Jueves, 21 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

¿Cuáles son tus emociones a la hora de comer? ¿Relacionas el buen comer con el equilibrio emocional? ¿Eres consciente de lo que comes?

Todos sabemos que las emociones deben ser canalizadas, y a menudo buscamos la mejoría del estado emocional a través de los alimentos.

A esta tendencia se llama alimentación emocionaly verdaderamente puede considerarse una enfermedad, ya que si bien la comida debe provocarnos placer, no podemos ingerir alimentos todas las veces que estemos cansados, enojados, estresados, tristes o angustiados.

Es fundamental que el momento de la comida nos provoque placer, pero ésta sensación no debe convertirse en un arma para calmar o amortizar todas las emociones que sentimos. Por eso, aprende a controlar tu ingesta de alimentos si en realidad no tienes hambre.

Es evidente que, además de la genética y el entorno, los estados emocionales son una de las causas que afectan nuestra salud, desencadenando trastornos de la alimentación.

1. Cuando sufrimos una tensión mental, nuestro estómago se trastorna y eso complica el proceso de digestión.

2. El segundo elemento que se ve alterado es nuestro apetito. Algunas personas sienten un bloqueo  y es como si tuviesen "un nudo en el estómago" que les impide comer. Otras, por el contrario, sienten la necesidad de comer de forma compulsiva determinados alimentos.

Dependiendo de tu carácter o de tu estado anímico, se puede manifestar la preferencia de ciertos alimentos. De la misma forma, la preferencia o el rechazo de determinados sabores permiten conocer tu estado emocional.

Según la psicóloga transpersonal Montse Bradford, clasificamos los principales sabores y formas de los alimentos de la siguiente forma.

Salado: Los alimentos salados están íntimamente asociados con los deseos compulsivos y la ansiedad. La sal estimula el riñón y la vejiga y su exceso puede afectar al corazón. Algunos miedos podrían tener su origen en una insuficiencia del riñón en términos energéticos, que puede compensarse con alimentación rica en legumbres y cereales. Estos, a su vez, impulsan la fuerza de voluntad.

Dulce: La apetencia por lo dulce está asociada con la preocupación. Moderadamente, el sabor dulce calma la inquietud y el humor excitado, pero también puede llevar a sentimientos de codicia y complacencia, e incluso a la dependencia emocional. En general, lo dulce beneficia energéticamente al bazo y el estómago; si el bazo está débil, esto puede deberse a una insuficiencia de la sangre que repercute en el hígado y el corazón, lo cual lleva a la depresión o la ansiedad.

Picante: Cualquier picante es excitante físico, y estimula las sensaciones corporales. Pero consumido en exceso, irrita. Exactamente lo mismo sucede con las emociones en relación a alimentos de esta característica. También se asocia lo picante con la tristeza, por lo que en dosis moderadas puede compensar un estado melancólico.

Ácido: Por una parte, los sabores ácidos, así como los agrios, agudizan el intelecto y promueven el ingenio. Pero su exceso puede tener un efecto sobre el carácter, tornándolo amargo o provocando resentimientos. Es beneficioso para el hígado y la vesícula. La visión oriental señala que una persona es irascible cuando tiene un exceso del elemento fuego en los citados órganos, por lo cual debe comer alimentos ácidos de naturaleza fresca para compensar ese exceso.

Amargo: El exceso de alimentos de este sabor suele estar asociado con emociones amargas, sensaciones de insatisfacción y frustraciones. Pero en forma moderada beneficia el corazón y el intestino delgado y por lo tanto se asocia con la alegría y el amor. Los chinos dicen que la ansiedad y el insomnio se relacionan con insuficiencia de energía yin en el corazón, para lo cual se recomienda comer frutas y verduras amargas.

La alimentación que va ligada a nuestro estado emocional se asocia frecuentemente a una dieta poco saludable y al desarrollo de patologías como la obesidad. Por lo tanto, debemos controlar la ingesta de alimentos inspirada por nuestro estado de ánimo y para ello, te daré los algunos trucos.

- Lo primero que debes hacer es preguntarte por qué estás abriendo la nevera en ese mismo momento. Si tu respuesta es porque tengo hambre, pregúntate también cuánto tiempo hace que has comido, si estás aburrido, con sueño, enojado, angustiado o preocupado. Si logras encontrar la causa de tu “hambre” en alguna de éstas emociones, ya has dado un gran paso.

- Si descubres que comes porque pretendes calmar tus sentimientos o mejorarlos, debes buscar algunas otras formas de enfrentar las emociones que no sea a través de los alimentos. Por ejemplo: Una de las opciones es ir a caminar o pasear, como manera de relajarse y no intentar comer nuevamente. Otra de las opciones es ir al gimnasio, allí podrás encontrar variedad de actividades que pueden ayudarte a liberar tensiones o reducir el estrés, lo cual puede ser la razón por la que buscas comer algo.

- Si descubres que tienes sueño o estás cansado, intenta dormir una pequeña siesta de 30 minutos, pues a veces recurrimos a un bocado para mantenernos despiertos o sentirnos con más ánimo, pero la causa está en la fatiga o cansancio que sentimos.

- Intenta tomar agua en reemplazo de comer alimentos sólidos, porque con frecuencia tenemos sed y confundimos esta sensación con hambre.

- Desahogarse, desprenderse de las emociones que nos están molestando es otra buena opción. Para ello puedes recurrir a un amigo cercano o bien, escribir lo que sientes en un pequeño diario.

- Por último, es importante para controlar la alimentación emocional, realizar entre 4 y 6 comidas diarias, porque éstas nos ayudarán a reducir el tiempo entre comidas y con éste, la probabilidad de sentir “angustia oral”. Además, será oportuno tener siempre tentempiés saludables a nuestro alcance, de manera de controlar también, la calidad de aquello que comemos, porque cuando nos sentimos ansiosos, solemos recurrir a alimentos ricos en hidratos de carbono simples o grasas.

 

Maira Ropero 

www.mairaropero.com

Bien estar
Maira Ropero

Maira Ropero (Valledupar). Psicóloga de la Pontificia Universidad Javeriana especializada en Psicología Clínica (Universidad Autónoma de Barcelona, España) y Coach de vida. Máster en Programación Neurolingüística y Doctora en hipnosis clínica.

Su columna semanal “Bien estar” ofrece reflexiones para mejorar la salud mental y disfrutar de cada instante. Es un espacio idóneo para el crecimiento personal y el fortalecimiento de un liderazgo inspirador.

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