Lunes, 23 de oct de 2017
Valledupar, Colombia.

Con motivo de esta fecha –nos resistimos a utilizar la palabra celebración, pues ¿realmente hay algo que celebrar?– anteriormente publicamos un artículo en PanoramaCultural.com.co donde analizábamos cómo el etnocidio es convertido en Guerra santa y al avasallamiento de indios en un acto de caridad cristiana.

De igual manera, señalábamos cómo se ha “vendido” una visión del descubrimiento cargada de heroísmo y beneficios recíprocos, ignorando la rapiña, la explotación y el holocausto de civilizaciones, iniciada en la fecha que nos ocupa.

Si determinada visión historiográfica intenta encubrir la barbarie de la conquista y la colonia calificándolas eufemísticamente como encuentro de civilizaciones, no es menos cierto que, desde diversas posiciones e intereses, se ha tergiversado la realidad para encubrir o justificar actuaciones políticas y sociales nefastas.

Sin quitar un ápice del espolio sufrido en el “nuevo Mundo”,  es necesario plantear una cuestión: ¿Todo el oro y la plata extraídos en tierras americanas, fue a parar a manos del Imperio Español? La respuesta es no. España fue una mera intermediaria encargada de la tarea sucia de la explotación. El Oro que llegaba a sus costas, era embarcado con destino a diversas plazas europeas.  Como dice Quevedo:

Nace en las indias honrado

Donde el mundo le acompaña.

Viene a morir en España

y es en Génova enterrado.

En Génova; en Flandes; en Augsburgo, etc... Y es que los banqueros más importantes del momento; los Wesler y los Fugger -estos últimos, en palabras de Miguel Zorita Bayón (Breve historia del Siglo de Oro), “los padres del capitalismo moderno”-  están presentes en la historia de la colonia.

Pero si la rapiña -primero de los conquistadores; después de estos banqueros o de los ”recaudadores imperiales” al servicio de los anteriores, como pago de  intereses de las grandísimas deudas contraídas- fue salvaje, la misma no cesó con la independencia

También publicamos en estas mismas páginas un artículo titulado. La globalización comenzó en Latinoamérica en el siglo XVI. Planteábamos allí,cómo el “orden mundial” que en la actualidad estamos viviendo -donde los Estados van cediendo poder a favor de las grandes corporaciones económicas- empieza a perfilarse  durante la colonia. 

“Los nuevos amos del mundo”, como diría Jean Ziegler, comienzan a partir de ese momento a imponer su hegemonía. Desde la presente columna, venimos repitiendo que la situación económica, social y política del subcontinente es consecuencia de actuaciones en estos órdenes, impuestas por los poderes económicos. En este sentido, habría que matizar ciertas opiniones generalizadas en la región: la situación que atraviesa la misma, no es consecuencia directa del enriquecimiento del lmperio Español; si no, por el contrario- de su crisis.  

Como describe Carlos Álvarez Nogal (en Los banqueros de Felipe IV y los metales preciosos americanos), la primera de las bancarrotas del “poderoso” Imperio, que por entonces se denominaba “suspensión de asientos”, se produjo en 1557 con Felipe II, a la que sucederían otras dos en 1577 y en 1597. La primera de ellas será consecuencia de la deuda contraída por su padre, el Emperador Carlos V, por la compra de la corona imperial a un precio de 850.000 florines de oro; una cantidad desorbitada para la época.

Los gastos generados por las campañas contra los turcos, los holandeses o la financiación de la Armada Invencible contra los ingleses, producirán las restantes. Felipe III, tendrá su bancarrota en 1607; pero el récord será batido por Felipe IV, con sus bancarrotas en 1627, 1647, 1652 y 1662. El último monarca de la dinastía, Carlos II también declarará suspensión de pagos en 1666. La llegada de los Borbones con Felipe V, supondrá un cierto saneo en las finanzas, gracias a la reactivación del comercio americano; alejándose el fantasma de la suspensión de pagos hasta la época del Carlos IV.

Las consecuencias en la metrópoli son evidentes: pérdida de población y atraso crónico viciado de superstición, ignorancia y hambre para la mayoría de sus habitantes. Las consecuencias en las colonias, ya las conocemos. Por esos motivos, la frase del tipo “¡Devolvernos el oro!”, carece de sentido pues el oro en los territorios hispanos no hacía sino una “escala técnica” y los españoles no se vieron favorecidos con el mismo.

Mediante los procesos independentistas, el gobierno de los Estados pasa a manos de oligarquía autóctona, de origen criollo. Pero la situación, como hemos referido en artículos anteriores, no hace sino empeorar. La causa: centurias de gobiernos nefastos posicionados de espaldas a la población y evidentemente no la conquista y la colonia. Aún así, no es infrecuente seguir atribuyendo al proceso colonizador, el retraso que se vive en los diferentes países.

Justificar el atraso con los acontecimientos iniciados el 12 de octubre de 1492, es una práctica que se ha desarrollado a ambas orillas del atlántico. Así, el retraso económico y la miseria de la España de los siglos XIX y XX, no es consecuencia de la pérdida de las colonias ni el desmenbramiento del Imperio; de una potencia que en realidad nunca fue. 

Uno de los movimientos más importantes de la literatura española- la denominada “Generación del 98”- es un reflejo artístico de este pensar. La frase de Antonio Machado -“Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora”- o la de Miguel de Unamuno -“¡Me duele España!”- ejemplifican este sentir. ¿Pero, es el mencionado retraso consecuencia de fin de la aventura colonial? Evidentemente, no. Al igual que en la otra orilla, la causa hay que buscarla en la sucesión de malos gobiernos; además de una reforma agraria nunca realizada o en la pérdida del tren de la industrialización, entre otros motivos.

Por las razones expuestas, la fecha del 12 de octubre y por extensión, los acontecimientos de la colonia, no deben ser utilizados como justificación de ninguna situación económica y social.  Por el contrario, y como manifestábamos en el artículo publicado el año anterior con motivo de la efeméride que nos ocupa y al que ya hemos hecho referencia, la “crueldad de la Conquista y la Colonia creó, como reacción, una cultura de la supervivencia que sigue viva hasta hoy. De esta manera, como también dijimos en mencionado artículo, el 12 de octubre debe ser una fecha conmemorativa de una cultura de la resistencia, económica, política y también social, pues a las anteriores abría de sumar la de diversos colectivos -afrodescendientes e indígenas- para mantener su identidad”. 

 

Dr. Antonio Ureña García

PHD en Filosofía y Ciencias de la Educación 

Contrapunteo cultural
Antonio Ureña García

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

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