, no era propiamente el suyo y no conocía muy bien, no hablaba bien el español (su idioma nativo era el francés), con fragmentos de su vida en hogares de paso porque las autoridades no entendieron que su hermano Omar, aunque menor de edad, era la mejor guía que los otros podían tener y los separaron por un tiempo; objeto de matoneo en un colegio bogotano y tras vicisitudes.

Antombo Yoryette Langangui Barahona nació en Bangui, en 1984. Sus padres Juan Langangui y Elbadina Barahona se habían conocido en la época en que él fungía como embajador de Gabón en Venezuela y República Centroafricana y ella se desempeñaba cono chef en cruceros. Se casaron; él adoptó los dos hijos que ya tenía la cesarense (Omar y Alba Inés); en Venezuela nació Ossengue y la pareja se  fue a tierra del esposo, donde nació Antombo, que significa ‘Unión en la familia’. En la familia había amor y comodidades, dado el alto cargo de su padre, pero una nube gris los cubrió cuando sus padres recibieron un diagnóstico mortal; Juan permaneció en África y Elbadina regresó con sus cuatro hijos a Colombia; visitaron a su familia en Rincón Hondo y se establecieron en Bogotá, donde sus recursos menguaron a raíz de una estafa de la que fueron víctimas. Más tarde su madre falleció; ya su padre lo había hecho en África. Los solos quedaron solos y comenzó una odisea que hoy es solo un capítulo triste en la admirable vida de esta joven, que pudo sobreponerse y dedicarse a alimentar almas con su arte.

Hoy, Antombo sigue radicada en Bogotá y hace un par de años se lanzó como solista, sin retirarse Profetas. Canta en español, inglés y francés. Es una mujer feliz que vive orgullosa de sus raíces

 

María Ruth Mosquera

@sherowiya

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