Lunes, 22 de may de 2017
Valledupar, Colombia.

William Randolph Hearst

Desde temprana edad comprendió que su familia amasaba una gran fortuna y esta le permitía cumplir sus caprichos materiales. A los diez años, durante un viaje por Europa con su madre, le comentó a esta su deseo de vivir en el Castillo Windsor y le pidió que le comprara el Museo del Louvre.

Su padre se sintió decepcionado al saber que su joven hijo se conformaría con manejar un pobre periódico de San Francisco, el cual era de su propiedad. Una mina y un rancho de un millón de acres le fueron ofrecidos, los cuales rechazó, manteniéndose firme en su idea de querer solamente el periódico.

The Examiner, el periódico heredado, en poco tiempo multiplico su circulación llegando a todos los poblados a donde llegaba el tren. El rápido ascenso del periódico se debió principalmente a notas de tipo común, pero sensacionalistas, escandalosas y escabrosas que despertaban morbo entre los lectores. Las fotografías y los dibujos contribuyeron al éxito. A Hearst no le interesaba si una noticia ya había sido publicada o si pertenecía a otro periódico: “Tómenla y háganla nuestra, como si la acabáramos de descubrir, olvídense de lo demás”.

Alguna vez contrató a una mujer para que se “colapsara” en plena calle para ver la reacción de las dependencias gubernamentales y así publicar la atención ofrecida a esta “pobre indigente”. En otra ocasión pidió a uno de sus reporteros aventarse desde un ferry en medio de la bahía de San Francisco para ver cuanto tiempo tardaba en ser “rescatado”.

Hearst diseño un periódico para las mayorías, con contenido dirigido a los pobres, a los inmigrantes y a los trabajadores. Se autoproclamó “El Monarca de los periódicos”.

En 1895, habiendo conquistado el mercado de San Francisco y sus alrededores, Hearst mudó su centro de operaciones a Nueva York, acompañado de una gran fortuna. Fundó el New York Journal. La acción pareció arriesgada, porque en la ciudad existían 14 periódicos, pero Hearst tenía un plan simple y contundente.

Siendo el New York World de Joseph Pullitzer, el principal periódico a la época, Hearst invitó a los editores más importantes de la edición a un almuerzo, y, una vez sentados, dejó caer una gran cantidad de efectivo sobre la mesa y así los compró. De esta manera “mató dos pájaros de un solo tiro”: consiguió un excelente equipo de trabajo y dejó a su principal rival sin él. El dinero habló.

Hubo quien consideró una locura el dinero gastado, pero aunque Nueva York lo catapultaría a nivel mundial, sus propósitos iban más allá de lo comercial, su nueva meta era la política.

En 1897, uno de sus fotógrafos llegó anticipadamente a Cuba para cubrir la guerra entre EEUU y España, al darse cuenta de que la guerra no existía lo contactó para pedir permiso y regresar, la respuesta obtenida fue: “Consígueme unas fotos, del texto me encargo yo”. Hearst intuyó en la situación de Cuba la oportunidad para hacer circular su periódico todos los días, al igual que su rival, Pullitzer, lo hacía.

Algún día en su oficina, Hearst escuchó la historia de Evangelina Cisneros, una rebelde cubana de 17 años encarcelada. La razón de su encarcelación se debía al asesinato de un oficial español, a él, eso no le importó. Convirtió a Evangelina en “La flor de Cuba”, que debía ser salvada.

Hearst visitaba los teatros populares tres veces por semana, donde aprendió la forma correcta de crear un melodrama y fue así como inventó uno, a base de mentiras, siendo Evangelina la protagonista. Durante meses la chica ocupó la portada de su diario, generándole grandes ganancias.

Cuando finalmente EEUU invadió Cuba, el New York Journal publicó 43 ediciones especiales, llegando al millón de ejemplares vendidos al día. Decidió participar activamente en la guerra. Este acto no era muestra de amor por su país, él ambicionaba llegar a la Casa Blanca.

Incursionó en la política apoyando leyes que beneficiarían a los pobres y a los trabajadores con el objetivo de conquistar a las masas. En dos ocasiones fue elegido como congresista. El siguiente paso fue comprar periódicos en todo el país, formando así una cadena informativa que propagaría su opinión.

Pronto, sus posiciones públicas se convirtieron en violentas y en su nómina aparecieron nombres de matones profesionales. En dos ocasiones sus periódicos sugirieron que se debía disparar contra el presidente McKinley, alguien lo hizo, y lo mató. Esto le ocasionó problemas populares, comerciales y políticos.

Su carrera política se vino abajo, perdió en sus candidaturas para alcalde y gobernador de Nueva York. Participó en la carrera para candidato demócrata a la presidencia y no fue nominado. Formó su propio partido, compitió por la presidencia. Y perdió.

En 1915, se enamoró de Marion Davis, una bailarina de A Chorus Line. En ella encontró consuelo a sus fracasos políticos. Hearst tenía 52 años, Marion 18.

Sin divorciarse de su esposa, se mudaron juntos a California, al rancho de su infancia e incursionó en el mundo del cine. Hizo todo lo que su dinero le permitía por convertir a Marion en una estrella del cine. Las notas sobre la chica en sus publicaciones eran permanentes.

Con su fortuna construyó un majestuoso y extravagante imperio en su rancho. Compraba todo aquello que le gustaba, sin importar costo o distancia. Construyó un camino ferroviario hasta su rancho para transportar sus excentricidades. Literalmente, almacenó piezas de arte, llegando a poseer hasta el 25% del mercado del arte. Hizo realidad sus sueños de infancia.

Se convirtió en símbolo de la Gran Depresión, ya que esta afectó considerablemente su riqueza dejándolo prácticamente en la bancarrota. Para la época, sus publicaciones habían perdido todo prestigio y credibilidad, y, por lo tanto, lectores. Para recuperar la popularidad de sus ediciones, se enfocó en publicar curiosidades y chismes de la farándula. Esto le brindó mucho poder en el mundo de Hollywood.

William Randolph Hearst, murió en 1951. El prestigio que alguna vez llegó a poseer en vida, se fue disipando en la medida en que la película que él calumnió por estar basada en su vida: Citizen Kane, comenzó a ser reconocida.

 

Eduardo Pliego 

Artículos relacionados

El fin de un conflicto anacrónico
El fin de un conflicto anacrónico
Tras las innumerables atrocidades que han marcado el siglo XX, se puede decir que...
Un buen periodista nunca olvida una buena obra
Un buen periodista nunca olvida una buena obra
Esta es la historia: Una mujer tenía hospitalizada a su madre. Todos los días la...
Periodismo participativo: ¿Una oportunidad o una amenaza?
Periodismo participativo: ¿Una oportunidad o una amenaza?
Existen tres formas de percibir la información en la sociedad. La primera es que las...
El Churiador, un periódico samario curioso del siglo XIX
El Churiador, un periódico samario curioso del siglo XIX
En medio de un periodismo partidista y panfletario, nace en la Santa Marta del siglo...
Nicho cultural, un punto de encuentro de la identidad colectiva
Nicho cultural, un punto de encuentro de la identidad colectiva
Un domingo de abril de 2013 estuvo al aire por primera vez. El reloj marcó las 10 en...
.::21 de Mayo: Día nacional de afrocolombianidad::.
.::Grupo Bahía - Te Vengo a Cantar::.