Jueves, 29 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

Recuerdo cuando a través de la prensa internacional nos informábamos sobre los cruentos enfrentamientos de la guerrilla en Nicaragua, El Salvador y otros países latinoamericanos  en busca de la “democracia”.

En Nicaragua (1979 - 1990), el Frente Sandinista de Liberación Nacional, pone fin al poder dictatorial de los Somoza que en más de 30 años se habían mantenido en el poder, generándose de esta manera un proceso de inestabilidad política que tomaría connotaciones continentales con la intromisión de los Estados Unidos a favor de su aliado que por lo general no eran las razones del pueblo enmarcadas en El Frente Sandinista.

La guerra civil de El Salvador, un enfrentamiento entre el ejército gubernamental en contra de las fuerzas insurgentes del Farabundo Martí, conflicto a mediados de 1980 y 1992. Todo, producto de significativas crisis que en el transcurrir de los tiempos permitió que se alimentaran los resentimientos de algunos intelectuales que no compartían algunos procesos políticos que desde la independencia de España venían socavando la voluntad de un pueblo pasivo y sufrido.

En medio de todos estos procesos de acuerdos y desacuerdos en Centro América se encontraba latente en Colombia las huellas de un conflicto de antaño desprendido de desavenencias entre seguidores de los partidos tradicionales de Colombia y que se fundamentaron en grupos de guerrillas que presumían llegar al poder a través de las armas. Encontrándose con una oligarquía bien organizada y unas Fuerzas militares leales e inteligentes que estaban dispuestos a no doblegar ante los intereses comunistas de llegar al poder. Convirtiéndose el conflicto en uno de los más profundos en occidente y en particular en América, en la cual ya se han adelantado procesos de paz en Nicaragua, El Salvador y Guatemala.

Siempre me ha pululado en la mente una inquietud: ¿Por qué si en América Central se han logrado con beneficios para el pueblo los procesos de paz, aquí en Colombia no? ¿Qué ocurre?; pero siempre encuentro razones de peso, sentadas en tesis políticas y económicas que hasta el momento no han dejado una vía libre a un proceso que logre al menos un desmonte del grupo subversivo Farc, el más beligerante y fuerte en lo  económico. Hoy ese sueño de muchos colombianos parece estar llegando a la realidad, sin dejar de lado otros procesos de pacificación con otros que no son muy fuertes, pero contribuyen a una inestabilidad de un Estado que busca la razón y el derecho a lograr la paz de sus ciudadanos y hacer de Colombia una nación prospera en lo económico, político y social.

Lo triste  es que, en medio de todo, he vislumbrado uno de los hechos por los cuales en Colombia no hemos llegado más prontamente a una muestra significativa del camino a una de las tantas paz anhelada, digo a una de las tantas anheladas, porque aún quedan algunos caminos por recorrer, así como quedaron caminos por recorrer después del proceso de paz con el M- 19. Uno de los hechos que han impedido una paz más pronta son las controversias generadas y conflictos, algunas con muchas razones y otras con el ánimo de torpedear las realidades. Sin desconocer las posturas de las víctimas, quizás una de las discusiones más elocuentes y razonables, porque son quienes han sufrido directamente las inclemencias de una guerra que en muchos caso no era de ellos.

Colombia en un alto porcentaje, sin temor a equivocarme aplaude el proceso liderado por el actual presidente Juan Manuel Santos, es propio pensar que en estos caminos de reconcilio se encontrarán piedras y tramos tortuosos que en ciertos casos son necesarios para lograr equiparar unas bases  solidas con el reconocimiento claro de que es factible convencer ideales honestos y de provecho para una Colombia sufrida en la que prime la equidad y las oportunidades para bien de nuestras futura generaciones. Encomendémonos a Dios para que el diablo saque su mano y reine el principio de la paz.

 

Luis Alcides Aguilar P.

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Luis Alcides Aguilar Pérez

Luis Alcides Aguilar Pérez (Chiriguaná- Cesar). Lic. En Ciencias Sociales de la Universidad del Magdalena. Docente de secundaria. Fiel enamorado del arte de escribir. Publicaciones: La Múcura de Parménides – Compendio de cuentos, poesías y reflexiones, Sueños de libertad – Cuentos, poemas y diez reflexiones.

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