Jueves, 21 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

Indígenas Wayúu en La Guajira / Foto: Suite101

Ahora viajar puede ser más que una experiencia pasiva. Ser parte de otra cultura, por lo menos en una pequeña medida, compartir formas de ver y vivir la realidad, son las opciones que se encuentran a la mano a través del Etnoturismo.

En Colombia la ley 300 de 1996 lo define de la siguiente manera “Etnoturismo: Es el turismo especializado y dirigido que se realiza en territorios de los grupos étnicos con fines culturales, educación y recreativos que permite conocer los valores culturales, forma de vida, manejo ambiental, costumbres de los grupos étnicos, así como aspectos de su historia.”

Esta nueva opción en la agenda turística le da un valor agregado al hecho de viajar, es una forma de entrar en contacto con una nueva forma cultural, además es un sistema que permite conocer y comprender otras realidades, por lo tanto es un sistema que apunta hacia la tolerancia.

De acuerdo a la OMT, Organización Mundial del Turismo, el turismo indígena se define como “la visita a lugares de procedencia propia y ancestral”. Esta definición encierra en sí misma unas características que luego van a devenir en una forma de turismo más abierta, como es el caso del etnoturismo.

Según el artículo, “¿Etnoturismo o turismo cultural”, publicado en el diario Austral, la corporación chilena, Conadi, Corporación Nacional del Desarrollo Indígena, considera que el turismo indígena pretende promover el valor de la identidad cultural de un pueblo originario, distinguiendo cuatro elementos claves:

1-. “Son los propios indígenas que presentan su identidad cultural a los visitantes”.

2-. “La actividad turística indígena es realizada en su propio territorio, entendiendo como territorio el espacio único que conforman el cielo, el agua y la tierra”.

3-. “Es complementaria a sus actividades agropecuarias y no se transforma en la principal, pero es indudablemente un aporte para su desarrollo económico, social y cultural”

4-. “Permite la revitalización de la cultura y el fortalecimiento de la identidad, a través del encuentro y diálogo intercultural, propiciando una mejor relación entre la sociedad y los pueblos originarios"

Estos elementos, que también están presentes dentro del etnoturismo, basta con mirar la ley 300 antes citada, buscan garantizar el respeto a los pueblos indígenas en el transcurso de este proceso. Entonces, la actividad turística es un añadido que enriquece los sistemas culturales y no debe ser perjudicial para ninguna de las partes.

Es importante tener en cuenta que mientras que el turismo indígena parece guiado hacia un encuentro personal consigo mismo, “la visita a lugares de procedencia propia y ancestral”, el etnoturismo quiere ser un puente entre varias culturas, proveyendo, según el elemento número tres antes citado, un aporte para el desarrollo económico y social de la comunidad, convirtiéndose en una característica que ayuda a un desarrollo auto sostenible de la región.

En Colombia, las opciones de etnoturismo son diversas, un ejemplo que podemos señalar es la visita a los indígenas Wayúu, sumergirse en la cosmovisión de esta comunidad a través de la aridez de la Guajira. Existen varias compañías que se encargan de vender este servicio. Lo mismo para el Amazonas o en otras partes del país.

Con seguridad es una experiencia interesante y enriquecedora, como se ha dicho anteriormente, sin embargo, hay tantos elementos en juego, que se corre el riesgo de perder la perspectiva cultural y sencillamente entregarse a las lógicas del mercado.

Y a pesar de que muchos piensen que esta es una de las características del turismo, en el etnoturismo se arriesga las tradiciones de la cultura nativa. En un informe, del departamento eco-turístico del Amazonas, titulado “Etnoturismo, otro estilo de desarrollo para el departamento del Amazonas” se dice lo siguiente:

“El territorio amazonas es un mito ya creado que no necesita demasiados esfuerzos de venta” Un ligero análisis critico-discursivo nos deja entrever lo cerca que estamos de caer en el error, de interpretar el etnoturismo como mero mercado, justificarlo en una pretendida auto sostenibilidad, y olvidarnos de las riquezas que provee el encuentro entre culturas.

No obstante, sigue siendo una opción interesante, que vale la pena rescatar. Además del Amazonas y la cultura Wayuu, están los Maguare, el refugio Maliiwala también en la Guajira, en otras palabras, toda una oportunidad de conocer y darnos a conocer a través del origen, de las tradiciones y sus bellezas.

 

Javier Zamudio

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