Viernes, 17 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

No se hace queso, con la leche derramada”.      

Muy difícil contextualizar la situación actual de la sociedad en el desarrollo dinámico de la política de gobierno, obcecada en efectuar cambios sustanciales a los valores y principios morales y éticos,  hasta ahora asimilados por los ciudadanos como paradigmas del comportamiento.

El  invocado proceso de Paz y toda la parafernalia que se ha montado para involucrar a los ciudadanos en una tesis promulgada por los nefastos actores que poseen amplios conocimientos  técnicos en narcotráfico, crimen o secuestros, más que de filosofía, jurisprudencia o política, no ha dado al colombiano de a pie la satisfacción y complacencia anhelada.

Premonitoriamente habíamos anunciado que sería obligada la reeducación  y aceptación del pueblo a la imperiosa implantación del nuevo régimen que conlleva grandes cambios sociales, con ventaja para la generación actual que no cuestionará los valores añorados, sino que fácilmente asimilarán los antivalores morales de la  traición y la hipocresía como atributos inherentes a la actividad política y social.

Es una situación patética, cuyos insólitos conceptos precisos de la simpatía por un asesino o la percepción de “cara bonita” de un depravado, son fundamentos pedagógicos valuados en la ética y moral comunitaria para aprender a idolatrar a nefastos personajes, exaltarlos como paladines de la justicia social y prebostes de nuestra conducta, el caso de  Castro, Chávez y Maduro, los Correas y Evos  y otros en flor de impiedad diabólica como Tirofijo, Reyes, Cano o El mono JoJoy.

Campeará el criterio de los Derechos Humanos favorablemente para quienes militen en los lares del gobierno y en connivencia con los narcoterroristas, pero ignoto para el opositor, así será cómodo adiestrar al pueblo en los continuos y despiadados atentados jurídicos, sociales y políticos que cometerán a diario con los poderes del Estado y de  paso insertar la indolencia, indiferencia y resignación en el alma de la plebe.

La soberbia de la sociedad insensible e hipopotamizada que ha permitido la polarización de las ideas en torno a caudillos aparecidos desde necesidades creadas al pueblo y creyéndose el cuento que todo aquel que impugne y cuestione al gobierno o sus socios es sencillamente un “uribista”, enemigo de la paz, aprovechando un estigma cuya decadente interpretación como solución forzosa a la inseguridad física confunde en el ambiente el romanticismo con la realidad de lo que se pudo haber hecho y no se hizo,  va llevado al conglomerado a la incertidumbre y desazón cuestionante de si somos locos los de a pie y los otros tienen la razón.

La democracia seriamente amenazada no cambiará su genealogía, seguirá mentándose como la principal particularidad para las gentes en su esencia popular y cuyos paladines asentados en el poder, utilizando la corrupción como elemento rector de la gobernabilidad, orgullosamente invocaran y les hará ver sus máximos patrocinadores. Tendremos férreos defensores demócratas sentados en tronos de barro tiranizando al pueblo y alimentando con mendrugos a sus esbirros y aduladores, razón al final de ser de su zalamería.

Al fin de cuentas, el proceso de paz obedece al interés externo definido por histriones y personajes extraños a la patria, que necesitan vulnerar la democracia colombiana para implantar todo un proyecto social latinoamericano sobre la ruina del neoliberalismo y del mismo capitalismo, que compense a sus regímenes políticos y satisfaga sus economías, hoy  como sanguijuelas adheridas a aquellos países que les ha permitido ilusionarse con el atragantamiento democrático en pro de un fracasado socialismo.

Ya verán que cada día nos parecerán más amables los sanguinarios narcoterroristas.

 

Alfonso Suárez

@SUAREZALFONSO

Aguijón social
Alfonso Suárez Arias

Alfonso Suárez Arias (Charalá, 1956). Abogado en formación (Fundación Universitaria del Área Andina en Valledupar). Suscrito a la investigación y análisis de problemas sociológicos y jurídicos. Sus escritos pretenden generar crítica y análisis en el lector sobre temas muy habituales relacionados con la dinámica social, el entendimiento del Derecho y la participación del individuo en la Política como condicionamiento para el desarrollo integral.

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