Lunes, 24 de jul de 2017
Valledupar, Colombia.

Arnoldo Palacios / Foto: Milton Ramírez

Afectado por una poliomielitis que lo obligó a usar muletas de por vida a partir de los dos años, pero que sin embargo nunca consideró un obstáculo, Arnoldo Palacios (Cértegui, Chocó, 1924 – Bogotá, 2015) fue definido por el también escritor Óscar Collazos como un clásico afroamericano, quien a la edad de 15 años decide trasladarse a Quibdó para proseguir sus estudios en el Colegio Carrasquilla.

“En Cértegui había un librito que se llamaba Lecturas escogidas que pasaba de mano en mano. Ahí comencé a leer, no había más. Tenía las hojas desprendidas, pues lo había leído todo el mundo. Y también leía un periódico, ABC, que llegaba de Quibdó. Mi padre leía mucho, periódicos y revistas”, comentaba el escritor en apartes de una reciente entrevista para la revista Bocas.

“Es muy posible que si la experiencia individual y social de Palacios no hubiera dejado huellas tan profundas, la sensibilidad social del escritor se hubiera orientado hacia el lugar común de entonces: dar cuenta de la violencia política que se vivía en los campos de Colombia”, comentó Collazos sobre Las estrellas son negras en el prólogo que escribiera a propósito de la reedición de la obra por parte del Ministerio de Cultura en 2010, como parte de la Biblioteca de Literatura Afrocolombiana.

En 1943 Arnoldo Palacios viajó becado a Bogotá, ciudad en la que terminará sus estudios en el Externado Nacional Camilo Torres, donde además de granjearse el respeto y admiración del rector José María Restrepo Millán, traba amistad con Jaime Posada, Tito Livio Caldas y Pedro Acosta Borrero, quien recomienda su trabajo en el diario El Liberal para posteriormente vincularse a la revista Sábado, bajo la dirección de Plinio Mendoza Neira.

De vuelta a Quibdó, se dedica a escribir relatos cortos y una obra de teatro sobre Manuel Saturio Valencia, un negro del Chocó, revolucionario y conservador, fusilado en Quibdó en 1907, porque dijeron que iba a incendiar la ciudad. Valencia, era para Palacios, un ejemplo de la lucha por la igualdad para la comunidad afrodescendiente, pero el estreno debió ser cancelado ante el temor de la violenta reacción de los blancos.

Tras terminar Las estrellas son negras la víspera del 9 de abril de 1948 –la obra hubo de ser reescrita en tan solo dos semanas pues quedó reducida a cenizas tras el incendio del Ministerio de Educación, en el transcurso de El Bogotazo-, Palacios viaja a París gracias a una Beca del Congreso para estudiar lenguas clásicas en la Sorbona, que perdería al poco tiempo.

Gracias a la mediación de Manuel Zapata Olivella, los originales de la novela llegan a manos del editor y escritor español Clemente Airó, quien tras la Guerra Civil española había decidido exiliarse en Colombia donde fundó la Editorial Iqueima, cuya edición es acogida con gran entusiasmo por parte de Eduardo Zalamea, escritor y director del suplemento literario de El Espectador, donde Gabriel García Márquez publicó su primer cuento: La tercera resignación.

Una año más tarde, en vísperas de su viaje a Europa, los dos escritores se encuentran por primera y última vez en la ciudad de Cartagena; fruto de esa conversación el futuro Premio Nobel escribe una efusiva columna sobre Palacios publicada por el diario El Universal, uno de cuyos ejemplares le entrega personalmente en el muelle instantes antes de partir rumbo al puerto de Cannes.

En la capital francesa, de acuerdo con Collazos, el escritor leerá las obras de Aimé Césaire, Léopold Sédar Senghor, Jacques Stephen Aléxis, Jaques Roumain y René Depestre, quienes “forjan la Negritud que va a encontrar ya formulada en el París de los años cincuenta, en algunos casos apoyada en la militancia comunista (…) el lugar donde ‘descubre’ las raíces latinoamericanas”.

Afincado en Europa, Palacios visita los países comunistas de la llamada “cortina de hierro” donde pasa un largo periodo de tiempo siempre con la intención de retornar a Francia; su novela es traducida a varios idiomas y años más tarde –a su vuelta a París- entabla una relación amorosa con Beatriz, una aristócrata francesa madre de sus cuatro hijos –Paul, Eloísa, Matías y Leopoldo-, quien además traduce su obra.

Autor de Cuando yo era joven –recopilación de sus escritos periodísticos-, La Selva y la Lluvia y El Duende y la Guitarra, en 1989 publica una autoedición de su autobiografía Buscando mi madrededios. Estas obras constituyen parte de su legado, dedicado a expresar la realidad de los afrocolombianos, recrear su mundo y su cultura, destacando las raíces africanas y su aporte a la diversidad cultural del continente americano. 

 

Juan Carlos Millán Guzmán

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