Domingo, 22 de oct de 2017
Valledupar, Colombia.

Leyendo un artículo titulado “Una triste radiografía” de Piedad Bonnett, en el Espectador.com, de fecha noviembre 28 de 2015, afirmo una vez más que la educación en una persona debe ser integral, ése es un precepto universal, es así que la familia o padres del infante son sus primeros maestros.

En cierta forma, el niño o niña, va siendo reflejo de los valores que se les va inculcando desde el hogar en el que se está criando; como postuló, Jean-Jacques Rousseau: “El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”. De hecho, el ser humano es “malo” por educación y no por naturaleza.

Bonnett, en su artículo se refiere a la mala ortografía de los participantes de un concurso anual de cuento, realizado en Colombia, del cual ella fue jurado; dentro de esos participantes se encuentran: niños y jóvenes de la educación primaria, bachillerato y universidad, además hace alusión a que “el  nivel de escritura de los estudiantes colombianos es pésimo. Un verdadero desastre.”

Y en su observación sobre el malestar causado a su impresión continúa diciendo: “Estoy segura de que eso no se debe a carencias intelectuales o de sensibilidad de todos estos muchachos, sino a la mediocridad del sistema educativo. Los organizadores del concurso hacen talleres que intentan cambiar las cosas. Pero sin duda lo que se necesita es un revolcón estructural, que empiece, con urgencia, por capacitar los maestros.”

Y volviendo a lo expresado en el primer párrafo de este escrito, sinceramente no entiendo como nuestra sociedad quiere solucionar todo los males, basándose en la orientación que los docentes o maestros imparten en los colegios o centros educativos, se olvidan del afianzamiento del conocimiento y valores que se hace desde la casa, su primera escuela. Es cierto que en la viña del señor existe de todo; personas aplicadas y desaplicadas, decir “brutos” es un error y es anti pedagógico, el seguimiento tanto a la formación del niño en el hogar, como en la escuela debe ser observado por el padre, y por el docente en el caso que a él le compete, para de esta forma irse corrigiendo los posibles desatinos y no dejarle la carga a la escuela de los malos hábitos adquirido por el niño en su entorno familiar, que en determinados casos influye en su nivel de atención para un buen desarrollo académico.

¿Qué hubiese sucedido si José Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998, en su transcurrir fuese cuestionado funestamente en su ejercicio de escritor con su estilo al escribir complicado en el cual eliminaba toda puntuación, buscando en el lector, que él fuese construyendo el texto? Hoy al encontrarnos con jóvenes con mala ortografía, no es un hallazgo propio de los actuales tiempos, es un problema que viene inmerso en la formación  e interés por escribir y razonar en medio de ello, cuestionándonos respecto al uso correcto de determinada letra para expresar bien lo que se está escribiendo.

Cuantos escritores famosos han tenido que recurrir a correctores de texto para que le den forma y puntuación correcta a sus obras. Con lo cual no quiero justificar la mala ortografía de nuestros estudiantes, si no que la corrección o alcance de orientar muchachos con buen uso de la ortografía es un camino largo que se va despejando, así como se va haciendo realidad el deseo de aprender a leer, cuando el  docente o padre de familia inicia enseñándole al niño los sonidos o vocales para que aprenda a leer, si el crío no hace de esa función un acontecer diario, pues su proceso de iniciarse en la lectura será muy largo por falta de uso.

En Colombia he venido observando que, para solucionar los problemas, entonces a algún senador se le ocurre idearse un proyecto de ley que vaya encaminado a fundamentar una catedra educativa para lograr remediar los desaciertos de la misma sociedad, creen que el único procedimiento es encargarle al docente o maestro los correctivos de una sociedad incorregible y afectada por los vicios, sociales y culturales del medio en el cual nos movemos.

Pensar que la solución a todo está en el sistema educativo colombiano, viéndolo desde la perspectiva de los docentes, olvidándose que es solo un eslabón para lograr metas difíciles en un espacio plagado de valoraciones tendientes a decir que la escuela, sola, con sus docentes es la panacea para lograr la paz o convertir a un niño con pírricos recursos económicos y sociales en un ser totalmente apto para que entienda el maremágnum de ponencias que día a día cada vez más lo confunden, sin antes visionar sus reales necesidades y la constante vulneración de sus derechos, es una idea equivocada.

Es fácil vaticinar la solución a los problemas del país desde perspectivas académicas y  comportamentales, teniendo como referencia a un solo actor como son los docentes, cuando en su largo proceso se hace necesario el acompañamiento de otros actores que permitan a los educandos, ser una persona con valores excelentes, con buena ortografía y una mente despierta y dispuesta a entender la realidad académica de la vida, para su mismo bien. Y no seguir promulgando insinuaciones que tienden a significar y hasta estigmatizar al docente.

 

Luis Alcides Aguilar P.

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Luis Alcides Aguilar Pérez

Luis Alcides Aguilar Pérez (Chiriguaná- Cesar). Lic. En Ciencias Sociales de la Universidad del Magdalena. Docente de secundaria. Fiel enamorado del arte de escribir. Publicaciones: La Múcura de Parménides – Compendio de cuentos, poesías y reflexiones; Sueños de libertad – Cuentos, poemas y diez reflexiones; Chiriguaná. Historia y Cultura. Novela inédita “¡Y la culpa no es de Dios!”

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