Viernes, 26 de may de 2017
Valledupar, Colombia.

Recorriendo el legado del maestro José Benito Barros Palomino, encontramos esta historia de “La Piragua”.

En la década de 1960, mientras su vida transcurría en Bogotá, entre la cafetería La Sultana y el bar conocido entre los músicos costeños como el “bar de los meaos”, por su fuerte olor a orines, ubicado en la avenida 19, al lado de la emisora Nuevo Mundo, Barros hizo muchas canciones en los géneros que ya conocía al dedillo. Al mismo tiempo, seguían grabándose versiones de sus temas clásicos, tanto los de música costeña como de los demás géneros. 

Entre las versiones internacionales cabe destacar las que realizaron las orquestas venezolanas como la Billy´s Caracas Boys, Los Melódicos y La Tremenda, entre otras. No obstante, el auge de la cumbia mantenía en alerta el talento creativo de Barros, quien estaba detrás de conseguir una marca imborrable en la música popular, tal como la había alcanzado veinte años atrás.

Esa marca llegaría con la cumbia “La Piragua”, que Barros terminó en 1969, después de quince años de tener la idea rondándole la cabeza. Un día mientras estaba en el “bar de los meaos”, Barros recordó a un personaje que había llegado a El Banco cuando él tenía unos seis años, proveniente de Girardot. Tenía un bigote delgado y siempre vestía de blanco. Cuando José tenía como quince años llegó a conocerlo personalmente, y el señor siempre le contaba la historia de cómo había construido su canoa grande:

“Antes de llegar a Girardot”, recuerda Barros, “este señor vivía en Chía Cundinamarca. Tenía en la esquina del parque, la casa más bonita y más valiosa de Chía. La manejaba una niña que parecía un ama de llaves, pero la gente sabía que era moza de él, aunque él lo escondía y la hacía parecer como ama de llaves. 

Además el señor era dueño de dos casas de palma y un potrerito con unas cuantas vacas. A sus 30 años no había conocido el río Magdalena ni los vapores y tenía una rasquiñita por conocerlos. 

Vendió todo menos la casa donde estaba la niña. Preparó el viaje sin la autorización ni el deseo de los amigos, amigas, de la mamá y de la moza. Cuando llegó a La Dorada, quedó extasiado viendo el río, tan ancho, tan caudaloso y se enamoró de él.

(…) A través de un periódico se enteró que había un pueblo pesquero en el río que se llamaba El Banco. Se trasladó a Girardot conoció al dueño de unos vapores y embarcaciones y le insistió que le enseñara a manejar con timones de pie. Así estuvo bajando un tiempo con mercancías cachacas, y cuando subía llevaba bultos de bagre y otras cosas.

“En uno de los viajes de negocios, Guillermo Cubillos, como era su nombre, conoció a una muchacha más joven que él, en uno de esos almacenes grandes, se enamoró y se casaron, y después se fueron para Chimichagua. Una noche se despertó y le dijo a la mujer: ´mija, no he podido dormir pensando en que quiero tener una canoa grande con un timón de pie, de esos que aprendí a manejar, para llevar gente y carga de aquí al El Banco. Una canoa que no le tenga miedo a la Ciénega ni al encuentro de los ríos cesar Y Magdalena´.

“Mandó construir la canoa de 12 metros de largo, con una tolde ovalada de 7 metros para carga y pasajeros. Fue la sensación y todo el mundo llegaba a las playas de Chimichagua a conocerla, pero entonces ya no le llamaban canoa sino la piragua, porque unos trabajadores le habían puesto toscamente, ´La Piragua´. Salió a sus viajes desde la Ciénaga de Zapatosa a El Banco. Eso duró un tiempo largo, nueve, diez o más. Luego vinieron las lanchas con motor, que eran más rápidas y más seguras. 

La Piragua empezó a quedar sola, ahí comenzó a escribir…”:
Me contaron los abuelos que hace tiempo
Navegaba en el Cesar una piragua
Que partía de El Banco, viejo puerto
A las playas de amor en Chimichagua.
Capoteando el vendaval se estremecía
E impasible desafiaba la tormenta,
Y un ejército de estrellas la seguía
Tachonándola de luz y de leyenda
(Coro)
“Era la piragua de Guillermo Cubillos,
Era la piragua, era la piragua”
Doce bogas con la piel color majagua,
Y con ellos el temible Pedro Albundia,
En las noches a los remos le arrancaba
Un melódico crujir de hermosa cumbia
Doce bogas ahora viejos ya no reman
Ya no cruje el maderamen en el agua
Solo quedan los recuerdos en la arena
Donde yace dormitando la piragua.

“Lo hacemos porque su música nos llegó al alma y se quedó en el alma. Lo hacemos porque su río, el Magdalena –que estamos empeñados en recuperar, y vamos a recuperar– es el agua vital de nuestro territorio. Lo hacemos, en fin, para que el pescador, el personaje de siempre de las canciones de Barros, siga hablando con la luna, siga hablando con la playa, para que el pescador sí tenga fortuna y no solo su atarraya”, puntualizó el Presidente de la República.

*La colosal y fecunda obra de José Benito (más de 800 canciones) logró su máximo esplendor con su cumbia “La piragua” que lo llevó a erigirse como baluarte de la expresión musical colombiana. Su enorme sensibilidad y conocimientos lo plasmaron en cada canción donde dejó huellas de la perdurable historia musical de su tierra, El Banco, y consiguió enarbolar sin buscarlo, la categoría de Maestro ante sus coterráneos, Colombia y el mundo.

 

Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

 

Reflector
Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

Gestor cultural y comunicador, Alejandro Gutierrez De Piñeres y Grimaldi expone en su columna “Reflector” anécdotas y sentimientos valiosos acerca de la Cultura Vallenata y el mundo de hoy. Un espacio idóneo para la reflexión y la memoria.

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