Martes, 20 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

 

Entre los elementos que mejor representan la cultura indígena está el poporo. En el Valle de Upar, este instrumento tradicional se ha convertido incluso en un símbolo identitario que aparece con frecuencia  en las pinturas al lado de una mochila.

El poporo tiene esa característica de tener una función práctica y, al mismo tiempo, ser un espejo de la cosmovisión de los pueblos indígenas. Por ese motivo, puede prestarse a malinterpretaciones que desvirtúan las creencias o prácticas indígenas.

En la cultura arhuaca, por ejemplo, el poporo tiene esa función de acompañamiento. Es una herramienta que los hombres reciben a una edad avanzada de la adolescencia para asegurarse de su uso responsable. Es una prueba de madurez.

Inicialmente el poporo se usaba como un recipiente en el que los indígenas echaban cal extraída con un palito mojado con saliva y la mezclaban con la hoja de coca que masticaban continuamente.

De esta manera se lograba extraer los alcaloides: unas substancias contenidas en la planta de coca que actúa sobre el sistema nervioso central y permite distintos efectos euforizantes y anti-depresores.

En las altitudes la planta de coca tiene un efecto parecido al de la morfina (en cantidades menos concentradas, evidentemente.). La coca ayuda a mantener el esfuerzo físico durante mucho más tiempo, limitando el cansancio del organismo y favoreciendo su pronta recuperación.

Pero más allá de su utilidad, el poporo tiene también un significado espiritual y conceptual del mundo. Representa la comunión entre el hombre y la mujer a través del calabozo (que simboliza la mujer) y del palo (el hombre).

El poporo es un elemento importante de la identidad. Al recibirlo, los jóvenes demuestran que son dignos del grupo y que entran en el círculo de los hombres con experiencia.  El poporo –llamado yoburu en la lengua arhuaca– es señal de madurez y responsabilidad, reflexión y conocimiento.

Sin embargo, el poporo no es nada sin la hoja de coca y ése es otro simbolismo del mundo indigena. Todos dependemos de algo. Todos estamos interconectados con otros seres.

El áyu –nombre de la hoja de coca en arhuaco– es una planta sagrada que, según las creencias locales, fue asignada directamente a los indígenas. El áyu existe en formatos y especies distintos. Él que se consume en esta parte de la Sierra no es el mismo que en otras regiones.

Para el mamo (el líder espiritual del grupo), el áyu forma parte del pensamiento y la contemplación. Es un espíritu, un eje estructural. Es un elemento esencial para poder dialogar y comunicar con seres de otras dimensiones.

Los indígenas critican seriamente la producción masiva y la relación comercial del hombre civilizado con la coca. Para ellos, esta planta debería limitarse a ciertos usos especiales o ritos.

Finalmente, queremos destacar el aspecto unitario del poporo. En la Sierra Nevada de Santa Marta, existen cuatro grupos de indígenas con diferentes lenguas y todos ellos comparten un instrumento: el poporo.

 

PanoramaCultural.com.co

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