Miércoles, 13 de dic de 2017
Valledupar, Colombia.

Leandro Díaz

Ya mencionamos que la música vallenata se origina desde el siglo pasado, cuando se expande por las zonas campestres y pequeños pueblos de la Costa caribe colombiana, dedicados a labores agropecuarias, como crónica viva de diversa inspiración popular y textos metafóricos, satíricos, lúdicos, amorosos, eróticos y autobiográficos  y sus reminiscencias se diluyen en otros géneros costeños como los cantos de trabajo, el bullerengue, el chandé y la cumbia.

Apreciemos este  merengue de la profunda  vena  folklórica:

“Tené los motetes listos, / pues nos vamos tempranito; / y si no hay ningún problema, / montamos en mi burrito.

¡Ay! Te gusto y me gustáis, / aquí no hay  más que hablá, / conmigo te váis, / por la madrugá.

La melodía vallenata es  interpretada por los solistas con  tesitura alta a la manera de los antiguos cantos de trabajo y las décimas y en función del texto literario. Invita a una rápida asimilación popular por sus patrones de construcción,  ritmo sincopado, herencia afro-hispánica y de danzas animistas y cantos colectivos, con efectos característicos: acentuaciones multi-rítmicas, retardos y anticipaciones melódicas bien definidas.

Emplea instrumentos como la guitarra, el acordeón de origen europeo, pero con arreglos especiales en su teclado, la guacharaca, de influencia indoamericana, y la caja, tambor de raíz africana, organología que plasma los tres elementos étnicos predominantes en el ámbito cultural de la Costa atlántica colombiana, al cual se le han agregado  recursos tímbricos, rítmicos, melódicos y estilísticos, y otros instrumentos como el contrabajo, tumbadora, cencerro, drums, e instrumentos de viento.

Muchos solistas son suplantados por coro de voces, y se ha instaurado una importante industria musical  y espectáculos masivos desde que este género musical tomó personería autóctona y un auge prioritario en su presencia en fiestas y parrandas en grupos y en forma colectiva en casetas y clubes sociales.

Los estudios muestran diversas generaciones de cultivadores de la música vallenata, siendo la Primera generación, según Tomás Darío Gutiérrez H., los de la Puya, nacidos entre 1840 y 1890, entre los que sobresalen José León Carrillo M., Abrahan Maestre, Francisco Moscote, Luis Pitre, Sebastián Serna, Nolasco Martínez, Rosendo Romero Villarreal, Pedro Nolasco Muñoz, Manuel Medina, y docenas más.

La Puya es la más rápida y dinámica, con textos incisivos y estribillos repetidos, del ancestro africano, con sonidos altos y prolongados como los de la gaita hembra, mientras se desarrolla una intensa actividad rítmica por parte de la caja y la guacharaca, con mucha complejidad y destreza por parte del cajero. Apreciemos esta puya del Tri-Rey  del Festival vallenato (1974-1978-1986), Alfredo Gutiérrez Vital, evento constituido en la máxima expresión colectiva y de rescate  que se celebra en Valledupar:

"Es que yo en el mes de mayo / me presento al Festival /  y tengo  que  demostrar / que en la puya soy buen gallo.

Tengo sangre de la Paz / mezclada con sabanera, / por eso llevo en las venas, / música de aquí y de allá".

En la Segunda generación (1890-1920), la del Merengue, se incluyen Francisco "Chico" Sarmiento,  Octavio "El negro Mendo" Mendoza, Eusebio Ayala Durán, Francisco "Chico" Bolaños, Abel Antonio Villa, a quien se le atribuye la primera grabación en 1944, "Las cosas de las mujeres", también Emiliano Zuleta Baquero, Juan Muñoz Mejía, Antonio Orozco de Codazzi,  Alejo y Nafer Durán, Francisco "Pacho" Rada, Juan Polo Valencia y Lorenzo Morales.

El Merengue superpone ritmos binarios de acuerdo con la tradición afrocaribeña y su herencia  del "muserengue" de Guinea. Muchos manifiestan estampas biográficas, la relación amorosa y el compartir sentimientos de amistad, como lo expresa el merengue del recién desaparecido Calixto Ochoa Campo:

"Todo lo que yo trabajé, / todo es para ti / tú eres quien tiene derecho, / lo que guardo aquí en mi pecho, / todo es para ti /

el amor es lo más grande, / todo es para ti".

Otras muestras representativas son de Pedro Nolasco Martínez, padre de Samuelito:

"Eso se me puso  feo, /  el mundo se oscureció, / cuando  yo le recé el creo, /  fue que se me retiró.

Pedro Nolasco a rezá, / que ahí viene el diablo a tocá, / le rezo  el creo y se va, y un padrenuestro  na'má".

De una piquería  o duelo verbal entre Emiliano Zuleta y "Chico" Bolaño :

“Aquí  ha llegado Emiliano, / y ha llegado como un loco, / con un machetico mocho, /  a matarse  con  Bolaño".

Y de "El Bozal" de Leandro Díaz:

"Ya los músicos de hoy / No quieren grabar merengue. / Dicen que eso no se vende / Para mí eso es un error / 

Yo sí digo lo que son / Sin temor a equivocarme / Lo que pasa es que no saben / Siempre  lo interpretan mal".

La Tercera Generación, la del Paseo y el Son, comprende los llegados al mundo entre 1929 y 1950, donde se destacan Alfredo Gutiérrez, Andrés Landero, Calixto Ochoa, Miguel  López y su Dinastía, Nicolás "Colacho" Mendoza, Guillermo Buitrago, Julio Bovea, César Castro Jerez, Adolfo Pacheco, y la formalización de agrupaciones de la época moderna, a mediados de los años 60's, con las respectivas escuelas de compositores como Rafael Escalona, Tobías Pumarejo, Leandro Díaz, Gustavo Gutiérrez y Felipe Peláez, entre la pléyade de solistas y acordeonistas que han dado impulso internacional a sus interpretaciones.

El Paseo lo conforma un compás binario, con ritmo más rápido que el Son, enlazando debidamente su acorde con agradable sensación para alcanzar una obra sonora con realce de su belleza, y sus aspectos melódico y armónico en su carácter bailable  y sentimientos con temas de la vida del campo, la añoranza, el amor o el elogio personal, como en Abel Antonio Villa:

"Debajo, debajo del higuerón hay dos ramos de claveles, / debes de cuidar tu amor/

si no lo cuidas lo pierdes. / Dice un adagio de amor, / que el que no cela no quiere, / debajo del higuerón, hay dos ramos de claveles".

Un paseo de Luis Núñez C., "La Trampa":

"Yo la vi levantar el vuelo, / pero no la he visto caer. / Yo quedé triste y sin consuelo, / porque  no la pude  coger". 

El Son muestra la influencia de la Cumbia aunque sus cultivadores, en las viejas generaciones, afirman que solo tocaban puyas y merengues. El Son es reposado y con métrica de dos por cuatro, permitiendo el desarrollo de la crónica, donde sobresalen  intérpretes señeros como Abel A. Villa, Sebastián Guerra y Pacho Rada de quien tomamos este Son:

"Noticias buenas,  noticias malas, / llegó el correo  a la población, /

andan diciendo que Pacho Rada  /  se murió  alcohólico  de  ron.

Toca  acordeón, que no sucede,  /  y  delen ron  que no se muere".

En  "La  Vida  y la Muerte" de Calixto Ochoa, apreciamos este aire de Son:

"Por eso mi vida la vivo y la gozo / Con buenas mujeres primero que todo / 

La vida no es nada, pero es muy  bonita / Me siento en la gloria, cuando me enamoro".

 

Jairo Tapia Tietjen

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Jairo Tapia Tietjen

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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