Miércoles, 29 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

Bárbara Valbuena / Foto: Milton Ramírez

Graduada como profesora, bailarina de Danza Moderna y Folklórica (Escuela Nacional de Arte, 1978) y Licenciada en Arte Danzario con perfil de Danza Folklórica (Instituto Superior de Arte, 1991), la maestra Bárbara Balbuena es diplomada en Etnología en la Fundación Fernando Ortiz (Universidad de La Habana, 1998). Máster en Arte, mención Danza en 2001 y Doctora en Ciencias sobre Arte en el 2002. 

Ha obtenido en dos ocasiones el Premio Nacional de Investigación del Ministerio de Cultura y del Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello (1997 y 2001), y Mención en este mismo premio en el 1999.

Entre sus principales publicaciones destacan EL íreme abakuá, 1996; Las ceremonias rituales festivas en la regla de ocha, 2003; El casino y la salsa en Cuba, 2003; Apuntes para la enseñanza de las danzas cubanas. Historia y metodología, 2010; Salsa y casino. De la cultura popular tradicional cubana, 2010; y Dancing salsa in cuba. Another look, 2014. Actualmente se desempeña como Coordinadora de la Maestría en Estudios Teóricos de la Danza y Vicepresidenta de la Comisión de Grados Científicos de la Universidad de las Artes de Cuba.

En el marco de la Misión Cuba en Colombia, la maestra Bárbara Balnuena ofrece una serie de talleres sobre su metodología en varias ciudades. Una ocasión única de conocer más de su trayectoria y del mundo de las danzas.  

¿Cómo inició su interés por la danza? 

Cuba se parece mucho a Colombia en el sentido de que la música y la danza son parte de nuestra identidad cultural, así es que –cubana al fin y al cabo-, a mí también siempre me gustó mucho el baile. Mi abuelo era músico y hacía parte de agrupaciones de música tradicional y con él aprendí a bailar danzón. 

En Cuba hay un sistema de enseñanza artística con tres niveles –elemental, medio y Universidad- para cuyo ingreso deben hacerse unos exámenes de ingreso cada año en todas las provincias –yo vengo de Camagüey- y al cumplir 11 años me presenté al curso de danza moderna y folclórica, gracias a un sistema de becas otorgadas por el Ministerio de Cultura de Cuba desde 1975 –año en que se abre la Escuela Nacional de Danza Moderna y Folclórica-, que incluye estudio, albergue y manutención.

Luego paso al nivel medio y me gradúo como bailarina profesora de danza moderna y folclórica en 1978; posteriormente cumplo con un servicio social, de carácter obligatorio, para luego presentar exámenes de ingreso al Instituto Superior de Arte, que funciona desde 1987; allí permanezco estudiando durante un periodo de cuatro años, para luego incorporarme en calidad de profesora, a partir de 1991.

¿Qué motivó su interés por la danza folclórica?

A mí siempre me llamaron la atención las danzas de carácter identitario, porque hay un universo mucho más amplio que exige mucha investigación –disciplina que me apasiona-, y he podido adelantar una serie de estudios de profundización en el conocimiento histórico, metodológico y técnico que me permiten velar por la preservación de los bailes folclóricos y de salón.

 

Producto de este interés ha sido la publicación de cuatro libros, que se suman a mi labor como profesora de técnica de danza moderna y composición.

¿Cuál es la importancia de estas investigaciones alrededor de la danza folclórica?

Yo diría que preservar ese matrimonio entre la danza y la música que se tiende a perder, no solo en Cuba es de vital importancia, porque además tiende a ser un elemento relegado en nuestra cultura latinoamericana –dentro de un contexto cada vez más globalizado-, debido a un concepto subvalorado por su estrecha relación con culturas africanas, indígenas y de carácter popular.

¿Cómo se desarrolla la metodología de trabajo, que para en caso de Cuba ha alcanzado un reconocimiento mundial?

En cada uno de los niveles de la enseñanza artística se gradúan profesores en el nivel medio, así como bailarines, profesores, investigadores coreógrafos y críticos en el nivel profesional, de tal manera que el desarrollo de la metodología de la enseñanza de la danza folclórica comienza a partir del nivel elemental.

Anteriormente estas funciones eran asumidas por profesores de educación física que enseñaban algunos bailes, aunque nunca consideraron, por ejemplo, aquellos de ascendencia africana porque estaban vedados. Vino luego el movimiento de artistas aficionados y las casas de la cultura, que han sido de gran importancia para la comunidad, en la medida que contaban con instructores de arte preparados, que posteriormente completaron su formación en cursos de carácter intensivo.

Cuando comenzó a implementarse el sistema no había una planta de profesores preparada y el país tuvo que apoyarse en la vanguardia artística, que si bien en nuestro caso contaba con la tradición del ballet clásico luego vinieron a apoyar instituciones como Danza Nacional de Cuba y el Conjunto Folclórico Nacional, a partir del trabajo desarrollado por portadores que fueron seleccionados entre las figuras e intérpretes más destacados de nuestra cultura popular, con un método de trabajo a partir de la imitación.

¿Cómo están diseñados los talleres que tiene previsto dictar en Colombia?

Son talleres con una intensidad de siete horas diarias con un carácter teórico – práctico, en el que se hará un particular énfasis en el contenido histórico, porque no vale la pena enseñar una danza –digamos de origen africano-, sin conocer a qué grupo étnico pertenece, su historia o principales características.

Daré clases sobre la conformación de planes de estudio, programas y formas de estructurar una clase, además de abrir un espacio para el diálogo, porque creo que a partir de la experiencia de los profesores y bailarines con quienes tendré la oportunidad de trabajar creo que se podrá hacer un mejor aporte, a partir de necesidades reales.

¿Qué tan viable resulta replicar este modelo en un país como Colombia?

Nuestra experiencia puede servir en la medida que ofrece un punto de partida respecto a aquello que puede ser útil para un país mucho más amplio y diferente, pero que sin embargo también tiene puntos de encuentro en cuanto a la conformación de nuestros pueblos: tenemos culturas africana e hispana -y para el caso de ustedes también la indígena-, cuya mezcla produjo un fenómeno transcultural que es similar en ambos casos, al que se puede aplicar la metodología que hemos desarrollado: programas, planes de estudio y estructura de una clase determinada.

El plan de estudios en Cuba está encaminado a la formación integral de un profesional de la danza en un sentido amplio, y los planes de estudio están concebidos para que incluyan ballet, danza folclórica y danza contemporánea, además de asignaturas teóricas que son básicas: teoría, historia de la danza, kinesiología, didáctica general y metodología para la enseñanza de la danza. Nosotros formamos a un bailarín profesional capaz de desempeñarse con igual solvencia en compañías folclóricas o de variedades, por ejemplo.

¿Qué aportes puede hacer la metodología de las danzas africanas en Cuba en el contexto de Colombia?

Un tipo de danza como ésta, donde intervienen todos los movimientos del torso y del cuerpo, creo que puede servir para mejorar el movimiento del cuerpo en general; se trata de danza con una gran riqueza rítmica que requiere una gran coordinación. Así es pues que su estudio sin duda alguna contribuye a la formación de bailarines y profesores, además de contribuir a que su conocimiento sea mucho más amplio en la esfera de Latinoamérica y el Caribe.

Esa es una de las razones por las cuales las clases de carácter práctico que se realizarán en el marco de mi estancia en Colombia, estarán dedicadas a las danzas de ascendencia africana y bailes de salón como un punto de partida para la enseñanza de la metodología y estructuración de la clase, de tal manera que su enseñanza tenga un carácter más eficiente y coordinado.

Usted es autora de varios libros considerados esencial para entender la historia de la salsa y sus orígenes en el baile de casino, ¿cómo surge este interés?…

La salsa está presente en varios países, no solo de Latinoamérica sino también en Europa o Estados Unidos. Hay academias que se interesan por enseñar cada una de sus vertientes. Para mí es muy importante porque considero que es una responsabilidad de nuestros pueblos que la salsa se enseñe como es y no de una forma desvirtuada, como suele ocurrir algunas veces, por parte de personas con formación empírica sin ningún tipo de formación.

Tener la posibilidad de enseñar la forma correcta de bailar salsa es también una manera de preservar nuestro patrimonio evitando que llegue a desvirtuarse, a partir de una metodología que evite cualquier deformación. Pese a que se trata de un baile en constante desarrollo –al igual que el resto de bailes de salón-, creo que debemos tener un gran respeto sus las raíces y los orígenes populares que constituyen su esencia, en procura de evitar que sea una sola persona quien imponga su parecer respecto a la manera de ejecutarlo. 

¿Cuál es la importancia del baile de salón?

Nosotros tenemos una larga tradición de bailes sociales o de salón que comienza con la Contradanza cubana de origen criollo –baile de pareja en posición cerrada- que data del siglo XVIII, y va hasta el Casino, que es el último eslabón de esa cadena en la que están también aparece la Danza –baile de pareja en posición cerrada-, Danzón, Danzonete, Son tradicional y Son habanero, que dará lugar al Chachacha y el mambo. A su turno la mezcla del Chachacha, el son y el Son urbano –específicamente el habanero-, será el origen del Casino.

¿Cómo se produce ese proceso evolutivo, a través de la música o de la danza?

Ambas, porque música y danza siempre están muy unidas: el bailador en esos salones –en los que no solo participaba la aristocracia- también fueron innovando junto con los músicos, porque ellos –por lo menos en Cuba- siempre están muy atentos a los gustos y preferencias del bailador. Los géneros musicales muchas veces se crean a partir de ese gusto, que a su vez se enriquece de la percusión y de los giros rítmicos y melódicos –o de la improvisación del cantante, para el caso de la salsa-.

Actualmente en Cuba ha introducido en las orquestas el batá -tambor de origen africano yoruba- que al igual que los cantos, permite que el Casino incorpore movimientos que son de origen afrocubano y termina enriqueciendo su improvisación. ¡De ahí la importancia de los cursos sobre este tipo de danza! El bailador lo que hace es recurrir a su memoria kinésica, y mientras más movimientos de danza conozca se enriquece su improvisación.

 

Juan Carlos Millán Guzmán

Periodista | Dirección de artes @Mincultura

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